En febrero pasado cuando
Cesar Camacho Quiroz realizó una fugaz visita a la capital para reunirse con
líderes y dirigentes de su partido, halago al punto de la adulación a Fernando
Toranzo por encabezar una “excelente administración”.
El presidente del Comité
Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional no reparó en
cortesías por más excesivas que fueran para con el gobernador y pidió a las
fuerzas vivas del partido ponerse a trabajar de lado del “señor gobernador”.
Invitó a los aspirantes a
lograr la candidatura tricolor al gobierno del estado a que “acrecienten sus ganas de ser postulados y cerremos las
filas con el partido” y de nuevo, les
subrayó que había que ponerse de lado del gobernador.
“A cerrar filas con el
gobernador”, fue el mensaje para los aspirantes a la candidatura así como a
militantes, dirigentes de sectores y organizaciones.
El gobernador Toranzo debió
saber desde febrero pasado que el Comité Ejecutivo Nacional del PRI ya lo
estaba haciendo a un lado del laborioso y complejo proceso de elección del
candidato a gobernador. Le endulzaron el oído, pero entre líneas el mensaje era
contundente en el sentido de “mejor hazte a un lado”, déjanos esto a los que sí
saben.
Cuando un gobernante o
dirigente de partido se quiere deshacer de alguien lo apapacha y lo llena de
bendiciones y luego viene la estocada. Así le ocurrió al gobernador.
Pero la estocada vino de una
manera lenta e hiriente y concluyó hasta el nombramiento de Joel Ramírez como
nuevo dirigente del PRI. Lo eligió, lo designó, lo nombró, lo envió o como
quiera que sea, la dirigencia nacional del partido sin consultar para nada al
gobernador, aunque después de todo, no habría por qué hacerlo.
Antes y después de la visita
de Camacho Quiroz a San Luis Potosí en el pasado mes de febrero, en distintas
columnas de la prensa nacional se fueron publicando comentarios hirientes hacia
el gobernador. Hacían ver que el gobernador tenía en un desastre a su
administración y a su estado.
También le echaban en cara
los problemas de inseguridad, la falta de inversiones y que en pocas palabras
encabeza un gobierno tan mal evaluado, que el CEN del PRI tiene encendidos los
focos rojos de alarma rumbo al 2015.
Seguido de ello, el CEN del
PRI empezó a dibujar los escenarios para el año de las elecciones y vio que sin
el gobernador habría más posibilidades de rescatar un estado que por ahora
parece perdido.
Luego, se filtró a la prensa
los resultados de un estudio elaborado por el propio partido en el que el
diagnóstico de San Luis era todo un cataclismo que aventuraba días sombríos por
venir. El partido negó la veracidad del estudio, pero lo curioso es que el
diagnóstico para el priísmo potosino no era otra cosa sino la más clara y dura
de las verdades.
El partido “está muy
debilitado por sus propias pugnas internas, sin estructuras territoriales y sin
apoyo por parte del Gobierno Estatal; el gobernador Fernando Toranzo está muy
mal evaluado en la capital del estado, y distanciado de con la clase política y
empresarial, con dificultades para la conducción de la sucesión”, citaba el
reporte.
Ante ese entorno adverso, se
sugirió que para que el partido gane las elecciones en San Luis Potosí,
“necesita que desde el gobierno federal se motive un acercamiento con la clase
política y empresarial, articular las acciones de gobierno con el partido y
definir bien los perfiles de los candidatos, sobre todo, a diputados federales
y presidentes municipales”.
¿Para qué querría el PRI que
un gobernador mal evaluado e impopular, con un gobierno gris y anodino, fuese
el líder político que dirigiera el proceso de elección de candidato?
La meta del partido y del
presidente Enrique Peña Nieto pasa por lograr la mayoría absoluta en la cámara
baja en 2015. Para tal propósito el partido no quiere sorpresas y todo aquel
gobernador que no sirva para esos fines, adiós.
Al CEN del PRI tampoco le
importa cuántos aspirantes a la candidatura para gobernador existan en el
partido, lo que le importa en lo fundamental es lo que decida el presidente
Peña. Eso lo ha dicho Camacho Quiroz en reiteradas ocasiones: El PRI es el
partido del presidente y el PRI es el partido Peñista. En el PRI las decisiones
las tomará la presidencia.
Así de sencillo, como en los
viejos tiempos, el delegado del Infonavit se va a la dirigencia del PRI puesto
que el partido ha regresado a su estatus de oficina de gobierno.
El último aviso ha sido más
que contundente: por encima de las aspiraciones de cualquiera de los
aspirantes, lo que está primero es el partido. Demagógica frase por demás
amenazante de José Encarnación Alfaro, secretario de Organización del CEN del
PRI, aunque bien mirado, lo que quiso decir es que primero está la voluntad del
presidente, primero del de la república y luego la del jefe del partido.
Envuelto en cualquier
democrático paquete de elección, pero en San Luis Potosí la única forma posible
que viene es la del dedazo. Después del desastre del doctor, no hay otra
alternativa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario