lunes, 1 de septiembre de 2014

El dedazo que se avecina en el PRI

En febrero pasado cuando Cesar Camacho Quiroz realizó una fugaz visita a la capital para reunirse con líderes y dirigentes de su partido, halago al punto de la adulación a Fernando Toranzo por encabezar una “excelente administración”.

El presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional no reparó en cortesías por más excesivas que fueran para con el gobernador y pidió a las fuerzas vivas del partido ponerse a trabajar de lado del “señor gobernador”.

Invitó a los aspirantes a lograr la candidatura tricolor al gobierno del estado  a que “acrecienten  sus ganas de ser postulados y cerremos las filas con el partido” y de nuevo,  les subrayó que había que ponerse de lado del gobernador.

“A cerrar filas con el gobernador”, fue el mensaje para los aspirantes a la candidatura así como a militantes, dirigentes de sectores y organizaciones.

El gobernador Toranzo debió saber desde febrero pasado que el Comité Ejecutivo Nacional del PRI ya lo estaba haciendo a un lado del laborioso y complejo proceso de elección del candidato a gobernador. Le endulzaron el oído, pero entre líneas el mensaje era contundente en el sentido de “mejor hazte a un lado”, déjanos esto a los que sí saben.

Cuando un gobernante o dirigente de partido se quiere deshacer de alguien lo apapacha y lo llena de bendiciones y luego viene la estocada. Así le ocurrió al gobernador.

Pero la estocada vino de una manera lenta e hiriente y concluyó hasta el nombramiento de Joel Ramírez como nuevo dirigente del PRI. Lo eligió, lo designó, lo nombró, lo envió o como quiera que sea, la dirigencia nacional del partido sin consultar para nada al gobernador, aunque después de todo, no habría por qué hacerlo.

Antes y después de la visita de Camacho Quiroz a San Luis Potosí en el pasado mes de febrero, en distintas columnas de la prensa nacional se fueron publicando comentarios hirientes hacia el gobernador. Hacían ver que el gobernador tenía en un desastre a su administración y a su estado.

También le echaban en cara los problemas de inseguridad, la falta de inversiones y que en pocas palabras encabeza un gobierno tan mal evaluado, que el CEN del PRI tiene encendidos los focos rojos de alarma rumbo al 2015.

Seguido de ello, el CEN del PRI empezó a dibujar los escenarios para el año de las elecciones y vio que sin el gobernador habría más posibilidades de rescatar un estado que por ahora parece perdido.

Luego, se filtró a la prensa los resultados de un estudio elaborado por el propio partido en el que el diagnóstico de San Luis era todo un cataclismo que aventuraba días sombríos por venir. El partido negó la veracidad del estudio, pero lo curioso es que el diagnóstico para el priísmo potosino no era otra cosa sino la más clara y dura de las verdades.

El partido “está muy debilitado por sus propias pugnas internas, sin estructuras territoriales y sin apoyo por parte del Gobierno Estatal; el gobernador Fernando Toranzo está muy mal evaluado en la capital del estado, y distanciado de con la clase política y empresarial, con dificultades para la conducción de la sucesión”, citaba el reporte.

Ante ese entorno adverso, se sugirió que para que el partido gane las elecciones en San Luis Potosí, “necesita que desde el gobierno federal se motive un acercamiento con la clase política y empresarial, articular las acciones de gobierno con el partido y definir bien los perfiles de los candidatos, sobre todo, a diputados federales y presidentes municipales”.

¿Para qué querría el PRI que un gobernador mal evaluado e impopular, con un gobierno gris y anodino, fuese el líder político que dirigiera el proceso de elección de candidato?

La meta del partido y del presidente Enrique Peña Nieto pasa por lograr la mayoría absoluta en la cámara baja en 2015. Para tal propósito el partido no quiere sorpresas y todo aquel gobernador que no sirva para esos fines, adiós.

Al CEN del PRI tampoco le importa cuántos aspirantes a la candidatura para gobernador existan en el partido, lo que le importa en lo fundamental es lo que decida el presidente Peña. Eso lo ha dicho Camacho Quiroz en reiteradas ocasiones: El PRI es el partido del presidente y el PRI es el partido Peñista. En el PRI las decisiones las tomará la presidencia.

Así de sencillo, como en los viejos tiempos, el delegado del Infonavit se va a la dirigencia del PRI puesto que el partido ha regresado a su estatus de oficina de gobierno.

El último aviso ha sido más que contundente: por encima de las aspiraciones de cualquiera de los aspirantes, lo que está primero es el partido. Demagógica frase por demás amenazante de José Encarnación Alfaro, secretario de Organización del CEN del PRI, aunque bien mirado, lo que quiso decir es que primero está la voluntad del presidente, primero del de la república y luego la del jefe del partido.


Envuelto en cualquier democrático paquete de elección, pero en San Luis Potosí la única forma posible que viene es la del dedazo. Después del desastre del doctor, no hay otra alternativa.

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