lunes, 30 de marzo de 2015

Rescatar a la ciudad de la impunidad, de la corrupción…de la ineficiencia, de la dejadez

La capital del estado ha sufrido a mares durante los años recientes. Lejos de avanzar, se ha paralizado y en cierto modo, frente al dinamismo de otras ciudades, la nuestra parece ser una ciudad en retroceso.


La corrupción, la indolencia, la ineficiencia, la dejadez, la impunidad, el desorden, la desidia, la omisión, la mentira, la simulación y la arbitrariedad, entre otros tantos males, tienen secuestrada a la ciudad.


Es decepcionante, pero el, presente de la ciudad es el mismo de hace al menos cuatro administraciones públicas del PRI y del PAN. Los problemas de siempre, no solo no se han resuelto sino que se han agudizado. Que caiga una ligera llovizna representa el latente riesgo de inundación en áreas desatendidas de la capital.


Caminar en la penumbra de muchas calles, es también un riesgo, más si uno se topa con elementos de la policía que, se supone, están para proteger a la gente. Avenidas destruidas, con baches y hoyancos; basura por doquier, parques sucios y olvidados.


La ciudad empeñada en crecer gracias al esfuerzo de sus habitantes, se ha visto atada como en camisa de fuerza por la burocracia y los intereses del gobierno municipal con los especuladores del suelo.


Es una gran desilusión, pero si usted amable lector, va de visita a Zacatecas, Querétaro o a cualquier ciudad de Guanajuato o incluso a Aguascalientes, con resignación se podrá convencer de que la capital potosina se está quedando atrás. Lo incomprensible es que en esos ligares hay gobiernos igual que los ha habido en la capital, ya sean del PRI o del PAN.


Eso querría decir que es nuestra clase política la que está fallando groseramente a la hora de gobernar. No solo no lo hacen bien, sino que todo lo vienen a empeorar y, peor aún, en esa actitud irresponsable, se conceden entre sí impunidad.


Para las elecciones de junio próximo, hay nueve candidatos registrados. Nueve buscarán ganar la presidencia municipal. Nueve parecen ser multitud y no un reflejo de diversidad y pluralidad de opciones.


Xavier Azuara Zúñiga, Manuel Lozano Nieto, Ricardo Gallardo Juárez, Joaquín Antonio Muñoz Mendoza, Luz María Lastras Martínez, Gerardo de la Rosa Jourdain, Belinda Badillo Rodríguez y Jaen Castilla Jonguitud son los candidatos a la presidencia municipal.


Nueve candidatos que empiezan campaña por el voto de un electorado capitalino harto de votar cada tres años sin que las promesas que les hicieron se cumplan. Nueve candidatos en campaña para recitar por enésima y cansina vez una problemática citadina que todos nos sabemos de memoria.


Se han registrado nueve candidatos y el reto es mayor, es un reto tan grande que bien visto, ninguno de ellos está como lograr lo urgente: rescatar de la quiebra a un ayuntamiento que ha sido saqueado.


El reto es mayúsculo porque no solo se trata de gobernar desde un ayuntamiento endeudado y debilitado, sino que reclama de acciones concretas que en primer lugar pasan por la necesidad de hacer justicia. Es decir, que paguen los que asaltaron el erario municipal.


Mario García Valdés ha sido un fracaso, una caricatura, un don nadie de quien nadie se acordará sino para causar lástima y mofa. Tuvo la oportunidad de recuperar la credibilidad ciudadana, pero prefirió proteger a Victoria Labastida y  su grupo de pillos; eso nadie se lo perdona.


La ciudad necesita de una autoridad municipal comprometida con la sociedad y no con los partidos, no con el gobernador, no con los grupos económicos de poder. La ciudad necesita de un alcalde o alcaldesa que en su primer acto de gobierno lleve ante la justicia al antecesor. La omisión es también un acto de corrupción.


La capital necesita urgentemente de muchas cosas, de muchas acciones de gobierno, necesita de un liderazgo probo, honesto, capaz, comprometido. Es de dudarse de que entre las nueve opciones esté el presidente municipal que se necesita.


Igual que en la elección de gobernador, en la capital únicamente hay dos opciones políticas con más o menos oportunidad de ganar: el PRI, el PAN. A menos que ocurra un desastre en esos dos partidos, el PRD no tiene cómo ganar la capital.


Las candidatura del resto de partidos como el PES, MORENA, PANAL, MC y PH son pura decoración en un sistema política que una su endeble confianza en una pluralidad falsa. Todos son refritos, todos son reciclaje, su origen está en los partidos que ahora criticas o con los que en otras candidaturas se alían.


Tal vez no exista de otra sino ser pesimista, pero es muy probable que con quien resulte electo presidente municipal, todo vaya a seguir siendo igual. Eso lo ha demostrado la alternancia capitalina desde hace décadas: se van unos y los que llegan o son iguales o resultan peores.


Pobre de la ciudad, dizque la joya de la corona electoral, tan ambicionada por los políticos y tan maltratada por ellos mismos. Pobre ciudad, tan deseada y luego, tan manoseada, tan saqueada y tan violada.


San Luis Potosí,  la capital, hace tanto tiempo que no tiene un buen presidente municipal, hace tanto tiempo que ya es difícil recordar si alguna vez ha tenido un buen alcalde.


Igual que en la elección de gobernador, en la ciudad, de los nueve no se hace uno.


lunes, 23 de marzo de 2015

La ineficiente y dividida campaña a gobernador del PAN

Fernando Toranzo y el Partido Revolucionario Institucional se beneficiaron en 2009 de la profunda división interna del Partido Acción Nacional. El PRI ganó entonces los comicios no por contar con el mejor candidato que a la postre se ha convertido en un mal gobernador, sino porque los panistas de entonces debilitaron a su candidato.

Históricamente, el PRI se ha beneficiado en las urnas de las divisiones fratricidas en los partidos o en las cúpulas de poder o en altas esferas de gobiernos locales. El PRI es un partido que sabe aprovechar los desencuentros de sus adversarios.

Hace unos días, Eugenio Govea Arcos, candidato del Movimiento Ciudadano a gobernador, reconoció con cierto cinismo que en el 2009 apoyó y trabajó políticamente a favor del candidato del PRI, Fernando Toranzo.

En ese entonces, Govea era Senador por el PAN y había sido por ese partido diputado local y también dirigente estatal. Había sido también punta de lanza de Marcelo de los Santos en el PAN y era uno de sus consentidos.

Es historia sabida: Marcelo de los Santos no quería a Alejandro Zapata Perogordo, no lo aceptó como candidato a gobernador e hizo lo que estuvo al alcance de su mano para evitar que llegara a gobernador y lo logró. Impulsó los afanes de poder de Govea que puso a disposición de Fernando Toranzo, no miles de votos, sino el suculento platillo de la venganza contra Zapata.

 Seis años después, Govea como candidato a gobernador ha reconocido que se equivocó al apoyar la candidatura del doctor, pero de lo que más debería arrepentirse es de haber generado tal división en el PAN que eso le costó perder una elección estatal.

Por cierto, Marcelo de los Santos también debería seguir el ejemplo de Govea y hacer una confesión pública acerca de su responsabilidad de que Fernando Toranzo sea gobernador cuando ni el propio doctor se lo esperaba.

Las traiciones son una bajeza pero se disfrutan en el PAN.

Van ya poco más de dos semanas de campaña de los candidatos para gobernador del estado y en el PAN continuar sin entender que divididos como están, la derrota está más que asegurada. No es un cuento chino, es la verdad.

Los jefes del Círculo Azul que comandan Héctor Mendizábal Pérez y Juan Pablo Escobar y que llevan las riendas de la campaña de la candidata Sonia Mendoza Díaz, tardaron dos semanas para que apareciera en la campaña el presidente nacional del partido, Gustavo Madero.

A diferencia de las campañas de otros candidatos, el presidente nacional del PRI y el del PRD acompañaron a Juan Manuel Carreras y Fernando Pérez Espinosa en el registro de sus candidaturas y en algunas actividades de proselitismo. Gustavo Madero, no.

Dos semanas después del inicio de la campaña de Mendoza Díaz, el líder nacional del PAN vino a dar un respaldo tan débil e insuficiente que mejor habría sido que no viniera. En el guión del protocolo y la cortesía política destacó las bondades y cualidades de la candidata, pero luego admitió que San Luis no está entre las entidades donde el PAN tenga la seguridad de ganar.

No solo hubo lentitud para traer a la dirigencia nacional a una campaña de figuras ausentes, sino que incluso se ha llenado tan pronto de tal soberbia que a los grupos ajenos al Circulo Azul simplemente se les ignora. No han pensado en que con el correr e de los días, la división se ensancha más con riesgo de provocar el fracaso público de la campaña de la candidata.

Es decir, no se ha hecho lo necesario para convencer a Zapata Perogordo y a Octavio Pedroza Gaytán para que junto con su gente se unan a la campaña. No ha habido ninguna estrategia de acercamiento en busca del acuerdo político. Todo mundo sabe que están peleados y en la campaña de Mendoza hacen como que eso no es importante.

Incluso, tan errados anda ese equipo, que el sábado el registro de Xavier Azuara como candidato a la presidencia municipal fue utilizado como un presunto acto de apoyo y de unidad en torno a Mendoza Díaz. Intento inútil de engaño a la opinión pública.

Azuara Zúñiga a quien si apoyan todos los panistas y sus cabezas de grupo, ofreció una rueda de prensa para mostrar que todos los liderazgos del partido están con él. Se tomaron la foto con las manos unidas y los brazos en alto, pero esto, en torno a su candidatura.

Esa imagen se utilizó en el equipo de Mendoza Díaz como una muestra de que tales liderazgos están con ella, lo cual,  desafortunadamente para ella y para el PAN, es falso.

La campaña de Mendoza no crece y en cuanto espacio público es posible, Octavio Pedroza recuerda que él no la apoya. También se lo hizo saber a Gustavo Madero, aunque el dirigente nacional sabe bien que en San Luis el PAN es un auténtico desmadre.

Así, mientras la campaña diseñada y orquestada por Juan Pablo Escobar no despierta entusiasmo ni levanta los ánimos de nadie, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revisa la impugnación que contra la candidata presentó Alejandro Zapata.

El PAN está dividido y no hay quien se ocupe de volver a unirlo, hay una especie de sentimiento de resignación de que las cosas no cambiarán. El equipo de la candidata cree con ingenuidad que con todo y división les alcanzará para dar la sorpresa y ganar, pero ese optimismo más bien reservado no les dará para tanto.

Ellos lo saben, pero no lo quieren reconocer. No reconocen que la sospechosa forma de cómo ganó Mendoza la candidatura es el pesado lastre que no la deja avanzar. No se quiere entender que es la candidata de un grupo, si del que controla el partido, pero que eso no le da la fuerza necesaria para aspirar a un feliz siete de junio. Lo saben, pero no quieren entender que no entienden.

Un partido político en campaña, si está dividido, no puede lograr su propósito principal que es el de buscar y lograr el poder público a través del voto. Un partido político en campaña que tiene enfrentados a sus liderazgos, no tiene futuro sino el de la derrota.



jueves, 19 de marzo de 2015

El equipo de campaña de Carreras o un refrito del viejo priismo

Tras la temprana debacle interna del PAN rumbo a los comicios del siete de junio, en las huestes del PRI, no en las trincheras militantes sino en los capelos en que se exhiben “distinguidos” miembros del partido, se ha fortalecido la idea de que el triunfo electoral está a la vuelta de la esquina, de ahí que una horda de priístas se hayan sumado o busquen con ansia acomodo en el equipo de campaña del candidato a gobernador, Juan Manuel Carreras López.


Mientras que la guerra interna en Acción Nacional empieza a causar estragos en la naciente campaña de Sonia Mendoza, damnificada del relevante de apoyo de los grupos de Octavio Pedroza y Alejandro Zapata, en el PRI al candidato le sobran oficiosos que se han ido acercando como una plaga.


Los presuntos aspirantes a la candidatura que hoy es de Carreras, exigieron cabida de algunos de los suyos en lo que ya creen será la campaña ganadora, de modo tal, que en aras de la pregonada y venerada unidad priísta se les dio a cada cual su partecilla del pastel.


Son muchos los que han llegado y con el sello torancista más, pero de éstos destaca por necesidad el caso de Fernando Chávez Méndez. El ex titular de la SEDESORE se ufanaba de que en 2009, puso su camioneta para la campaña del doctor candidato, es más, que de hecho la camioneta quedo inservible tras recorrer la entidad con el futuro gobernador a bordo.


Le dieron la SEDESORE y obviamente, al ser colocado por Toranzo en la campaña de Carreras, le dieron el rango similar, es decir, el de la vinculación social. Es decir, el que decía encabezar el combate contra la pobreza, es hoy el que encabeza el combate a discreción por el voto.


Le acompaña otro priísta de los tiempos de Fernando Silva Nieto, Eduardo García Castillo, que luego de utilizar al INTERAPAS como peldaño político, es ahora parte del equipo de campaña de Carreras.


Claro, ni son los únicos ni los más cercanos, ese papel es de Elías Pecina quien tiene un largo historial como organizador de colonos y juntas de todo tipo en coyunturas electorales. Le acompaña en el mismo tenor, Misael Hernández.


Otro que llama poderosamente la atención es sin duda quien en su momento fue activo promotor del controvertido proyecto de invernaderos de Santa Rita, promovido en la administración Silva.


José Luis Ugalde Montes, apenas recién nombrado secretario de Finanzas del Comité Directivo Estatal del PRI, fue el encargado de equipar los invernaderos para producir a gran escala tomates y pimientos, solo que lo hizo a su modo y sin licitación pública de por medio. El proyecto que tardó años en dar de sí, fue un escándalo que llevó a prisión a empresarios y funcionarios del gobierno de Silva.


No obstante,  se puede decir que Ugalde Montes es el financiero favorito del PRI en las campañas políticas. El proceso electoral en turno no es el único en el que el contador público lleva la caja del dinero electoral, de eso se viene encargando de tiempo atrás, de lo que se colige que Ugalde debe hacer maravillas con los recursos que recibe el tricolor para hacerlos “rendir” y ganar votos.


En los años noventa era el Contador de las campañas a presidentes municipales, diputados y senadores del PRI.


Ahora es secretario de Finanzas del PRI con el encargo de estirar los recursos públicos a un plano de fortuna y luego, de lograr que chequen las cuentas. Eso al parecer lo hace muy bien desde hace algunas décadas cuando en las plazas y calles antes, durante y después de los procesos electorales la queja principal contra el PRI era la de la compra de votos.


Secretario de Finanzas, diputado local y diputado federal, Ugalde Montes pasó también por un cargo menor en la Auditoría Superior de la Federación, lo que confirma que los órganos fiscalizadores nunca han estado vacunados de la intromisión partidista.


También está Ángel Castillo Torres, quien fue pieza fundamental en la campaña del doctor Toranzo en 2009. Entonces el candidato lo admiraba por sus cualidades como intelectual orgánico, pero luego le perdió la confianza, pese a que en campaña era quien comandaba los cuartos de guerra.


El ex  presidente del PRI es un hábil estratega con capacidad para dar lectura inmediata a las acciones políticas del adversario, lo cual le hace figurar en la primera línea del equipo de Carreras.


Hay una crecida de probables oportunistas que al amparo del pretexto de sumarse “voluntariamente” a la campaña, pronto empezarán a engordar el entorno del candidato y de la campaña, eso es natural en el PRI, solo que es muy probable que en breve haya en los eventos de proselitismo más aplaudidores que ciudadanos espontáneos.


Del gobierno saliente de Toranzo es de done hay más intromisiones, pues llegan servidores públicos de mediano nivel que por encargo de su jefe inmediato, hacen presencia para quedar bien con el candidato, lo cual, por cierto, no es algo que le convenga a Carreras.


Son los primeros días de una campaña de noventa días. No todos aguantarán el ritmo, no todos harán lo que les corresponda más allá de estar arrimados, por lo que seguramente, como también es natural, el ahora equipo de campaña en proceso de crecimiento, encontrará su tamaño normal y muchos se tendrán que ir a su casa.


El PRI está en campaña, es el partido en el gobierno y no se reparará en gastos, hay y habrá mucho dinero, es la campaña del partido en el poder, la campaña del candidato del gobernador y del presidente de la república, por eso entre otras razones, hay muchos no invitados rondando al candidato.


Bueno, ya hasta se ha sumado Bruno Contreras Martell, que en 2003, hizo campaña en la huasteca para Marcelo de los Santos de cuya administración también fue empleado.


Son como las moscas y pronto habrá que empezarlos a espantar.



lunes, 16 de marzo de 2015

Las campañas de la desilusión

Hace un par de semanas pregunta con cierto pesimismo en torno a los candidatos a gobernador: ¿Y si de los siete no se hace uno?

Al correr de los días de campañas de proselitismo, creo que la respuesta puntual a esa interrogante es que, en efecto, de los siete no se hace uno.

Diez días después del inicio de las campañas y diecisiete días después del registro de las candidaturas avaladas por once partidos políticos, no puede haber lugar sino para el pesimismo fundado que resulta del pobre arranque de las campañas.

Pobre en todos sentidos: en ideas, en propuestas de solución, en creatividad, en innovación, en proyectos viables y realistas; pobreza en todos sentidos. No hay imaginación ni tampoco tan  siquiera un atisbo de lucidez intelectual, mucho menos un asomo de honradez y probidad.

Tan lastimosos han sido estos días de campañas electorales que el único tema que ha llamado la atención es el hecho de que Sonia Mendoza Díaz haya recurrido a un programa de software denominado Photoshop a fin de lucir como debe lucir alguien que está a la vista del público.

En el veinticinco aniversario de ese programa que ha revolucionado el concepto de la imagen publicitaria y propagandística, la candidata de Acción Nacional hizo algo que al final, resultó efectivo: que se hable de ella. Antes de eso, seguía arrastrando la cobija de manera ominosa.

Es decir, el inútil escarnio al que fue llevada por sus adversarios y oficios afines al PRI y a Carreras, bien mirado, le trajo a Mendoza la posibilidad de darle vuelta al aun fresco escándalo de su elección fraudulenta. Es más, gracias al Photoshop, poco se han ocupado de su lamentable arranque de campaña.

Que un candidato o candidata recurra al truqueo de las imágenes con el propósito de verse mejor resulta incidental, eso lo hacen todos. El problema es que de unos candidatos y unas campañas, se hable de eso porque simple y llanamente no hay de otra cosa que hablar, o sea, los candidatos la están pasando de noche.

Solo para documentar el pesimismo en torno a las campañas, el priísta Juan Manuel Carreras, apoyado por dos partidos sanguijuela cuya misión pareciera ser solo la de sangrar al erario público, fue con los indígenas y adivine a qué. Pues si, a que le entregaran en bastón de mando. El mismo que le entregan a cada candidato que por peregrina razón se para ante ellos, ya sea candidato a presidente municipal, diputado o gobernador.

Eso lo hace el PRI en sus campañas en un acto que frivoliza los usos, costumbres y cultura de los pueblos indígenas. Y Carreras les prometió lo que le promete el PRI a los mexicanos: felicidad y más felicidad. Qué bonito ¿No?

Igual, con el mismo tono de presunto compromiso con los cañeros, Carreras les firmó un compromiso que bien al igual que la docena que ha firmado, se los puede llevar el viento y el olvido sin que nadie ponga un pero.
En respuesta, los cañeros, seguramente honrados y extasiados de felicidad por la firma del compromiso, le entregaron al señor candidato del PRI un machete, un morral y una jícara “para que llegue cortando caña”. Por cierto, el compromiso firmado con los cañeros peca de tan subjetivo y mañoso: “Desarrollar en forma conjunta el Programa Estratégico para El fortalecimiento del Sector Cañero Potosino”.

Fenomenal, cuanta sapiencia.

El mismo estilo, el mismo actuar el mismo y antiquísimo discurso de campaña del PRI en cada actividad del candidato. Nada nuevo, todo trillado, refriteado.

Igual, Fernando Pérez Espinosa, el ex priísta, el ex presidente del PRI, el ex amigo del gobernador Toranzo, el ex beneficiario del dedazo priísta que recién empezó a odiar y criticar, anda en campaña como si no anduviera. Tal vez ya se dio cuenta que ser candidato del PRD es no es lo mismo que ser el candidato del PRI. Necesita que alguien se lo explique o; como a Peña Nieto, no entiende que no entiende.

Por ejemplo, se  reunió con reporteros de la fuente deportiva y les entregó reconocimientos a su trabajo, o sea, como si fuera gobernador entregando los premios estatales de periodismo.

Si ese despropósito fuera insuficiente, da el caso que ha prometido traer un equipo de primera división de fútbol, otro de béisbol de la Liga Mexicana y ya entrados, pues también uno de básquetbol. Es decir, regresar a los tiempos de despilfarro de Marcelo de los Santos, cuando el dinero público se iba a negocios particulares con tintes de fracaso.

Peor aún, Pérez Espinosa y la súbita devoción a la familia Gallardo al afirmar que al ganar las elecciones gobernará con “gallardía”. Rendir tributo a un ex alcalde en prisión, acusado de delitos relacionados con la delincuencia organizada, demuestra que el “Calolo” no tiene idea de lo que está pasando.

De Govea Arcos Eugenio ni que decir, verbigracia, ha prometido construir un aeropuerto en Taquín para que conecte a la región con el mundo. Si, un vuelo directo Tamuín-Nueva Cork o uno Tamuín-Madrid con escala en Amsterdam o Londres según se desee.

Como se dijo en este espacio en su pasada entrega, ninguno de los candidatos ofreció voluntariamente presentar su Declaración de Intereses, Su Declaración de Impuestos ni su Declaración Patrimonial.

Pero tampoco nadie ha ofrecido acabar con la impunidad: Juan Manuel Carreras López no se ha referido a los presuntos delitos imputables a Victoria Labastida, así como Sonia Mendoza tampoco se ha referido a la millonaria deuda pública que heredó desde 2009 Marcelo de los Santos.

Ninguno ha mencionado siquiera la idea de investigar a fondo el gobierno de Fernando Toranzo y a su ex procurador y ex secretario General y ahora candidato a  diputado, Cándido Ochoa Rojas.

Esto, solo por citar un par de casos.

Los candidatos no llegan a eso, andan de peregrinación, unos ya mostrándose como el todopoderoso y otros, de plano, mendigando apoyo y votos.


Pobre de San Luis Potosí, con los candidatos que de los siete no se hace uno, bien se puede esperar que a partir del 27 de septiembre empecemos a extrañar al doctor, lo cual, por supuesto sería ya el colmo de la desventura, pero que se le va a hacer, no hay más, eso es lo que hay.

lunes, 9 de marzo de 2015

Arrancaron las campañas y ningún candidato a gobernador se comprometió con las Tres “D”.

Ninguno de los siete candidatos a gobernador al iniciar el pasado viernes sus respectivas campañas, tuvo tan siquiera un asomo de arrojo y congruencia. Nadie se atrevió a empezar haciendo públicas sus Declaraciones de Patrimonio, de Impuestos y de Intereses.

En un contexto nacional de incredulidad, desconfianza y sospecha, como de cruda manera definió Enrique Peña el momento que vive el país; ninguno de los candidatos a gobernador del estado hizo nada sorpresivo en el arranque de las campañas de proselitismo. Más de lo mismo.

La iniciativa de la sociedad a través de Transparencia Mexicana e intelectuales estudiosos del tema de la transparencia y la rendición de cuentas como Mauricio Merino, no ha encontrado eco en la clase política nacional que busca cargos de elección popular.

Juan Manuel Carreras López inició al más clásico estilo priísta: taxistas acarreados, matraqueros, la firma de artificial efecto de firmar compromisos de campaña, el arropamiento del tibio cobijo de los empresarios de su partido que igual festejan al que defina el dedazo.

Nada digno de un arranque de campaña en momentos en que la credibilidad y la confianza en las instituciones, incluidos obviamente los partidos políticos y las autoridades electorales, se encuentran por los suelos.

Ir a correr al porque para que se vea que hay músculo, aparecer sonriente con Cesar Camacho Quiroz y luego aventarse el primer chiste de la campaña: les prometo ser el gobernador de la educación. Se lo dijo a maestros reunidos por el cacique magisterial, Rabel Turrubiartes. Claro, el chiste se cuenta solo.

Y Sonia Mendoza Díaz, aun con la imagen lastimada por las trampas a las que recurrió para obtener la candidatura del PAN, inició con una presunta reunión con su equipo de campaña, lo que es lo mismo, el club de tobi que se adueño del partido. Los que le ayudaron a hacer del proceso interno del PAN todo un cochinero, son sus operadores de campaña.

Y luego una caravana de vehículos en las calles de Matehuala, saludando como si fuera reina de la primavera. Pero aun, entre sus primeros pronunciamientos al estilo Toranzo: vamos a empezar a escribir una nueva historia en San Luis.

La candidata del PAN cree que por el hecho de ser mujer va a ganar las elecciones y porque ya es justo que el estado sea gobernado por una mujer. Ese es todo su patrimonio político.

Pero Fernando Pérez Espinosa prefirió irse a la Huasteca e iniciar campaña en rueda de prensa. Más simple y frívolo no puede ser. Luego en Soledad, llegó como si ya fuera gobernador. Una comitiva de invitados a los que la policía municipal abría paso con sirena abierta, haciendo a un lado a los automovilistas porque “ahí viene el candidato Calolo”.

Hasta hace unas semanas priísta hasta los huesos, en Soledad se subió a un templete amarillo y negro y naranja. Se abrazaba con señoras, jóvenes y ancianos simpatizantes del PRD y de la familia Gallardo hoy caída en desgracia.

Eugenio Govea Arcos creyó sorprender presentando una muestra clínica para examen antidoping. El del Movimiento Ciudadano no llamó la atención de nadie en la comodidad de un arranque de campaña en rueda de prensa en el centro histórico de la ciudad.

Nadie se atrevió a dar un paso firme en busca de captar la atención y la confianza de la gente. No tienen el tamaño político suficiente para decir, estos son mis amigos, si gano ellos no harán negocios con el gobierno.

Nadie se atrevió a presentar su declaración de impuestos para que la gente vea: esto es lo que gané el año pasado y esto es lo que pague en contribuciones al fisco. Ni evado nada ni escondo nada. Mis negocios y mis ingresos están limpios, son legales.

Nadie se atrevió a decir: esto es lo que poseo, estos son todos mis bienes, así los he adquirido; el día que deje de ser gobernador no tendré más propiedad que las que ahora tengo como candidato.

Malas noticias para todos.

Los partidos y sus viejas fórmulas de hacer campaña en donde el ciudadano es invisible, salvo para llenar auditorios y plazas, como escenario necesario para que se vea y se sienta que el candidato es del pueblo.

En la víspera de su pasada visita de Estado al Reino Unido, el presidente Peña Nieto le dijo a The Financial Times que en México hay incredulidad, desconfianza e incluso sospecha. No dijo nada que los mexicanos no entendamos. Eso es cierto, existe una crisis de desconfianza.

Antes lo había admitido el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray: recuperar la confianza de la ciudadanaza vale tanto como diez reformas estructurales. De ese tamaño es la desconfianza.

Sin embargo, los candidatos y sus partidos parecen vivir una realidad diferente, ya los vimos en el inicio de sus campañas. Ellos son los actores principales y lo que hagan o ellos digan es lo único trascendente. Ya están trepados en su ladrillo, rodeados de aplaudidores y aduladores oportunistas. Para ellos, eso es lo único que cuenta, aunque claro, nadie les crea a ellos.



lunes, 2 de marzo de 2015

¿Y si de los siete no se hace uno?

Siete candidatos y once partidos políticos. Siete candidatos variopintos y once partidos más o menos cortados con la misma tijera van en busca del edén. Una mujer y seis hombres van por el poder.

Dirán que servir a la sociedad es lo único que ambicionan, que es su objetivo y hasta su más caro sueño.

Ofrecerán la vida misma si les dispensan el favor de un voto y firmarán ante notario público que exudarán esfuerzo y sudor por cada poro durante las 24 horas de cada día del sexenio, todo por tener el grandísimo honor de servir a la sociedad.

Es la víspera del inicio de las campañas, de ese ritual a punto de ser santificado como piedra fundacional de nuestra democracia. En las campañas se gana la elección, en las campañas se construye el proyecto de gobierno, en las campañas el candidato se acerca y dialoga con la gente, en las campañas los candidatos hacen compromisos y empeñan su palabra.

En las campañas los candidatos andan por caminos nunca antes andados y van a donde jamás habían pensado, en las campañas se suben a los templetes de los encuentros placeros y luego desayunan, comen y cenan masticando promesas o tragando sapos.

Ella y Ellos serán, de pronto, porque así ha de ser en las campañas, punto obligado de referencia acerca del futuro de todos. En las campañas, los candidatos esbozarán ideas probablemente, inteligentes y lúcidas o igual auténticas estupideces y ocurrencias propias de un día de resaca. Para eso son las campañas y ésta semana arrancan.

Los candidatos crearán su cuartel de guerra. Organizarán la campaña como quien planea la conquista de un territorio fértil y paradisíaco. Construirán una estructura en la que ellos, los candidatos, estarán en la cima de la pirámide. Sin ser nada aún tendrán potestad sobre muchos y sus palabras serán órdenes. Así son las campañas, los candidatos aprenden  a manejar la tentación del autoritarismo y la soberbia.

Crearán su equipo que llaman de trabajo, su brazo político electoral y cada encargo será peleado como el buitre que pelea a muerte por un retazo putrefacto de carroña. En las campañas la grilla es la más pantanosa y traicionera. En las campañas hay que tener ojos en la nunca porque nunca se sabe de quién y a qué hora llegará la puñalada.

En las campañas los candidatos son ya como los jefes plenipotenciarios y todos a su lado se convierten en aduladores profesionales y todos quieren quedar bien con ellos. Es la regla de oro, para que cuando el candidato esté en los cielos del poder se acuerde de quienes lo ayudaron y los tenga en la santa gloria del presupuesto.

Por norma general, el jefe de la campaña tiene seguro un cargo importante en el gobierno y por eso, en orden de importancia, luego del candidato está el coordinador de la campaña que, por decir lo menos,, suele sentirse como mínimo, secretario general de gobierno.

Van entonces seis candidatos y una candidata, cada uno con su campaña, cada uno con su presupuesto electoral para intentar vender su imagen de buena gente. Su imagen de bien portados, de almas que no rompen un plato. Por eso, lo primero será ir a pedir la bendición del arzobispo. Que se tome la foto y la distribuyan en cielo, mar y tierra.

De súbito, a los candidatos les crearán tantas virtudes que uno se preguntará porqué no los han santificado. Les descubrirán habilidades y bondades en nadie vistas y su figura patriótica y republicana será un ejemplo para todos. El señor candidato. La señora candidata.

En las campañas se tiene que ver gente junto al candidato, así sean acarreados, no importa. Es fundamental que se vea el arrastre, la popularidad, la simpatía y don de gentes del candidato. Juan Pablo Escobar y Elías Pescina son especialistas y no se diga Oscar Vera, son capaces de hacer multitud en un pueblo fantasma. Que eso se convierta luego en votos, bueno, eso ya es lo de menos.

Empiezan las campañas y hay que acercarse con escepticismo. Hay que dudar de lo que dicen, de lo que prometen los candidatos. La mentira, la simulación, la farsa forman la piel de paquidermo en las campañas.

Siete candidatos y once partidos, parecen una multitud para una clase política de ínfimo nivel. Es demasiado porque no refleja diversidad o pluralismo sino la mediocridad en un sistema políticos de partidos en los que poco se confía.

Las campañas de los siete candidatos en realidad se reducirán a dos, la del PRI y la del PAN con la posibilidad de que se sume un sorpresivo actor no invitado, el PRD y el “Calolo”.

Si prende la campaña del ex priísta, entonces podremos esperar una sorpresa, lo cual, sin duda, provocará un permanente insomnio pos gobierno al doctor.

En modo alguno se puede esperar algo nuevo de las campañas que empiezan ya. De los candidatos a gobernador, todos llegan con sus pequeños escándalos: Sonia Mendoza y su fraude en la interna del PAN, Juan Manuel Carreras, el candidato del dedazo presidencial, el proyecto transexenal del doctor, Fernando Pérez Espinosa, el izquierdista de mentiras, el priísta que anhela venganza.

De los demás, ni que hablar. Su participación será anecdótica.


Siete candidatos y once partidos políticos. Siete candidatos variopintos y once partidos más o menos cortados con la misma tijera van en busca del edén. Una mujer y seis hombres van por el poder.

Dirán que servir a la sociedad es lo único que ambicionan, que es su objetivo y hasta su más caro sueño.

Ofrecerán la vida misma si les dispensan el favor de un voto y firmarán ante notario público que exudarán esfuerzo y sudor por cada poro durante las 24 horas de cada día del sexenio, todo por tener el grandísimo honor de servir a la sociedad.

Es la víspera del inicio de las campañas, de ese ritual a punto de ser santificado como piedra fundacional de nuestra democracia. En las campañas se gana la elección, en las campañas se construye el proyecto de gobierno, en las campañas el candidato se acerca y dialoga con la gente, en las campañas los candidatos hacen compromisos y empeñan su palabra.

En las campañas los candidatos andan por caminos nunca antes andados y van a donde jamás habían pensado, en las campañas se suben a los templetes de los encuentros placeros y luego desayunan, comen y cenan masticando promesas o tragando sapos.

Ella y Ellos serán, de pronto, porque así ha de ser en las campañas, punto obligado de referencia acerca del futuro de todos. En las campañas, los candidatos esbozarán ideas probablemente, inteligentes y lúcidas o igual auténticas estupideces y ocurrencias propias de un día de resaca. Para eso son las campañas y ésta semana arrancan.

Los candidatos crearán su cuartel de guerra. Organizarán la campaña como quien planea la conquista de un territorio fértil y paradisíaco. Construirán una estructura en la que ellos, los candidatos, estarán en la cima de la pirámide. Sin ser nada aún tendrán potestad sobre muchos y sus palabras serán órdenes. Así son las campañas, los candidatos aprenden  a manejar la tentación del autoritarismo y la soberbia.

Crearán su equipo que llaman de trabajo, su brazo político electoral y cada encargo será peleado como el buitre que pelea a muerte por un retazo putrefacto de carroña. En las campañas la grilla es la más pantanosa y traicionera. En las campañas hay que tener ojos en la nunca porque nunca se sabe de quién y a qué hora llegará la puñalada.

En las campañas los candidatos son ya como los jefes plenipotenciarios y todos a su lado se convierten en aduladores profesionales y todos quieren quedar bien con ellos. Es la regla de oro, para que cuando el candidato esté en los cielos del poder se acuerde de quienes lo ayudaron y los tenga en la santa gloria del presupuesto.

Por norma general, el jefe de la campaña tiene seguro un cargo importante en el gobierno y por eso, en orden de importancia, luego del candidato está el coordinador de la campaña que, por decir lo menos,, suele sentirse como mínimo, secretario general de gobierno.

Van entonces seis candidatos y una candidata, cada uno con su campaña, cada uno con su presupuesto electoral para intentar vender su imagen de buena gente. Su imagen de bien portados, de almas que no rompen un plato. Por eso, lo primero será ir a pedir la bendición del arzobispo. Que se tome la foto y la distribuyan en cielo, mar y tierra.

De súbito, a los candidatos les crearán tantas virtudes que uno se preguntará porqué no los han santificado. Les descubrirán habilidades y bondades en nadie vistas y su figura patriótica y republicana será un ejemplo para todos. El señor candidato. La señora candidata.

En las campañas se tiene que ver gente junto al candidato, así sean acarreados, no importa. Es fundamental que se vea el arrastre, la popularidad, la simpatía y don de gentes del candidato. Juan Pablo Escobar y Elías Pescina son especialistas y no se diga Oscar Vera, son capaces de hacer multitud en un pueblo fantasma. Que eso se convierta luego en votos, bueno, eso ya es lo de menos.

Empiezan las campañas y hay que acercarse con escepticismo. Hay que dudar de lo que dicen, de lo que prometen los candidatos. La mentira, la simulación, la farsa forman la piel de paquidermo en las campañas.

Siete candidatos y once partidos, parecen una multitud para una clase política de ínfimo nivel. Es demasiado porque no refleja diversidad o pluralismo sino la mediocridad en un sistema políticos de partidos en los que poco se confía.

Las campañas de los siete candidatos en realidad se reducirán a dos, la del PRI y la del PAN con la posibilidad de que se sume un sorpresivo actor no invitado, el PRD y el “Calolo”.

Si prende la campaña del ex priísta, entonces podremos esperar una sorpresa, lo cual, sin duda, provocará un permanente insomnio pos gobierno al doctor.

En modo alguno se puede esperar algo nuevo de las campañas que empiezan ya. De los candidatos a gobernador, todos llegan con sus pequeños escándalos: Sonia Mendoza y su fraude en la interna del PAN, Juan Manuel Carreras, el candidato del dedazo presidencial, el proyecto transexenal del doctor, Fernando Pérez Espinosa, el izquierdista de mentiras, el priísta que anhela venganza.

De los demás, ni que hablar. Su participación será anecdótica.