Al menos durante las últimas
dos décadas, los Valladares han figurado
en la lista de candidateables a la gubernatura potosina del PRI y por lo
general se les da la categoría de favoritos.
Puede ser Miguel o Pablo y
también Juan Carlos. De súbito, cualquiera de los tres adquiere cualidades
tales que pueden conformar el perfil del candidato ideal para el tricolor.
Uno de los hábitos más
acendrados en la vena periodística potosina es el diseño de listas de
candidatos a cargos públicos y el de gobernador en especial. No hay proceso
electoral por venir en el que no se construyan más con suposiciones y chismes
que con certezas, listados de nombres de potenciales candidatos.
Como sea, los Valladares
siempre están ahí y para las elecciones del 2015 no es la excepción.
Para las elecciones de 2003,
Miguel Valladares tenía todo listo. Fue destapado en una multitudinaria
comilona, pero algo falló y se le cayó el proyecto, pero la candidatura era de
ellos y lograron colocar a su ex empleado, Luis García Julián, que a la postre
perdió la elección con Marcelo de los Santos.
Para el 2009, de nuevo se
intentó que cualquiera de los tres Valladares fuera el candidato del PRI y ésta
vez el que estaba en el ruedo era Pablo. No logró posicionarse y la familia
optó por apoyar e impulsar a Fernando Toranzo.
En el proceso interno del
PRI para elegir a su candidato, los Valladares colocaron a su principal círculo
de amigos y colaboradores junto al precandidato Toranzo. No se reparó en gastos
ni en trampas para llevar al doctor al triunfo en una interna en la que
sobraron las marrullerías y compra de votos.
Luego, Toranzo ganó la
elección al panista Alejandro Zapata y los Valladares hicieron fiesta pues por
fin habían llegado a palacio de gobierno.
Ahora, a unos meses de que
el PRI elija o designe por mandato presidencial a su candidato, de nuevo sale a
la palestra el apellido Valladares. Y esta vez son dos: en cualquiera de las
listas de aspirantes que ha publicado la prensa y los que aparecen en
encuestas, ya aparecía el nombre de Pablo. Como por arte de magia, se ha sumado
ya a Juan Carlos.
Desde que Enrique Peña Nieto
ganó las elecciones presidenciales se predijo que a Juan Carlos Valladares le
iría bien, que si le daba por meterse a la política sin duda tendría un futuro
promisorio. Su amistad con Peña le allanaría cualquier camino que él estuviese
determinado a tomar.
El empresario conoció al
presidente cuando éste era funcionario del gobierno del Estado de México y se
hicieron amigos. Compartían espacio donde atracar sus respectivos yates en
alguna playa. Valladares no sabía entonces cual era el sorprendente futuro que
esperaba a Peña.
Ambos pasaron de ser simples
conocidos excepcionales a ser amigos de familia y eso es algo que el presidente
Peña parece tener muy en cuenta.
Con ocasión de la ceremonia
de presentación de la Gendarmería en la ciudad de México, según algunos
reportes periodísticos, el presidente Peña al percatarse de la presencia de
Juan Carlos Valladares en una de las tribunas de invitados especiales, se acercó
y lo saludó efusivamente.
Tal muestra de afecto es
suficiente para colocarlo en la lista de diez o doce o de quién sabe cuántos
van ya, posibles candidatos del PRI al gobierno potosino.
El hecho ha impactado al
mundillo político priísta que como se sabe, es muy dado a dar múltiples
lecturas a un solo suceso sea cual sea éste.
Los bonos de Valladares
estarían ahora muy por encima de los demás porque ninguno de los aspirantes
mencionados antes de Valladares, podría presumir como éste, los lazos que le
unen al presidente, quien no se debe de olvidar, es el mandamás del PRI y quien
probablemente decidirá quienes será los candidatos de su partido en las
entidades federativas donde las gubernaturas estarán en juego.
César Camacho, presidente
del PRI lo dijo en su visita de hace unos meses a la capital: el PRI es el
partido del presidente, es el partido peñista. O sea, el jefe nato como se
decía antes en el partido, es el presidente y se hace lo que él dice.
Los Valladares tienen
recursos económicos, grupos al interior del PRI a su lado, controlan aunque ya reducida, ciertas áreas
de gobierno y pueden presumir de ser soldados permanentes del PRI.
Quizá ya se las deben, al
menos eso deben pensar.
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