lunes, 8 de septiembre de 2014

El ayuntamiento capitalino de la opacidad al secretismo total

La opacidad en los poderes públicos es el germen de la desconfianza ciudadana y el incentivo más perverso para el ejercicio indebido de las atribuciones conferidas a servidores e instituciones públicas.

Este lunes, la contralora del ayuntamiento de San Luis Potosí, María del Carmen Aranda Manteca comparecerá ante el Cabildo capitalino. Lo hará no de manera voluntaria sino forzada. Su comparecencia será en privado,  es decir, en secreto.

El presidente municipal, Mario García y el Secretario General, Juan Ramón Nieto, así como la mayoría de regidores del Partido Revolucionario Institucional no parecen tener peregrina idea de lo grave y contradictorio que representa sesionar en privado. Esa es una invitación a la sospecha.

En octubre de 2012, cuando el alcalde asumió el poder público municipal, hizo el compromiso de investigar a fondo y sancionar las probables irregularidades que se hubiesen cometido en la anterior administración de Victoria Labastida.

Anticipó que no habría impunidad para nadie y advirtió que a los probables responsables del mal uso de los recursos les caería todo el peso de la ley. En pocas palabras, que no solaparía actos ilegales.

La investigación a cargo de la Contraloría Municipal inició con tanta expectativa que se pensó que por primera vez, los ciudadanos verían el actuar justiciero de su autoridad capitalina y, que en estricto rigor técnico, se llenarían expedientes con precisión y exactitud de datos respecto de las anomalías identificadas.

Corrieron las semanas y luego los meses y hasta que ya vamos para dos años y nada que los resultados de las investigaciones los desconoce la sociedad.

Después de negar en más de una decena de oportunidades solicitudes de información de parte del cabildo, a  la Contralora se le agotó el tiempo y a unas semanas del segundo informe del alcalde, tendrá que rendir un informe sobre el curso de las investigaciones sobre presuntos actos de corrupción en la anterior administración.

No se trata de hacer declaraciones estridentes a la prensa o de publicar boletines llenos de frases trilladlas sobre el que no habrá impunidad, sino que se trata de rendir cuentas al Cabildo.

El ayuntamiento no ha sido capaz de dar el paso trascendente y denunciar de propia iniciativa a Victoria Labastida, ha preferido el andar lerdo de investigaciones burocráticas en donde está presente la tentación al silencio.

Aranda Manteca junto con los regidores del PRI, el alcalde y el Secretario General, condicionaron la comparecencia ante el Cabildo a que ésta fuera cerrada, según lo denunció la regidora Nadya Edith Rangel Zavala, lo cual representa un acto de opacidad de pleno injustificable.

Si la autoridad municipal prefiere adherirse a la cultura del secretismo y del oscurantismo es simplemente porque hay algo que pretenden ocultar.

Cerrar las puertas al interés público, ocultar la información para luego ofrecer versiones sesgadas o interesadas es por decir lo menos, un acto desafortunado de una autoridad municipal que presume ser transparente en el discurso, pero que en los hechos no lo es.

Existe un reclamo social que consiste en que el poder público actúe de cara a los ciudadanos y quienes ejercer el poder público deben entender que el escrutinio al poder público por parte de los ciudadanos es un derecho que nadie puede violentar o negar.

Si la Contralora municipal no es capaz de actuar de cara a los ciudadanos e informarles sobre los resultados de sus investigaciones sobre el ejercicio de los recursos públicos, entonces es que tales informes serán una vergüenza y un acto más de encubrimiento.

En lo que va de la administración, la Contraloría no ha presentado una sola demanda en contra de servidores públicos de la anterior administración, a la que sin embargo, el ayuntamiento en turno no se ha cansado de responsabilizar, sin pruebas ni denuncias de por medio, del manejo indebido de recursos y de toda suerte de actos de corrupción.

La ciudadanía tiene derecho a saber porque razón no ha habido denuncias ante las instancias correspondientes.

La ciudadanía tiene derecho a ser informada de los resultados de las presuntas investigaciones. A la sociedad le asiste el derecho a ser a quién se investigó y que se obtuvo, pero también quiénes investigaron y cuáles fueron sus conclusiones, además de cuánto costó investigar y si de ello se logró algún beneficio.

Es cierto, la opacidad genera desconfianza en los ciudadanos, mientras que en los servidores públicos provoca cinismo e impunidad.

El ayuntamiento de Mario García, no le ha respetado a la sociedad su derecho a saber, pues lo que se hace es utilizar la investigación y sus resultados, para intereses políticos y electorales.

No le conviene sancionar as Victoria Labastida o a cualquiera de sus colaboradores, ya vienen las elecciones y de acuerdo con su corta visión, no vale la pena alterar la sagrada paz que entre priístas debe privar en el proceso de elección de candidatos. ¿O no?



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