lunes, 26 de enero de 2015

El PRI de Peña va por SLP no con lo mejor sino con el menos peor

El presidente Enrique Peña Nieto designó a los Güeros como candidatos punta de lanza para mantener el poder en San Luis Potosí. No eligió a los mejores sino a los menos peores de la baraja potosina tricolor.

Once por la gubernatura era todo un exceso. La mayor parte de los apuntados eran mero adorno en la fachada democrática del PRI. Estaban ahí para simular, para aparentar un paisaje de presunta competencia y diversidad.
Once era algo así como llevar la farsa al escenario de la comedia. El Dedo Elector tenía apenar un par de nombres entre ceja y ceja.

El Güero Carreras, un tecnócrata de trayectoria amplia, de suela recorrida en oficinas públicas locales y federales de este y otros tiempos. Tecnócrata preparado para lo que sea, para lo que le manden. Culto, leído, educado, doctorado en todos los menesteres de la administración pública es uno de esos extraños especímenes que en el PRI se les utiliza para lo que ordene el jefe.

El Güero Carreras es el tipo de tecnócrata que tan solo verlo da a entender que no es ni ha sido un improvisado, sino más bien meticuloso, metódico y bien organizado. Es el empleado que todos quieren tener por lo bien portado que es.

El precandidato a gobernador por el PRI no es un tipo estridentísta y tampoco es un dechado de popularidad, es la fiel imagen del bajo perfil de alguien que solo sabe de lo que se trata el trabajo a su encargo. Tampoco es brillante, pero lo aparenta.

Tiene un poco del Fernando Toranzo candidato de hace seis años: una actitud dócil y humilde, una mirada tranquila y adusta como de quien ve el dolor ajeno y se conduele. En realidad es un poco la misma fórmula del PRI de hace seis años: un candidato sin raigambre partidista, sin dotes de mesías, de carácter sencillo y hasta ajeno a la soberbia.

Es el candidato del Revolucionario Institucional porque no había más y el PRI quiere ganar las elecciones, por eso el presidente Peña optó por él, con cualquier otro habría perdido.

El otro buen ejemplar de candidato entre tan flaca caballada, era Enrique Galindo Ceballos, único de entre los once prospectos que en realidad es cercano político a Peña Nieto. Bien a bien, no se sabe las razones de la estima, pues si nos atenemos a los resultados en materia de seguridad, Galindo no las lleva de ganar como para ganarse el respeto presidencial.

Sin  embargo, el jefe de la policía federal se ha ganado cierta reputación como resultado de su convincente narrativa para vender los malos resultados como buenos e innovadores. Ha logrado como parte del gabinete de seguridad, que se exalte la disminución de delitos como el homicidio y el secuestro, aunque estos se sigan contando por miles y miles.

Es un policía que es un buen comunicador, un mendo policíaco que ha entendido a loa perfección que con Peña Nieto lo importante  no es ser eficiente en el cargo que se tiene, sino convencer a los demás de que se hacen bien las cosas. En eso, el presupuesto federal no ha reparado en gastos.

Pues bien, ahí estaba entre los once, Galindo Ceballos a quien su cauda de aplaudidores le cantaban a diario en el oído, de manera tal que no solo se la creyó sino que estaba seguro de que su jefe Peña le haría el encargo más importante de su  vida.

En el fondo, Galindo sabía que no podría ser candidato, qué se diría de eso en México y en el mundo: un jefe policíaco de uno de los países más violentos del orbe ungido como candidato a gobernador. Vaya golpe para la democracia en México, un policía gobernador para gobernar con mano dura.

Habría sido harto complicado vender la idea de un candidato policíaco. Al rato Salvador Cienfuegos diría con toda razón: Y mi candidatura apá.

Como sea, el presidente Peña optó por Carreras López porque las opciones que el partido tenía para San Luis Potosí eran extremadamente limitadas, puros perfiles mediocres, quemados y la mar de incompetentes.

Lo mismo sucede para la capital potosina, donde como premio de consolación al grupo de la familia Valladares, se le extiende la candidatura a presidente municipal a  Manuel Lozano Nieto. Perdedor hace tres años como candidato a diputado federal, va por la alcaldía en una elección que para él puede convertirse en temprana sepultura política.

Ambos, Carreras y Lozano, tendrán que cargar con el ´pesado fardo que implica los pésimos gobiernos de Fernando Toranzo y Mario García. Gobernador y alcalde han abonado el profundo rechazo de la ciudadanía a gobiernos falsos, improductivos, amigos de la impunidad y con creciente tentación a la corrupción.

Sin duda, Juan Manuel Carreras es el mejor candidato que pudo lanzar el PRI, lo malo es que no se sabe si podrá ser el gran gobernador que los potosinos anhelan. Ojala y pinte raya de inmediato con el ejecutivo estatal saliente con quien lo ligan, una segunda parte del sexenio torancista sería de plano una catástrofe.

Por cierto, convendría saber si el doctor Carreras ya recibió la felicitación por su nominación de su gran amigo Felipe Calderón. Sería una buena idea de que inviste al ex presidente a un mitin de campaña para que ahora, sea Calderón el que le levante la mano al candidato.

En fin, todo apunta que en San  Luis habrá elección de gobernador entre calderonistas, Alejandro Zapata y Juan Manuel Carreras.




lunes, 12 de enero de 2015

Del Soledad de los Ranchos al Soledad de los Gallardo

Soledad de los Ranchos, así se llamaba. El traspatio de la capital a donde arrojaban las aguas negras y la basura; lugar de lo fétido e insalubre.


Luego le pusieron Soledad de Graciano Sánchez, el dormitorio de la zona industrial potosina, la cuna de la mano de obra barata, el municipio perdido entre lo urbano y lo rural, el municipio de los caciques.


Más tarde alcanzó la denominación de Soledad de Graciano Sánchez y el municipio creció enormidades en sus colonias de trabajadores, las parcelas fueron ocupadas por construcciones y los políticos entendieron que el único y verdadero negocio en Soledad es ser presidente municipal.


Bodega de acarreados en apoyo a los candidatos del PRI, Soledad era el sitio de dónde salían hordas de simpatizantes pagados para que aplaudieran a candidatos. Los llevaban los de la CTM y la CNC.


Soledad nunca desarrollo una conciencia política sino más bien la del oportunismo, la simulación, el compadrazgo, el caciquismo. La vía política era la de la conveniencia coyuntural. En Soledad poco hay apreciar de la construcción y desarrollo de una clase política consciente, responsable y comprometida.


Por la presidencia municipal que por décadas y décadas tuvo como único propietario al PRI por medio de un selecto mosaico de familias caciquiles, paso luego a la infeliz alternancia partidista que en pocas palabras significó la reproducción de ineficiencia y corrupción.


Tras el derrumbe del imperio municipal del PRI habida cuenta del desgaste de su origen basado en el control de la masa rural vía las dádivas, llegaron el PAN, el PARM y luego el PRD. Siempre con huestes enviadas por los caciques que aprendieron pronto a cambiar de partido como quien de calza nuevos calcetines.


Así, de pronto, de los antiguos y defenestrados Galarza, Velázquez, Gaytán y todos los demás, aparecieron los Gallardo. Así nomás, surgieron de súbito al amparo de las alas de unos pollos.


Soledad, huérfano de ideología, ausente de piel y colores de partido y formado solo por el simple interés de tres años de vacas gordas, de pronto veía nacer un proyecto de “izquierda” de avanzada.


En México pertenecer al PT, al PRD, a MORENA o al MC implica por simple mecanismo de nomenclatura, ser de izquierda.


Así pues, el PRD de Soledad y sus presidentes municipales recientes, es decir Ricardo Gallardo padre y Ricardo Gallardo hijo han sido de izquierdas, si de izquierda, o sean gobiernos orientados por ideas innovadoras, inteligentes, surgidas del pensamiento liberador, emanadas de la reflexión crítica de la realidad; es decir, gobiernos dialécticos, gobiernos del pueblo, gobiernos de una sociedad igual y de un municipio culturizado y politizado en la izquierda.


Un absurdo absoluto. En Soledad no hay ni ha habido izquierda, lo que ha habido es una eterna ambición de grupos de poder por hacerse del municipio utilizando para ello la franquicia de partido que esté dispuesta.
De alcaldes cuasi analfabetas y funcionarios de segundo pelo, Soledad vio llegar a maestros y licenciados de trayectorias profesionales frustradas por su falta de talento; la política los hizo importantes aunque en el fondo nada o casi nada, tenían que aportar al beneficio social.


Luego llegaron los Gallardo y el lema de los pollos que de manera tan monótona como fastidiosa se escuchaba a todo volumen en los camiones recolectores de basura, padre e hijo llegaron a fundar un remedo de imperio, provinciano pero al fin imperio.


En esas estaban mientras trazaban planes de futuro con miras a eternizarse en el ayuntamiento y en el poder público, cuando les cayó la desgracia.


Se apoderaron del PRD por encima de sus múltiples y ambiciosas tribus, se apoderaron del ayuntamiento y despidieron a cientos de trabajadores para dar cobijo a los suyos y crear la maquinaria clientelar que se requiere para todo proceso electoral que se precie de antidemocrático.


Colocaron a su gente en cargos de dirección partidista y en direcciones neurálgicas del ayuntamiento para luego echar a andar una estrategia de medios a fin de vender la idea de lo grande, grandioso que es Soledad, y de lo querido que es su presidente municipal.


La prensa, sus articulistas y no pocos columnistas hacían alegoría por no decir que hasta elegías, del presidente Gallardo: joven promesa de la política potosina, figura imprescindible de la izquierda, candidato natural a gobernador y tal.


El ayuntamiento pagó y pagó a periódicos y medios electrónicos, se por bien con los reporteros y a todos los tenía contentos con un plan que caminaba encima de rieles: soledad es tan grande como su gente, dice el slogan municipal de Gallardo.


El municipio que a decir de los actores Luis Felipe Tovar e Isela Vega, nunca se inunda, no tiene baches y es ejemplo de democracia, el municipio donde se abolió la corrupción y se erradicó la irresponsabilidad y la ineficiencia.


Ese gobierno construido por muchos medios de comunicación como política pública municipal ha quedado ahora enterrado en el lodo que caracteriza a buena parte de los ayuntamientos del país: la corrupción.
Bien visto Soledad no ha dejado de ser la Soledad de los Ranchos, cuna de políticos cegados por la ambición, la riqueza y el poder.


Que Gallardo hijo no es el único culpable del manejo indebido de las arcas públicas que lo tiene en prisión, que seguramente hay cómplices y que deberían estar con él en prisión; si, pero en México todo está bajo sospecha, incluso la impartición de justicia.



Por lo pronto, lo único seguro es que en Soledad la única referencia de izquierda es que Ricardo Gallardo y el PRD resultaron ser un cero a la izquierda.

lunes, 5 de enero de 2015

La partidocracia en el gobierno y su alternancia de ineficiencia y corrupción

Hasta hace unos años se llegó a afirmar con cierta contundencia que la alternancia en el poder público significaría el verdadero paso a la democracia. Terminar con la dictadura del PRI en favor de la alternancia partidista en el gobierno, sería lo mejor para los ciudadanos pues la competencia política haría una realidad el sueño de tener gobernantes capaces, probos, honestos, comprometidos, responsables y sobre todo, preparados.


Cuando Vicente Fox echó a patadas al PRI de los Pinos, esa especie de que la alternancia sería la madre de todos los cambios se derrumbó con la misma estridencia del desplome de la figura presidencial. En México, cualquier espécimen raro de entre los partidos puede ser presidente o gobernador.


La alternancia en diversas entidades federativas y en la presidencia de la república fue una fórmula insuficiente para enfrentar los severos males que han agobiado al país y a los ciudadanos. Fue como una pócima inútil como quien da una aspirina al desahuciado de cáncer.


El doctor Salvador Nava que lo que México necesitaba era una transición a la democracia, una transición que diera por resultado que los ciudadanos gobernaran a través de sus gobernantes. Se podría pensar que en sentido estricto así ocurre, pero desafortunadamente no es así.


La transición vista por Nava consistía en tener a ciudadanos comprometidos con sus pares en el gobierno y no con los partidos políticos que los postulan. La transición quería decir que era necesario que el gobernante tomara la voz de la gente y la llevara al gobierno en los momentos de toma de decisiones.


Eso hacía necesario contar con gobernantes libres de ataduras ideológicas, partidistas y/o de ligas con intereses económicos ajenos a la sociedad, es decir, gente cuyo compromiso único sea la propia gente.


México y San Luis Potosí han transitado por la alternancia y poco parece haber cambiado de los tiempos de la dictadura perfecta del tricolor. Hay tanta corrupción como antes, la inseguridad ha crecido enormidades, el subdesarrollo y la pobreza están tan presentes que no se les puede esconder en la patraña del discurso oficial.


Marcelo de los Santos derrotó al PRI por primera vez en San Luis Potosí en 2003 y el PAN llegó al poder de la mano de un gobernante que, al final, recurrió a las mismas formas de gobierno de los ex dictadores. Se le acusó de derrochador de recursos, de mal uso de recursos públicos, de endeudar al estado más allá de su sexenio, de ególatra, de represor, de sectario, frívolo, embaucador, represor, falaz, censor bravucón de la prensa y tal.


Acusaciones que bien visto, no eran nuevas para un gobernador sino más bien aspectos del retrato del gobernador común y corriente del PRI en cualquiera época.


Es decir, la alternancia partidista en el gobierno potosino no ha sido más que un mal chiste, un cuento chino de mal gusto.


La bendita alternancia hizo posible que en el 2009 el dictador regresara al gobierno estatal y el PRI echado por la vía de la vergüenza de palacio de gobierno, se reinstaló con todo el peso de su historia y putrefacción.
Decir que el PRI recuperó el gobierno es una verdad absoluta: el partido lo recuperó para su clase política no para la sociedad.


Eso mismo había sucedido con el PAN: le quitó el gobierno durante seis años al PRI, pero no se puso en manos ni al servicio de la sociedad.


La alternancia trajo consigo a quien se podría convertir en uno de los peores mandatarios potosinos en décadas. Repartió el poder como quien se reparte el botín de guerra, dejo y ha dejado hacer a los suyos lo que les plazca, sus personeros han hecho cuanto han querido porque para eso están en el poder. Para eso somos gobierno es la lógica del buen dictador.


La alternancia trajo a los potosinos a un político de tan poco brillo y  escasas luces que luces que podría haber ´pasado como un presiden te municipal más, de esos que se quejan de todo, que no saben hacer nada sino estirar la mano.


Cómo no podría ser de otro modo, endeudó también a la administración pública para que la deuda se pague hasta el 2030. Cómo no podía ser de otra manera, no resolvió ninguno de los problemas centrales de la entidad y tampoco hizo posible que los potosinos vivan mejor antes de que él se hiciera del gobierno.


En el más nítido reflejo de lo que es ser gobernador por el PRI, el doctor (o ¿aún debemos decirle gobernador?) resucitó a los demonios de familia y su propio hermano lo acusó de no gobernar: hay un vacío der gobierno, le dijo. Y también le dijo: No creo en la justicia porque en San Luis no la hay.


A eso se le llama desbarrancarse en el abismo y creer que se sigue vivo.


La alternancia no resuelve nada, no mejora la calidad del gobierno, no genera mejores gobernantes ni servidores públicos más comprometidos; no perfecciona la democracia ni da esperanza de un mejor presente para los ciudadanos.


La alternancia es simplemente un asunto de partidos y sus políticos que en cada elección se juegan la vida y se llevan entre los pies los anhelos de la gente.


Veamos: Marcelo de los Santos está inhabilitado por veinte años para ser funcionario público y le aplicaron una multa de siete mil millones de pesos. Con independencia del sesgo político que exista detrás de eso, el hecho concreto es que la sanción ahí está.


Ahora la lógica nos dice que de haber alternancia, esa sanción de olvidará y llegarán una nueva, una igual de estridente para el doctor y compañía.


Quizá lo que está ocurriendo es que a los políticos, a los partidos y a sus dirigentes, se les ha olvidado que el fundamento de la política es ejercerla para servir; tal vez se les sigue olvidando que el poder del voto que tienen los ciudadanos es para beneficio colectivo y no para eternizar en el poder a virtuales juntas de delincuentes.


Puede ser que la clase política sea tan estúpida que se imagina que siempre será igual: hoy nosotros y mañana ellos, hoy ellos y mañana nosotros. La consigna callejera es verdadera: la gente se cansa de tanta pinche transa.


No debe ser utopía o sueño guajiro: que se entienda entre los futuros candidatos a gobernador de San Luis Potosí, ser gobernador no es para nada ser el jefe de la pandilla, el administrador de la riqueza… el guía de los negocios.