lunes, 25 de agosto de 2014

La tercera es la vencida o es ahora o nunca

Al menos durante las últimas dos décadas,  los Valladares han figurado en la lista de candidateables a la gubernatura potosina del PRI y por lo general se les da la categoría de favoritos.

Puede ser Miguel o Pablo y también Juan Carlos. De súbito, cualquiera de los tres adquiere cualidades tales que pueden conformar el perfil del candidato ideal para el tricolor.

Uno de los hábitos más acendrados en la vena periodística potosina es el diseño de listas de candidatos a cargos públicos y el de gobernador en especial. No hay proceso electoral por venir en el que no se construyan más con suposiciones y chismes que con certezas, listados de nombres de potenciales candidatos.

Como sea, los Valladares siempre están ahí y para las elecciones del 2015 no es la excepción.

Para las elecciones de 2003, Miguel Valladares tenía todo listo. Fue destapado en una multitudinaria comilona, pero algo falló y se le cayó el proyecto, pero la candidatura era de ellos y lograron colocar a su ex empleado, Luis García Julián, que a la postre perdió la elección con Marcelo de los Santos.

Para el 2009, de nuevo se intentó que cualquiera de los tres Valladares fuera el candidato del PRI y ésta vez el que estaba en el ruedo era Pablo. No logró posicionarse y la familia optó por apoyar e impulsar a Fernando Toranzo.

En el proceso interno del PRI para elegir a su candidato, los Valladares colocaron a su principal círculo de amigos y colaboradores junto al precandidato Toranzo. No se reparó en gastos ni en trampas para llevar al doctor al triunfo en una interna en la que sobraron las marrullerías y compra de votos.

Luego, Toranzo ganó la elección al panista Alejandro Zapata y los Valladares hicieron fiesta pues por fin habían llegado a palacio de gobierno.

Ahora, a unos meses de que el PRI elija o designe por mandato presidencial a su candidato, de nuevo sale a la palestra el apellido Valladares. Y esta vez son dos: en cualquiera de las listas de aspirantes que ha publicado la prensa y los que aparecen en encuestas, ya aparecía el nombre de Pablo. Como por arte de magia, se ha sumado ya a Juan Carlos.

Desde que Enrique Peña Nieto ganó las elecciones presidenciales se predijo que a Juan Carlos Valladares le iría bien, que si le daba por meterse a la política sin duda tendría un futuro promisorio. Su amistad con Peña le allanaría cualquier camino que él estuviese determinado a tomar.

El empresario conoció al presidente cuando éste era funcionario del gobierno del Estado de México y se hicieron amigos. Compartían espacio donde atracar sus respectivos yates en alguna playa. Valladares no sabía entonces cual era el sorprendente futuro que esperaba a Peña.

Ambos pasaron de ser simples conocidos excepcionales a ser amigos de familia y eso es algo que el presidente Peña parece tener muy en cuenta.

Con ocasión de la ceremonia de presentación de la Gendarmería en la ciudad de México, según algunos reportes periodísticos, el presidente Peña al percatarse de la presencia de Juan Carlos Valladares en una de las tribunas de invitados especiales, se acercó y lo saludó efusivamente.

Tal muestra de afecto es suficiente para colocarlo en la lista de diez o doce o de quién sabe cuántos van ya, posibles candidatos del PRI al gobierno potosino.

El hecho ha impactado al mundillo político priísta que como se sabe, es muy dado a dar múltiples lecturas a un solo suceso sea cual sea éste.

Los bonos de Valladares estarían ahora muy por encima de los demás porque ninguno de los aspirantes mencionados antes de Valladares, podría presumir como éste, los lazos que le unen al presidente, quien no se debe de olvidar, es el mandamás del PRI y quien probablemente decidirá quienes será los candidatos de su partido en las entidades federativas donde las gubernaturas estarán en juego.

César Camacho, presidente del PRI lo dijo en su visita de hace unos meses a la capital: el PRI es el partido del presidente, es el partido peñista. O sea, el jefe nato como se decía antes en el partido, es el presidente y se hace lo que él dice.

Los Valladares tienen recursos económicos, grupos al interior del PRI a su lado,  controlan aunque ya reducida, ciertas áreas de gobierno y pueden presumir de ser soldados permanentes del PRI.


Quizá ya se las deben, al menos eso deben pensar.

lunes, 18 de agosto de 2014

Desconfiar de partidos y candidatos

La cuenta regresiva al siete de junio de 2015 continúa irremediable, los partidos se preparan y la autoridad electoral también. En unos meses más, habrá decenas de candidatos que desde auditorios, plazas y calles pedirán a los ciudadanos su voto.

Como suele ocurrir, la autoridad electoral emprenderá una campaña de exhorto al ciudadano para que ejerza su derecho al voto. Le dirán a la gente que puede estar segura de que su voto será respetado, que habrá elecciones justas, equitativas, claras y transparentes y en una cantaleta inagotable, se hará apología al valor del voto y la participación.

A su vez, los partidos y sus candidatos exaltarán a la sociedad y dirigirán mensajes plenos de compromisos y como siempre, dirán que el pueblo es primero,           que el del pueblo es un interés superior y que ellos, los candidatos si es que el voto les favorece se consagrarán en  cuerpo y alma las 24 horas del día en su afán por servir a la ciudadanía.

Ya se sabe que en las campañas sin importar partidos, candidatos y cargos en competencia, lo básico es el bla-bla-bla; la demagogia a sus anchas: les prometo acabar con la pobreza, les prometo acabar con la delincuencia, les prometo acabar con el desempleo, les prometo más escuelas y hospitales, les prometo carreteras, puentes, libramientos, autopistas, pero sobre todo, les prometo servirles con amor y compromiso.

Esa simulación cargada de falsedades siempre está presente en las cuyunturas electorales y en la del siete de junio próximo no será la excepción. Los partidos, los políticos y los candidatos no cambian, en su ADN está esa proclividad al embuste.

Sino, simplemente hay que echar una mirada a los resultados de la Encuesta Nacional Sobre Calidad de la Ciudadanía 2013 realizada por lo que fue el Instituto Federal Electoral, hoy Instituto Nacional Electoral.

En el apartado de Valores y Calidad de la Ciudadanía está el resultado de la valoración que hicieron los mexicanos de sus instituciones públicas más importantes. Entre diecisiete instituciones públicas, la de los diputados es la que tiene menos confianza de todas y le siguen los partidos políticos.

Vaya drama: en el lugar dieciséis de las instituciones con menos confianza de la sociedad están los partidos políticos, de los cuales, surgirán los candidatos a gobernador del estado, a presidentes de los 58 ayuntamientos, a diputados locales en los quince distritos de mayoría en el estado y los siete diputados federales de mayoría.

Menos del veinte por ciento de la población tiene confianza en los partidos políticos, pero son ellos los que postulan a los candidatos. La Lógica dice que si los partidos gozan de la desconfianza ciudadana, lo mismo es para sus dirigentes y representantes populares emanados de tales instituciones.

En San Luis Potosí habrá elección de gobernador pero la gente no cree en su gobernador, no confía en su gobernador, de ahí que de acuerdo con la encuesta, el nivel de confianza en el gobierno estatal es de apenas 30 por ciento.

La confianza en los ayuntamientos anda por esos m ismos niveles, pero los más desconfiables son los diputados con una aceptación menor al veinte por ciento.

Y cómo puede haber confianza en los partidos políticos que engendran seres de la más baja calaña que se sirven del poder y del presupuesto público sin el menor desdoro, o bien, que tranzan impunemente.

Ahí está el junior hijo del gobernador con licencia de Michoacán, en pláticas con La Tuta, el ahora ex dirigente del PRI en el Distrito Federal, Cuauhtémoc Gutiérrez a la cabeza de una organización de prostitución y trata de mujeres, los diputa-bles mochos del PAN, los diputados federales que pretendían repartirse un millón de pesos por cada uno de los 500 legisladores.

No hay duda, los partidos políticos son la peor de las instituciones públicas del país y pese a ello, de entre sus filas saldrá el próximo gobernador del estado, lo cual bien mirado, puede anticipar que no será precisamente el mejor gobernador que puedan esperar los potosinos.

La pésima calificación que da la ciudadanía a los partidos y que los coloca al límite con el retrete, se puede agudizar aún más porque los partidos si tienen capacidad para caer más bajo.

Solo hay que esperar  un poco más y en cuanto los partidos inicien sus procesos internos de selección de candidatos, empezará la guerra de lodo, la competencia en medio del estercolero.

Más que propuestas habrá acusaciones, dimes y diretes acerca de desbarres personales, señalamientos flamígeros de pasados oscuros, denuncias de corrupción y más. Entonces, los partidos y sus candidatos se mostrarán tal cual son cuando de lo que se trata es de alcanzar el poder.

La encuesta del INE la puede ver el ciudadano como una advertencia: ¿usted va a darle su voto a un partido en el que no confía?

¿Aceptará una despensa o un paquete de materiales a cambio de su voto?

¿Se mantendrá tan ingenuo como para darle valor a la demagogia de políticos sin palabra y acabará dándoles sui voto?

¿Aceptará una tarjeta cargada con unos cuantos pesos a cambio de su voto?




Bien, si los partidos no tienen la confianza del país ni la propia de los potosinos, ¿entonces para que ir a votar por sus candidatos, por sus plataformas políticas y sus “proyectos” de gobierno?

lunes, 11 de agosto de 2014

Gracias a Dios ya falta menos para que termine (Zapata dixit)

En la sede del Comité Directivo Estatal del Partido Acción Nacional instalaron un reloj que va contando los días, las horas, los minutos y segundos para las elecciones del siete de junio de 2015. Cada que un panista voltea ver el cronómetro piensa en que el regreso al poder es eso, solo cuestión de días y horas.

Ahí junto al reloj que fue colocado en  una pared de un salón que hace las veces de sala de prensa, Héctor Mendizábal Pérez, presidente del PAN en el estado me dijo que el de Toranzo ha sido un gobierno del fracaso.

Le pregunté si acaso no hay una sola obra, programa, acción o logro de Fernando Toranzo que le signifique un aplauso o reconocimiento de la oposición. Tras pensárselo brevemente respondió que “lo único positivo de este gobierno es que ya se va acabar”.

En serio, objetó el dirigente del blanquiazul: si se revisa entre los positivo y lo negativo del actual gobierno no vamos a encontrar nada, hay mucho más de qué criticar de lo que los potosinos podríamos festejar.

Ahí mismo, en donde el reloj va descontando los días y las horas para el momento crucial en que se instalen las urnas, Alejandro Zapata Perogordo evaluó que el gobierno de Fernando Toranzo ha sido de venganzas y revanchas.

Ya gracias a Dios falta menos para que se termine, dijo al referirse al sexenio de Toranzo.

“Yo he estado en la huasteca y allá no he visto más que desesperanza, inseguridad, secuestros, muerte y abandono. Si vamos al altiplano casi podemos observar lo mismo, en la Zona Media no hay obras y en la capital, en la realidad hay una ciudad a la que no se le ha dado mantenimiento”.

Luego observó que los gobiernos estatal y municipal capitalino “han sido gobiernos de puertas cerradas, no están abiertos ni escuchan a la gente para unir esfuerzos, hay un gobierno de rencores y venganzas, un gobierno sin avances sustanciales”.

Como se podrá apreciar, en el PAN hay certeza de que el gobierno de Toranzo será la materia prima de la campaña de todos los candidatos del partido.

El mandatario se convertirá en la principal figura retórica del discurso político de campaña del panismo que está ya dedicado a explotar deficiencias, yerros, omisiones, equivocaciones y todo aquello que de negativo se pueda resaltar del gobernador.

Las baterías de la campaña panista, se dirigirán un día sí y el otro también a la cada vez más reducida, gris y borrosa imagen del gobernador. Todo hace suponer que no habrá clemencia y que el discurso será lapidario para el ejecutivo.

Sin embargo, los panistas primero se deberán poner de acuerdo entre ellos para sacar un candidato a gobernador sobre el cual no queden residuos de rencores como le ocurrió a Zapata en 2009. Tienen que ponerse de acuerdo para que al sacar a su candidato, se le blinde de probables traiciones como sucedió hace unos años.

Pero será difícil ponerse de acuerdo cuando los egos andan tan elevados, tan inflados, tan irresponsablemente triunfalistas.

Son siete los aspirantes a una candidatura, de grupos contrarios y con perfiles opuestos. Son siete que ven la gubernatura en sus manos al creer ingenuamente que el mal gobierno de Toranzo es más que suficiente para ganar el siete de junio.

Son siete, pero en realidad solamente debiera haber dos, los que representan a los grupos que controlan al partido, a saberse, el de Alejandro Zapata y el Círculo Azul. Son siete aspirantes, pero sirven solo para hacer ruido e intentar dar algo de qué hablar. En realidad son los mismos.

Son siete porque no han entendido de la historia reciente del partido: insisten en esa simulación muy panista de que en ese partido si hay democracia, que en el PAN la militancia decide, que en el PAN cualquiera puede aspirar y ser candidato.

Es para mofarse, pero así es.

En la primaria del 2009 para elegir candidato, ganó Alejandro Zapata pero los derrotados no se lo perdonaron y luego se aliaron con el PRI para derrotarlo.

En la primaria del PAN para elegir candidato presidencial en 2012 se apuntaron media docena y al final el partido quedo tan fracturado que Josefina Vázquez no tenía otro destino que la derrota, misma que llegó a convertirse en vergüenza al colocarse el PAN en el tercer lugar por abajo del PRI y el PRD.

En estos momentos en el PAN potosino hay claridad en torno a que gracias al gobierno desastroso de Toranzo, hay muchas posibilidades de triunfo, pero también está claro que eso puede resultar insignificante si entre los aspirantes se pelean y se almacenan rencores para más tarde.

De momento en el PAN las cosas parecen ir por el camino correcto y hasta Alejandro Zapata a quien en 2009 se le reclamó por su actitud soberbia, ha reconocido que si a él no le toca, se sumará al que resulte electo.

“No hay preferencias para ninguno de los siete aspirantes y que todos somos compañeros, no nos vamos a pelear. Yo los estimo a todos y no me voy a pelear con nadie de los que tengan la posibilidad de encabezar, como punta de lanza, el proyecto del PAN, que es un proyecto a favor de San Luis Potosí”.

“Si me toca a mí ser candidato no podre solo, necesitará un equipo con el apoyo de los liderazgos del partido, pero igual si le corresponde a otro, que me cuenten como el primer soldado que estaré listo para impulsar y apoyar el proyecto del PAN”.


Y bien el reloj sigue su marcha en el PAN, pero es probable que su eventual triunfo del siete de junio se decida antes en su elección interna: Si se comportan civilizadamente y no se bronquean, si se reparten el pastel de las candidaturas “democráticamente”, ya después tendrán tiempo de enviar a palacio de gobierno una caja de chocolates por su invaluable ayuda para que el partido regresara al poder.

lunes, 4 de agosto de 2014

De los partidos satélite como el Verde

Hubo un tiempo en que se les conocía como partidos “satélite” o bien con el extendido peyorativo de partidos “morralla”. También se les reconocía como “membretes” puesto que su única representación era la de sus siglas, por lo general simples y oportunistas.

El sistema político mexicano tan necesitado de alcanzar cierta legitimidad y credibilidad a sus procesos electorales controlados por el gobierno, tuvo la ocurrencia de darle rostro a la presunta pluralidad y diversidad de pensamiento e ideológica del país y abrió la puerta a la creación de partidos políticos.

De hace una veintena de años para acá, es seguro que en cada elección federal o estatal surgían nuevos partidos políticos y se pensaba con ello que se enriquecía la baraja de opciones para el electorado, aunque en realidad no era así.

Por ejemplo, en las elecciones de 1991 en San Luis Potosí, se creó una gran alianza en favor de la candidatura de Salvador Nava Martínez. El Partido Acción Nacional, el de la Revolución Democrática y el Demócrata Mexicano se unieron para ir por la gubernatura.

Les unía el propósito de lograr, como se decía entonces, derrotar al PRI que era sinónimo de corrupción.

Siempre ha habido alianzas entre partidos políticos para ganar en las urnas el poder público o algunas parcelas de éste. El PRI hacía hasta hace unos años alianzas con partidos que solían sobrevivir solamente por corto tiempo y que caían en el olvido con la misma rapidez con la que surgieron.

De alianzas infumables y coyunturales al PRI solo le ha sobrevivido la que mantiene con el Partido Verde Ecologista. Este partido que es algo parecido a un partido “sanguijuela”, se ha aliado con toda clase de partidos porque su propósito siempre ha sido el de lograr el número suficiente de votos para mantener su registro.

En San Luis Potosí, el Verde es una franquicia familiar y al mismo tiempo un club de Tobi que aunque no ha ofrecido nada al electorado ni al estado, ha mantenido espacios de poder gracias a su alianza con Fernando Toranzo.

Los del Verde son especialistas en la simulación, son ecologistas de closet y se han convertido en una burocracia política tan influyente que son capaces de patear el pesebre de donde han sacado para comer, sin que eso les quite el sueño.

En su alianza con Enrique Peña Nieto, el Verde se aseguró la entrada a la burocracia federal y al pleno acceso a los recursos públicos. Esa alianza con el PRI de Peña les asegura mantener su registro e incluso de darse aires de que sin ellos, el PRI no sería nada.

A los del Verde se les ha podido ver negociar cargos en la burocracia del ayuntamiento de la capital, de gobierno del estado y en el poder legislativo puesto que lo que menos les importa es la sociedad. Ellos siempre han tenido claro que van por el poder, aunque sean migajas. No aspiran a ganar una elección, sino que les llueva también en su milpita.

Ahora ya con vistas a las elecciones del 2015, el Verde ha empezado a hacer su juego y en eso no tiene el menor reparo de caer en la falacia y el engaño. Amagan con hilar una alianza con el PRD y el PAN, cuando es público y notorio que es un partido bisagra pegado al PRI.

Su presidente y hasta hace poco secretario de Ecología y Medio Ambiente en el gobierno estatal, Manuel Barrera, sabe muy bien que su partido no tiene futuro sin el PRI. El Verde no tiene fuerza ni presencia para ganar ya no digamos la gubernatura, sino siquiera una presidencia municipal.

A su vez, en el PRI saben que sin el Verde es probable que dejen ir unos cuantos miles de votos que en el conteo final les hagan falta. Los partidos saben que se necesitan unos a otros, pero solo para ganar una elección, no para gobernar con sentido de calidad y eficiencia.

Desafortunadamente, en México las alianzas tienen poco de programático y si mucho de interés político. Lo único que les une es ganar más prebendas públicas, consolidar al partido para recibir más presupuesto público, alcanzar espacios de poder para repartirlo entre dirigentes, sus familiares y amigos.

Nunca hay una alianza de ideas, de proyecto y de programa de gobierno. No, de eso mejor ni hablar, mejor hay que ganar a como dé lugar las elecciones y, ya luego hablamos de cómo le vamos a hacer.

Ante el ya próximo inicio del proceso electoral 2015, todos los partidos políticos han empezado hablar de alianzas, los de izquierda, los de derecha, los del centro, todos y coinciden que las alianzas pueden ser tan amplias como sea posible.

Eso es cierto, pero eso es lo de menos, el caso es que hasta ahora las alianzas no se han reflejado en mejores gobiernos ni en mejores servidores públicos. Mario García es alcalde postulado por una alianza del PRI y el Verde ¿Es un buen gobierno, un gobierno diligente, eficaz y eficiente? Pues no, no lo es.


Que se alíen los partidos por otra parte, hace esperar un proceso electoral muy cerrado entre partidos débiles que por sí mismos, saben que no pueden ganar, que saben que no tienen la confianza del electorado y que saben que para poder ganar, hay que repartir el pastel antes de tenerlo y de partirlo.