lunes, 29 de diciembre de 2014

El año que se va


El año se va, 2014 se diluye en nuestras manos. Se va 2014, un mal año. Más tristezas y dolor que alegrías, más desamparo que prosperidad, pero igual y para algunos habrá sido un buen año, quizá para los delincuentes, para los funcionarios corruptos, para los que atesoran más capitales a costa de la miseria de muchos.

El año que se extingue nos ha dejado la imagen de México como un país podrido e infestado de delincuentes. Un país corroído por la corrupción y empantanado en los lodos del conflicto de intereses, desde la Casa Blanca hasta el humilde Porche del hijo de un funcionario del INFONAVIT.

Quedan unos pocos días para que el año se convierta en memoria mientras la violencia de manera sistemática deja desolación por todos lados. Decenas de miles de muertos, cientos de secuestrados, miles de extorsionados. Decenas de miles de víctimas en un país donde parece no haber leyes.

Se está acabando el año y en unos días los momentos de fiesta se evaporarán como una ilusión para ocuparnos de nuevo de nuestra socarrona realidad. Más pronto de lo que nadie se espera, estaremos en el umbral de la cuesta de enero. Una cuesta de enero que se ha extendido como una maldición más allá de varios meses y que año con año ve cómo se forma una kilométrica fila de la desolación.

2014 se muere literalmente y nos ha dejado dolorosas sacudidas por cataclismos. El mundo se nos ha venido encima y nos ha aplastado como una enorme roca que cae sobre el minero indefenso. Es el año en que descubrimos que las autoridades de gobierno están coludidas con el crimen organizado.

Los políticos se mostraron en este año que se va como lo que son: seres irredimibles en los que no cabe el pudor, que detestan la verdad y abominan de la ley. Seres de  baja ralea que saquen las arcas públicas, endeudan a los ciudadanos y derrochan los dineros de los impuestos en lujos y excentricidades.

Uno quisiera encontrar cierta luz de esperanza en los pasajes de la vida nacional que deja 2014 perro no hay de dónde tomar nada. El ejército, la iglesia, los ministros y magistrados, los legisladores, los alcaldes y gobernadores, los regidores y síndicos, los poderosos empresarios, los especuladores y los dueños de capitales grandes y gigantescos, todos aportaron para tener un mal año.

Se va un año de anarquía y de anarquistas, de autoritarismo combatido con rebeldía y alzamientos de la ciudadanía en las calles. Ha sido el año en que parece que todos nos cansamos de todo. Nos cansamos del presidente Peña, de su procurador Murillo, de su secretario Osorio, de su vocero, Sánchez, de su tesorero, Videgaray, de su Gaviota, de su copete, de su propaganda, de todo, se ha cansado la sociedad.

2014 es probablemente el año en que nos cansamos de mantener un silencio eterno, una inmovilidad funesta, una complicidad supina. El año se va y con él parece quedar sepulta toda una vida de desidia y omisión ante la cosa pública. La sociedad ha despertado en el buen sentido de la palabra: ahora se interesa por lo que le afecta y reclama por sus derechos.

Aun no es la mayoría, pero ya son más.

2014 si es el año en que nos hemos cansado de vivir con tanta zozobra, un año deprimente capaz de aplastar el ánimo de cualquiera: el México en paz no ha llegado y ya van dos años y claro, la gente se cansa porque ese tipo de promesas son una ofensa.

Y en San Luis también, el 2014 se muere a la par que el sexenio. Nueve meses le quedan de vida (política) al gobernador de la sospecha, el gobernador de la burla, el que dio su mensaje de navidad y año nuevo rodeado de los niños más pobres del estado, los de Santa Catarina, lugar cuarenta entre los más míseros del país.

Toranzo ha hecho que 2104 pase a la historia como el año en que elevó la deuda pública a sitiales insospechados al rayar los cinco mil millones de pesos.

Toranzo ha hecho posible la estafa alemana al abrir las arcas públicas y dar tres mil millones de pesos a cambios de mil 500 fuentes de empleo precario y mal pagado. 2014, el año en que BMW hizo negocio con los potosinos.

Pero ahora viene lo peor, un 2015 de elecciones. Toneladas de basura propagandística, carretedas de promesas falsas, hordas de políticos en busca de un hueso, candidatos en piel de oveja que esconden el lobo que llevan dentro. Viene un año de elecciones y cientos de millones de pesos materialmente tirados a la basura en aras de sostener una democracia de caricatura.

En unos días se festejará que a Dios Gracias ya está por irse el doctor, pero quizá el que venga resulte peor.


lunes, 22 de diciembre de 2014

Días de definiciones importantes se vienen en el PAN

En el Partido Acción Nacional cuentan con suficientes días  para reflexionar sobre su futuro en las elecciones de 2015. Tienen días de sobra para decidir si van por una candidatura fuerte a gobernador o si de nuevo, irán fracturados, enconados, soberbios y vengativos.


En el PAN vienen horas de definiciones políticas porque ya no es momento de grillas de poca monta. Es simple, deciden cómo ganar las elecciones o cómo perderlas, ellos son los que deciden.


Dicen que no hay que hacer cosas malas que parezcan buenas y en el PAN deberían estar conscientes de eso.  
Están en el momento justo para intentar hacer de la política un instrumento que les ayude a tomar acuerdos respecto de lo más importante para un partido: la fortaleza política para alcanzar el poder.


El pasado viernes, se emitió la convocatoria para el proceso interno de elección del candidato a gobernador por el PAN. El día nueve de enero es la fecha marcada para el registro de precandidatos, es decir, les quedan diecinueve días para buscar y lograr acuerdos políticos que eviten una conflagración.


El escenario para el PAN no es para nada complicado: según la encuestas realizada por la empresa ARCOP, Alejandro Zapata Perogordo es el político panista mejor posicionado en el ánimo de la ciudadanía, es el mejor calificado, el que mejores conocimientos tiene, logró más opiniones positivas que negativas y es en suma, la opción más sólida.


El periodista David Medrano publicó ayer los resultados de esa encuesta según la cual, Zapata logró las mejores calificaciones frente a Sonia Mendoza, Luis Manuel Calzada y Mario Leal.


La muestra estadística elaborada por ARCOP para el PAN no deja lugar a dudas de que Zapata es el mejor candidato que puede tener ese partido, sin embargo, no parece ser suficiente.


Hasta hace unas semanas, el futuro electoral del PAN era semejante a un infierno por venir: la renuncia del senador Octavio Pedroza a participar en el proceso interno tras denunciar los hilos antidemocráticos que el Círculo Azul mueve en el partido.


El empecinamiento  y quizás, el capricho de ese grupo encabezado por Héctor Mendizábal, Sonia Mendoza y Juan Pablo Escobar de apropiarse de todas las decisiones del partido así como de las candidaturas.
La percepción de que en el PAN la división interna era ya un hecho irremediable y que no serían capaces de solucionar sus problemas internos.


Estas eran solo algunos ejemplos del negro panorama que se veía en el PAN, pero tras la realización de la encuesta, las cosas parecen haber cambiado de manera radical, pues se demuestra que el Círculo Azul no tiene la fuerza que aparentaba tener.


Si bien Sonia Mendoza y Mario Leal, perdedores en la encuesta de inmediato defendieron sus aspiraciones al advertir que si habrá elección y no candidatura de unidad, sobre esa base en el PAN deberían empezar a hacer de la política un instrumento civilizado para alcanzar un acuerdo.


En ese punto, el Comité Ejecutivo Nacional que encabeza Ricardo Anaya, se ha logrado ya una serie de acuerdos para que en seis estados no haya proceso interno sino candidaturas únicas. San Luis Potosí no estará alejado de esa opción.


En la alta dirigencia del PAN si se han dado cuenta de lo desastroso que ha sido realizar elecciones abiertas que luego de convierten en cochinero y que dejan al partido muy mal parado ante la opinión pública.
De hecho, el PAN empezó a perder la presidencia de la república con su desgastante elección interna que llevo a Josefina Vázquez Mota a ganar la candidatura pero a perder el apoyo de una fracción muy importante de su propio partido.


En San Luis esa historia se ha repetido y pareciera que no se ha entendido la lección. Hay panistas muy reacios y necios a ver primero por el partido y luego por ellos. Un partido así, más temprano que tarde se desmorona y se convierte en apenas facción.


De aquí al nueve de enero cuando se realiza el registro de precandidatos, las dirigencias nacional y estatal del PAN tienen la oportunidad de abrirle una oportunidad a la buena política, al buen entendimiento en aras de tomar la mejor decisión.


No hay que inventar el agua tibia, la realidad panista es simple: hay dos panistas con potencial real de triunfo, Alejandro Zapata y Octavio Pedroza, pero no son del Círculo Azul sino todo lo contrario.
Que el mejor calificado sea un panista que ha perdido dos elecciones consecutivas demuestra que el Círculo Azul no ha hecho su tarea y que se ha estancado en sus pequeñas ambiciones sin generar cuadros políticos fuertes.


Que luego esté el senador Pedroza como la tercera vía pese a que se ha cansado de criticar las formas en cómo se ha manejado al partido en los últimos años, solo demuestra que el PAN se ha negado a cambiar y sigue actuando como partido de oposiciones mezquinas y convenencieras.


En el PAN y sus grupos está aún la decisión, en ellos está si van por el triunfo en el 2015 o desde ya empiezan a hilvanar el tejido de su derrota.


lunes, 15 de diciembre de 2014

Dedazo hasta enero en el PRI: cuando crean que la sociedad empezará a olvidar



El Partido Revolucionario Institucional quiere tomárselo con calma. Va paso a paso, como meditando sobre lo que hay que hacer. No es oportuno hablar de planes acerca de un futuro promisorio ni es tampoco momento para presentarse a la sociedad como los abanderados de sus más caras demandas.

Los días, las semanas y los meses del pasado reciente  y muy probablemente los que están por venir no han sido ni serán los más aptos para la política electoral. Aun son días de luto e irritación, no de consignas políticas de inopinados salvadores de la patria.


No parece ser lo más prudente por ahora, decirle a la sociedad: aquí están nuestros candidatos, confíen en ellos, crean en ellos, escúchenlos, pongan su presente y su futuro en ellos, voten por ellos.
No es la hora propicia para que el PRI, como partido en el poder, salga y diga a la sociedad aquí están mis candidatos y aquí están nuestros compromisos. A nadie le interesa eso, salvo a los propios priístas.
Hace unos días, el Grupo de Economistas y Asociados (GEA) publicó los resultados de una encuesta tan reveladora como preocupante: los partidos políticos, pero el PRI a la cabeza, enfrentan la peor caída en los índices de confianza y credibilidad de la sociedad.


El PRI es el partido que más simpatías ha perdido en los últimos meses, es al que menos se le cree y en el que menos se confía. Su mala imagen va de la mano de la del presidente Enrique Peña Nieto al que seis de cada diez ciudadanos, no le creen.


Según el estudio, si las elecciones estatales y federales se realizaran hoy, el promedio de ausencia de los ciudadanos en las urnas sería del 70 por ciento. Solo tres de cada diez ciudadanos irían a votar, tal es la desconfianza en las instituciones públicas, gobiernos y partidos políticos.


El PRI con su largo y retorcido colmillo que apela al principio de que sabe más el diablo por viejo que por diablo, sabe que en días hostiles lo más inteligente es esperar a que se atenúen los ánimos sociales por hoy tan beligerantes.


Primero, el llamado presidencial a superar la tragedia de Ayotzinapa, luego, la cúpula empresarial en pleno llamando a superar el presente para no perder el futuro y luego, el PRI, llamando a liberarse de lo

s fantasmas de la muerte porque México no debe tener como sitial la página roja de la prensa mundial.
Luego, la asfixiante perorata mediática en contra de la protesta, las especulaciones sobre el turbio trasfondo político detrás de la protesta social, la diatriba del poder público para hacer notar que protestar contra el presidente es como atentar contra la república.
Con todo, el PRI reconoce que sus tiempos de desatapes y de entronación del dedazo no son por ahora los mejores, no porque estén llegando las posadas y luego la navidad y luego el fin de año. La espera no es por los días de fiesta, sino por los momentos tan críticos que enfrenta el presidente y el partido.


Ha habido demasiadas ofensas a la sociedad y ésta vez el silencio y la inmovilidad se han roto para dar paso a una sociedad tan activa y exigente como nunca se ha visto. Es una coyuntura histórica no apta para esa patraña llamada campañas electorales.


Cesar Camacho Quiroz vino de nuevo a San Luis Potosí con el mismo mensaje de visitas anteriores. El partido tomará su decisión y se tiene que acatar. No es que ustedes no puedan decidir, pero somos como una familia, somos un equipo y nosotros los vamos a acompañar para tomar la mejor decisión.


El presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI trajo la idea de mantener al partido encapsulado en su única realidad, la electoral interna, no cabe nada más, como si el partido fuese una ínsula en la que no influye ni el tiempo ni la circunstancia social que, como bien se sabe, es de terror e incertidumbre.

Vino de nuevo a decir a los aspirantes a la joya de la corona, como le llamó a la candidatura a gobernador, que tengan paciencia, que sean disciplinados, que vean por los intereses del partido y no los de ellos, que sin unidad no hay triunfo posible y que si el partido no gana, simple y sencillamente todos los priístas pierden.

De lo que se trata es de generar el ambiente y escenario propicio para elegir candidato pues por ahora eso es prácticamente un suicidio, es como lanzar al candidato a la hoguera de ira social que corre por todo el país.

Dice Camacho que el partido quiere un país donde no exista corrupción, injusticia, inseguridad e impunidad. Si en estos momentos hubiera candidatos del PRI y salen a decir eso a la calle, es posible que de menos, les mienten la madre.
¿Cómo puede ofrecer el PRI combatir la corrupción si continúa a flor de piel el sospechoso caso de conflicto de interés de la casa blanca y de la mansión de Videgaray.
Tal vez en el PRI creen que es mejor esperar a enero, estirar los días lo más que se pueda  con la esperanza de que año nuevo, vida nueva.
Desafortunadamente para el PRI no será así y sus candidatos serán probablemente para 2015 los primeros damnificados del sexenio peñanietista, cuyo deslumbrante amanecer de reformas se oscureció demasiado rápido a fuerza de excesos, corrupción e impunidad.



lunes, 8 de diciembre de 2014

El PRI del Enrique Peña candidato de ayer y el PRI del gobernador Toranzo de hoy

Con el fin del Calderonato, en trayecto a los comicios del 2012, el Partido Revolucionario Institucional estaba en la cresta de la ola. De la mano de Enrique Peña Nieto, el PRI regresó victorioso del tercer lugar en las elecciones de 2006.

El tricolor recuperó la presidencia y espacios perdidos desde gubernaturas pasando por ayuntamientos y diputaciones federales y en todo el país. El resurgimiento del PRI se logró porque el partido iba de la mano de un candidato popular abrazado por el duopolio de la televisión en México.

Desde antes de la jornada electoral de 2012, el PRI sabía que iba a ganar, el PAN se había desbarrancado. Solo era cuestión de saber con cuantos votos marcaría la diferencia y solo se preocuparon cuando vieron que Andrés Manuel López Obrador había llegado muy cerca.

El PRI en ese momento todo se lo debía a Peña Nieto, a ese candidato que arrastro millones de votos en cascada para otros candidatos del partido. Con Peña, en el PRI llegaron a creerse que los añorados  tiempos delo carro completo habían regresado, que por fin había terminado la pesadilla de la alternancia en el poder.

Ahora, en trayecto a las elecciones federales y locales de 2015, el panorama para el PRI no es para nada promisorio. Las elecciones semejan más una terrífica tormenta que se avecina y que amenaza con traer desolación y catástrofe.

En un día como hoy de 2012, Enrique Peña Nieto cumplía apenas una semana como presidente y el elixir del triunfo aún no se diluía sino que en el paroxismo de los nuevos tiempos, se construían planes acerca de un futuro que no ha llegado hasta hoy.

México empezaba lo que se esperaba una nueva ruta al desarrollo y el presidente y su partido seguían en la cresta de la ola. Con el poder público y el poder político en sus manos, ese binomio estaría seguro de haber regresado para nunca más volver a dejar el control del país.

Dos años después, el PRI al igual que Peña ya no está en la cresta de la ola sino que están metidos en un tobogán que parece no tener otro fin sino el del abismo electoral. Si el partido en su momento se benefició de la imagen y poderío de su candidato, ahora no puede preciarse de lo mismo.

Con destino a las elecciones de gobernador, presidentes municipales, diputados locales y diputados federales en San Luis Potosí, el cuadro se percibe aún más complicado, pues al evidente y creciente deterioro de la imagen presidencial, se suma el intrascendente y diminuto gobierno de Fernando Toranzo.

El PRI está muy lejos de enfrentar condiciones favorables en las elecciones potosinas del año entrante: su infortunio, es que la debacle que enfrenta el PAN por sus pugnas internas, no tiene punto de comparación con el mortífero desgaste que supone en el ejercicio del poder y, para peor, el mal ejercicio de ese poder público.

Un bienio de Peña que lo tiene en lo más profundo de las mediciones de confianza y credibilidad ciudadana y, un sexenio de Toranzo insignificante y medroso no son precisamente las mejores cartas de presentación del partido y sus candidatos.

Un gobierno quejumbroso y falto de iniciativa y escaso de voluntad para atender los problemas presentes de la gente. Un gobierno sin ambición para pensar en el futuro y dedicado a mal administrar el poder con el apoyo de cuantas manos entrometidas estuvieran dispuestas, no es precisamente lo que el PRI quisiera que esté presente en el ánimo de los electores.

Pero el PRI no solo es la cara del gobierno de Toranzo, también lo es de la mediocre administración municipal capitalina de Mario García. La cara del PRI es también la de su mayoría en el Congreso del Estado tan dada al dispendio de dinero público y tan dócil al ejecutivo como un redil de ovejas que llevan a pastar.

Más aún, la cara del PRI en el aquí y ahora, es la de una baraja de aspirantes que no sirve ni para armar un poco de ruido en torno a sus personalidades, trayectorias y perfiles. El puñado de aspirantes en el PRI ha resultado tan poca cosa, que dan lástima.

Por ejemplo, unos andan repartiendo calendarios 2015 con su fotografía y sus anhelos de servir a los potosinos, otros utilizan los medios de comunicación de los que son propietarios para promocionarse o en su caso, para amenazar a su partido con la trillada especie de que “exigimos respeto, queremos candidatos, no al vapor”.

Y otros,  promoviendo filtraciones a columnistas y articulistas de la prensa para decirles que la verdad es que Mario va adelante, ya está decidido, es él. Y otros, es que Juan Carlos es bien cuate del presidente. Y otros, es que Juan Manuel es un gran tipo y hasta es doctor y es bien visto por casi todos. Y otros como José Ramón realizando reuniones con quienes se dejen para engañarse a sí mismo de que tiene una chance.

Visto así, aspirantes de perfil bajo y capacidades dudosas, un gobierno torancista para llorar y una gestión presidencial errática e inconsistente bien pueden ser la fórmula de la derrota que viene para el PRI.

Según pronósticos del Banco de México, es probable el inicio de una espiral inflacionaria apenas empiece 2015, el crecimiento económico de México será inferior al esperado al cierre de este año, la sangría de muerte no cesa y el país se encuentra a sí mismo en fosas y los rostros de los desaparecidos.

La corrupción anda rampante por el gobierno en todos sus niveles y los casos de conflicto de intereses se multiplican, la gente pierde la confianza y se derrumban las esperanzas puestas en sus gobernantes.

Para el PRI el año electoral que viene es de pronóstico reservado: con malos gobiernos y endebles perfiles de aspirantes a candidatos, no se puede esperar nada bueno.




lunes, 1 de diciembre de 2014

A dos años de su presidencia, Peña en el Despeñadero



Hoy la figura presidencial está más maltratada que nunca. Hoy, se anunció, esa figura antes mítica, temida y por ello, adorada inconmensurablemente, será quemada una vez más en la vía pública. La figura presidencial será pasto de las llamas, igual que ocurrió a las puertas de palacio nacional el pasado veinte de noviembre de triste memoria.

Hoy, esa figura icónica del poder en México, es Enrique Peña Nieto. Un presidente en desgracia. Hoy, cumple dos años como presidente de México y el escenario no es festivo sino de tambor funerario.

Hoy es distinto a ayer, las ovaciones y el aplauso estentóreo se han ido apagando mientras que la irritación social crece. La esperanza de cambio ha sido suplantada por la sospecha y la desconfianza.

Hoy empieza el tercer año de gobierno de Peña, una mitad de camino que parece haber llegado de manera prematura. Peña inicia hoy el camino a su tercer año de gobierno y lo hará sin contar con el respaldo de toda la nación. La crisis lo amerita, pero no ha convencido que le sigan: no hay confianza sino incredulidad, escepticismo.

Hoy, Peña en su segundo aniversario no acaba de salir del lado oscuro del poder, de ese lado cubierto de sombras y terror, donde habitan los demonios de la corrupción, de la injusticia, del crimen y del conflicto de interés. Vive en una casa blanca que es reflejo real y vergonzoso del México que ya no puede seguir así.
Hoy, En su segundo año, Peña lleva en sus manos un decálogo de compromisos, plan, propuestas, proyectos, estrategias o como se le quiera llamar. Con ellos quiere cambiar a México, quiere que México no diga igual. Si no ha podido mover a México, no se ve como lo podrá cambiar.

Hoy, en el segundo informe presidencial la sociedad tiene también su informe: el de la frustración, el del terror, el del dolor, el de la represión, el de la desaparición forzada, el de la convivencia entre las instituciones públicas y el crimen organizado.

Hoy, ya no es el día del presidente, hoy es el día del patíbulo, como el que anunció la Asamblea Popular Ayotzinapa, San Luis para quemar la figura presidencial  al pie del edificio del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional.


Hoy son ya 66 días de la desaparición forzada de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, los que se los llevaron no los han regresado. Hoy hace 66 días la sociedad empezó a cambiar a México. Lo que el presidente Peña no logró más allá del propagandístico Moviendo a México, la sociedad lo ha logrado.
Hoy México está horrorizado. A octubre de este año, suman 27 mil 385 homicidios el cincuenta por ciento de ellos, del tipo doloso relacionado con el crimen organizado.

Hoy México tiene miedo. A octubre del año sumaron mil 228 secuestros y cinco mil 077 casos de extorsión.
Hoy México se siente inseguro. A octubre fueron denunciados un millón 351 mil 234 delitos del fuero común.
Hoy las cosas no han cambiado como se prometió con la idea de dar a los ciudadanos un México en Paz. Según la estadística del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en lo que va del gobierno de Peña Nieto van 62 mil 288 homicidios.

Hoy el rostro macabro de la violencia sigue presente y no hay diferencia a lo que ocurría en el ayer del anterior sexenio.

Ojala y fuera otra cosa, ojala y en este momento la república estuviese celebrando el fulgurante arranque de un gobierno eficiente y exitoso. Desearíamos celebrar dos años de un gobierno arropado por su gente, respetado por todos, admirado por su honestidad y por la pertinencia de sus decisiones.

Desearíamos celebrar dos años del amanecer de un nuevo día para un país cansado de plagios y ejecuciones, una república harta de sus políticos mezquinos y miserables. Ojala y ya no siguiéramos igual como ha dicho el presidente.

Por eso, porque el país ya no puede seguir igual, es que ya no es permisible creerse ideas imposibles como que en cuatro metros cuadrados fueron incinerados cuarenta y tres cuerpos.

Por eso, porque el país ya no puede seguir igual, es que un juez determinó liberar a los once detenidos el pasado veinte de noviembre durante las protestas por Anotziyapa. Lo hizo porque la gente no se quedó callada y exigió su libertad, no ha sido una concesión sino un triunfo popular que en contadas ocasiones se dan.


Por eso, porque el país ya no puede seguir igual, es que el escándalo de la Casa Blanca presidencial ha alimentado la creciente indignación nacional. Ya no más corrupción, no más funcionarios y empresarios deshonestos.


Bienvenido este primero de diciembre, felicidades al presidente que ya tiene una sociedad despierta, crítica, exigente, en movimiento. Ojalá y eso le ayude a enmendar e intentar ser un buen presidente.