lunes, 15 de septiembre de 2014

El Nuevo PRI no necesita del gobernador

Para ganar unas elecciones no hace falta el gobernador. Ese no es su asunto. No se le necesita más allá de su disminuida presencia.

Para ganar unas elecciones el Nuevo PRI no requiere de consejos ni sugerencias del gobernador. Elegir al candidato es algo que no le incumbe.

En el Nuevo PRI solo cuenta una voz y esa no está en San Luis Potosí.

En el Nuevo PRI el partido es primero, el partido por encima de todo, menos del presidente de la república.
Cesar Camacho Quiroz vino a San Luis Potosí y  le preguntaron acerca del papel que jugará Fernando Toranzo Fernández en la elección del candidato del Nuevo PRI a gobernador.

El presidente del Nuevo PRI en el que no se toleran golpes a la mesa, órdenes ni ocurrencias de oficiosos con iniciativa, aclaró que esa una tarea que le compete solo a los priístas potosinos. Dejo ver que al haber nueve gubernaturas en juego, el priísmo nacional representado por él y más arriba, por el presidente Enrique Peña Nieto, serán los que definan a los candidatos.

Con su clásico estilo retórico capaz de endulzar lo más amargo, Camacho Quiroz dijo lo que quería decir a fin de sembrar suspicacias y razonables dudas sobre lo que para él significa en estos momentos el gobernador potosino. Su respuesta fue diplomática pero cruda, distante, cortante respecto del valor político del mandatario para el partido.

“El gobernador es un militante respetado y a su vez respetuoso de las decisiones del PRI, quien va a resolver este asunto será el priismo potosino con la compañía, la alianza y el respaldo del priismo  nacional, lo digo, porque es uno de los nueve estados donde hay gubernatura en juego, y en consecuencia no es un asunto solo importante para los potosinos, nos importa a los priistas de todo el país”.

Y luego, agregó: “El gobernador hará su parte, siendo un político del que nos enorgullezcamos por la eficacia de su gestión y por ser un hombre que no transgrede ni la ley, ni los estatutos, tratándose de nominaciones y de campañas. Él, siendo un buen gobernador hará suficiente”.

Es decir, el gobernador Fernando Toranzo no tiene ni tendrá como se diría coloquialmente, vela en el entierro. Lo que ha hecho en el ejercicio de su encargo es todo lo que tenía que hacer por el partido, excelente, bueno, regular o mediocre, ahí está su trabajo.

Precisamente eso es lo que lo deja fuera del proceso interno del PRI: su gobierno en lo político, distante de su partido que lo llevó al poder, su desinterés por mantener a su partido unido y organizado, sus notables desencuentros con líderes del partido y su abulia a ejercer su responsabilidad de líder político de su partido, lo tienen ahora fuera del proceso de designación del candidato.

Lapidaria la expresión de Camacho para Toranzo: “Él (Toranzo) siendo un buen gobernador hará suficiente”. A la altura del quinto año de gobierno o lo que es lo mismo, la parte baja del sexto, no existe duda alguna de que ha sido una administración menor en calidad y alcances de gobierno.

Sus logros han sido tan escasos, que al quinto informe se llega con un acumulado de presuntos logros e inversiones para con ello poder hacer ruido y llamar la atención. El propio informe del segundo año del presidente Enrique Peña Nieto pone en duda al gobernador. Los spots que promocionaron el segundo informe atribuían al gobierno federal los que se pensaba eran triunfos del gobernador, empezando por la BMW.

Es decir, el candidato del PRI a gobernador será designado desde el centro porque en San Luis Potosí nunca hubo un gobernador ocupado del partido, actuante y encabezando al partido; nunca tuvo un gobernador hábil para impulsar el ejercicio de una buena política en el partido y por el contrario, se alejó de éste y lo abandonó al no entender que el partido no es un simple instrumento para hacer lo que se le ordene.

Por eso, el partido es el que decide y por eso Jaime Santoyo continúa, pese a la oposición del gobernador, como Delegado del Comité Ejecutivo Nacional.

Por eso, el partido decidió hacer a un lado a Ángel Castillo y colocar en su lugar a Joel Ramírez, tan simple como no hacer caso a un gobernador que de política sabe tanto como del origen de los hoyos negros en el universo.

Por eso, porque en San Luis no hay un gobernador fuerte, es porque el partido definirá a su candidato a gobernador y quizás, también a los diputados federales y, porque no, también a los diputados locales y alcaldes.

Ya en las pasadas elecciones del 2012 el equipo de Enrique Peña y la presidencia del partido definieron perfiles y señalaron postulaciones de acuerdo con la trayectoria y personalidad de los aspirantes, que lo vuelvan a hacer, pero ahora con firmeza de mando, es lo que menos se puede esperar.

Es el nuevo PRI, el de la retórica democrática y el de las acciones impositivas y autoritarias, pero eficaces. Al partido lo que le importa es ganar y como se sabe, el cómo lograrlo, también viene a ser lo de menos.


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