Para ganar unas elecciones
no hace falta el gobernador. Ese no es su asunto. No se le necesita más allá de
su disminuida presencia.
Para ganar unas elecciones
el Nuevo PRI no requiere de consejos ni sugerencias del gobernador. Elegir al
candidato es algo que no le incumbe.
En el Nuevo PRI solo cuenta
una voz y esa no está en San Luis Potosí.
En el Nuevo PRI el partido
es primero, el partido por encima de todo, menos del presidente de la
república.
Cesar Camacho Quiroz vino a
San Luis Potosí y le preguntaron acerca
del papel que jugará Fernando Toranzo Fernández en la elección del candidato
del Nuevo PRI a gobernador.
El presidente del Nuevo PRI
en el que no se toleran golpes a la mesa, órdenes ni ocurrencias de oficiosos
con iniciativa, aclaró que esa una tarea que le compete solo a los priístas
potosinos. Dejo ver que al haber nueve gubernaturas en juego, el priísmo
nacional representado por él y más arriba, por el presidente Enrique Peña
Nieto, serán los que definan a los candidatos.
Con su clásico estilo
retórico capaz de endulzar lo más amargo, Camacho Quiroz dijo lo que quería
decir a fin de sembrar suspicacias y razonables dudas sobre lo que para él
significa en estos momentos el gobernador potosino. Su respuesta fue
diplomática pero cruda, distante, cortante respecto del valor político del
mandatario para el partido.
“El gobernador es un
militante respetado y a su vez respetuoso de las decisiones del PRI, quien va a
resolver este asunto será el priismo potosino con la compañía, la alianza y el
respaldo del priismo nacional, lo digo, porque es uno de los nueve
estados donde hay gubernatura en juego, y en consecuencia no es un asunto solo
importante para los potosinos, nos importa a los priistas de todo el país”.
Y luego, agregó: “El
gobernador hará su parte, siendo un político del que nos enorgullezcamos por la
eficacia de su gestión y por ser un hombre que no transgrede ni la ley, ni los
estatutos, tratándose de nominaciones y de campañas. Él, siendo un buen
gobernador hará suficiente”.
Es decir, el gobernador
Fernando Toranzo no tiene ni tendrá como se diría coloquialmente, vela en el
entierro. Lo que ha hecho en el ejercicio de su encargo es todo lo que tenía
que hacer por el partido, excelente, bueno, regular o mediocre, ahí está su
trabajo.
Precisamente eso es lo que
lo deja fuera del proceso interno del PRI: su gobierno en lo político, distante
de su partido que lo llevó al poder, su desinterés por mantener a su partido
unido y organizado, sus notables desencuentros con líderes del partido y su
abulia a ejercer su responsabilidad de líder político de su partido, lo tienen
ahora fuera del proceso de designación del candidato.
Lapidaria la expresión de
Camacho para Toranzo: “Él (Toranzo) siendo un buen gobernador hará suficiente”.
A la altura del quinto año de
gobierno o lo que es lo mismo, la parte baja del sexto, no existe duda alguna
de que ha sido una administración menor en calidad y alcances de gobierno.
Sus logros han sido tan
escasos, que al quinto informe se llega con un acumulado de presuntos logros e
inversiones para con ello poder hacer ruido y llamar la atención. El propio
informe del segundo año del presidente Enrique Peña Nieto pone en duda al
gobernador. Los spots que promocionaron el segundo informe atribuían al
gobierno federal los que se pensaba eran triunfos del gobernador, empezando por
la BMW.
Es decir, el candidato del
PRI a gobernador será designado desde el centro porque en San Luis Potosí nunca
hubo un gobernador ocupado del partido, actuante y encabezando al partido;
nunca tuvo un gobernador hábil para impulsar el ejercicio de una buena política
en el partido y por el contrario, se alejó de éste y lo abandonó al no entender
que el partido no es un simple instrumento para hacer lo que se le ordene.
Por eso, el partido es el
que decide y por eso Jaime Santoyo continúa, pese a la oposición del
gobernador, como Delegado del Comité Ejecutivo Nacional.
Por eso, el partido decidió
hacer a un lado a Ángel Castillo y colocar en su lugar a Joel Ramírez, tan
simple como no hacer caso a un gobernador que de política sabe tanto como del
origen de los hoyos negros en el universo.
Por eso, porque en San Luis
no hay un gobernador fuerte, es porque el partido definirá a su candidato a
gobernador y quizás, también a los diputados federales y, porque no, también a
los diputados locales y alcaldes.
Ya en las pasadas elecciones
del 2012 el equipo de Enrique Peña y la presidencia del partido definieron
perfiles y señalaron postulaciones de acuerdo con la trayectoria y personalidad
de los aspirantes, que lo vuelvan a hacer, pero ahora con firmeza de mando, es
lo que menos se puede esperar.
Es el nuevo PRI, el de la
retórica democrática y el de las acciones impositivas y autoritarias, pero
eficaces. Al partido lo que le importa es ganar y como se sabe, el cómo
lograrlo, también viene a ser lo de menos.
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