martes, 29 de septiembre de 2015

Recuperar la credibilidad que Toranzo dejó por los suelos, el primer reto del gobernador Carreras


La figura de gobernador del estado, como institución, está por los suelos. Fernando Toranzo se encargó de llevarla al punto más bajo durante los últimos seis años. Su propio hermano, Martín, lo señala de corrupto, de haber estado en palacio de gobierno como simple adorno. Esa figura institucional de quien tiene la responsabilidad de gobernador, hoy se encuentra en ruinas, ahí la dejo el doctor Toranzo.

Durante los tres meses de campaña del proceso electoral, Consulta Mitofsky evaluó a los gobernadores de las entidades donde se elegía gobernador. En esos tres meses, el doctor Toranzo salió reprobado, la mayoría estaba en desacuerdo con él y su administración. Pese a eso, el PRI ganó las elecciones o mejor dicho, pese a Toranzo Carreras ganó la elección para gobernador.

La imagen del gobernador entró desde muy temprano en el sexenio, en una espiral de desconfianza social que no terminó sino hasta que los propios amigos del doctor le dieron la espalda. Para la segunda mitad del sexenio, quienes lo habían apoyado e impulsado para convertirlo sorpresivamente en gobernador, lo dejaron solo, loo abandonaron al sentirse burlados, cuando no, traicionados.

Ante la opinión pública, la figura del gobernador perdió credibilidad, puesto que los problemas que se suponía iba a resolver, ahí se quedaron estancados. De ahí que se viera al gobierno y al gobernador como algo pusilánime, sin arrestos, mediano, flojo y sobre todo, sin ideas ni capacidad emprendedora.

Por eso, hoy, la figura de gobernador está en uno de sus peores momentos. Tuvimos un gobernador de media tabla.

Ayer, Juan Manuel Carreras López tomó posesión del gobierno. Es el gobernador para el período 2015-2021 y su primer gran tarea, es la de levantar la lastimosa imagen de la figura del gobernador. No es nada fácil, el doctor Toranzo hizo todo lo posible por perder la confianza ciudadana en el gobernador.

Rescatar esa figura es fundamental, reactivarla, dotarle de una nueva narrativa, de un discurso fresco que se aleje de la eterna queja y del sobado pretexto que caracterizaban al doctor. Se necesita un gobernador fuerte, que levante la voz, que se mueva, que actúe, que piense, que gestione, que promueva; ya no más uno que haga del lamento política pública.

San Luis Potosí necesita un gobernador lúcido, de mentalidad abierta, altamente competitivo, solidario, un ejecutivo en todo el sentido de la palabra; ya no uno que delegue la responsabilidad de gobierno en un subalterno. San Luis Potosí necesita de un gobernador porque tenía un doctor que nunca quiso ni supo gobernar.

Urge un gobernador distante de la demagogia al que se le pueda evaluar por la trascendencia de sus actos y no por el tamaño de sus compromisos. Un gobernador que haga trabajar en serio a sus funcionarios, que los obligue, que los siga como su sombra, que los aliente y les exija; ya no más un gobernador solapador, descuidado y omiso.

Desde ayer, Juan Manuel Carreras es gobernador y aunque forma parte del mismo grupo político que hizo gobernador a Toranzo, tiene la oportunidad de no repetir la misma historia, de no repetir los mismos errores. Es un gobernador priísta apoyado por dos partidos oportunistas y simuladores, ante lo cual, Carreras tiene la obligación se exigir honestidad, transparencia y eficacia. Ya les ha entregado cuotas de poder, pero eso no obsta que en su momento se les exija más y que si no funcionan, los corran.

El nuevo gobierno deberá hacer un esfuerzo notable para no parecerse a la administración de Toranzo: el gobierno caminaba a paso lento, pensaba con la rapidez de movimiento de una tortuga, actuaba con la parsimonia de un anciano. No es necesario que sean los resultados inmediatos los que hablen, sino la actitud, que se vea que es posible trabajar con compromiso y responsabilidad.

Eso es harto difícil, la integración del gabinete de gobierno ha sido un fiasco, hay más grupo político que equipo de gobierno, hay más reparto de pastel que distribución de las responsabilidades de gobierno en base a talentos y capacidades. Recuperar la confianza ciudadana empezaba por el gabinete y en eso, Carreras ha dado un mal primer paso.

No necesariamente un jefe operador de campaña podrá ser un buen servidor público, así como tampoco el líder de un partido puede ser un buen secretario. Se esperaba otra cosa para el gabinete, lastimosamente pudo más el compromiso político que el compromiso con la sociedad.

Con la integración de su gabinete, Carreras tenía la oportunidad de empezar a marcar diferencia y de dar el salto del político que ganó las elecciones para ubicarse como el gobernador que encabeza a los mejores, no a los todologos, cuya experiencia, data de gobiernos priístas de los que la única memoria que se tiene de ellos es la del fracaso.

Por decirlo de una manera, viendo el gabinete se debe reconocer que la caballada está realmente flaca, depende de Carreras sacarles algún brío.

 En tanto que arranca el gobierno, se reciba la administración en cada entidad pública, se revise el estado de cosas y se evalúe lo que dejo Toranzo, en aras de recuperar la credibilidad perdida, será notable si el gobernador Carreras se compromete con un no a la impunidad.

Lo que reciben en muchos casos es un desorden administrativo y un manejo sospechoso de las funciones públicas, un tiradero con tufo a corrupción en áreas sensibles de los programas sociales. Si Carreras quiere ser un buen gobernador deberá comprometerse con un no firme a la impunidad.

Ya en los próximos días veremos hasta donde es capaz de llegar. Sabremos si escarba en la estulticia hasta encontrar actos de corrupción o si la tapa para que aunque huela, nadie la vea.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Un gobierno capaz y ambicioso, no uno timorato, faccioso e ineficiente

El viernes conoceremos a los integrantes del nuevo gobierno y Juan Manuel Carreras López rendirá protesta el sábado al mediodía como gobernador constitucional del estado para el período 2015-2021. Del gabinete y de la nueva administración se espera sean una bomba, ojala no acabe en petardo.


Una bomba en el buen sentido de la palabra, es decir algo que asombre, que emocione, que despierte la esperanza y aliente un mejor presente y un alentador futuro. Eso se esperaba con Fernando Toranzo y ya ve usted lo que ocurrió: nos habían anunciado un ferrari y apareció una carreta tirada por mulas.


Especular sobre los integrantes del gabinete es perder el tiempo en frivolidades. El gabinete ya está listo y solo hace falta que lo anuncien y eso ocurrirá el viernes cuando el sexenio de Toranzo este consumiéndose para quedar cenizas.


A decir del gobernador electo, el gabinete estará integrado por ciudadanos capaces y comprometidos. Comprometidos con el desarrollo de San Luis Potosí y capaces para ejercer los cargos públicos que les correspondan.


De hecho, el perfil delineado en esas dos vertientes, nos muestra a un funcionario público que en nada se parece a cualesquiera del gabinete saliente de Toranzo, donde la irresponsabilidad, la incapacidad y la ausencia de compromiso brillaron como un sol de verano.


Lo primero que hay que esperar del nuevo gabinete es que no exista ni sombra de semejanza con quienes invernaron junto a Fernando Toranzo en los últimos seis años o lo que des lo mismo, nunca más un Secretario General de Gobierno como Cándido Ochoa Rojas o Eduardo González Sierra.


Si se tiene planeado mejorar en la procuración de justicia, que revisen la actuación de Miguel Ángel Garcías Covarrubias y sobre el cuerpo de su fracaso se designe a alguien que si sepa de leyes y justicia. No más excesos, corrupción, ineficacia, opacidad y cinismo.


El viernes cuando se presente en sociedad mal nuevo gabinete, debe de haber un golpe de autoridad que deje en claro que el gobierno de Toranzo ya terminó y que no hay personaje con el mínimo vínculo con esa administración. Nada más grave para el estado que la continuidad de un gobierno gris y mediocremente arrogante.


Ese viernes, deberá mostrar perfiles de servidores públicos que no tengan como característica principal la militancia priísta, verde o aliancista. Es correcto, ganaron las elecciones y tienen derecho a ejercer el poder los miembros o simpatizantes de esos partidos, pero la urgencia de un buen gobierno va más allá de eso. Los mejores no necesariamente están en los partidos políticos, hay que buscar en la sociedad.


No creo que sea importante si los nuevos funcionarios son oriundos o no de San  Luis Potosí. El prurito irreflexivo en torno a las presuntas logias extranjeras ya no tiene cabida, se trata de seleccionar a los que tienen más y mejores aptitudes, cualidades o habilidades para desempeñar un cargo.


El asunto de si están comprometidos con el desarrollo, con la ciudadanía, con el progreso, con el bienestar es hasta innecesario señalarlo, son atributos que por necesidad deben tener los servidores públicos. Que se comprometan no es un merito sino una obligación,  que trabajen tampoco es merito sino su obligación.


Si el gabinete que se anuncie el viernes llama más la atención por el pago de cuotas de partido y a sectores financiadores de Carreras, habremos empezado mal. El si gabinete le abre las puertas a los presidentes de los tres partidos que postularon a Carreras y los coloca a en carteras de gobierno, habremos empezado mal. Si las dependencias públicas se llenan de oportunistas provenientes de las burocracias partidistas, estaremos empezando de la peor manera posible.


Aunque Enrique Peña Nieto ha puesto el ejemplo más nefasto en cuanto a generar un gabinete de “todologos”, habría que confiar en que Carreras no caiga en la misma tentación y que sus cuates tengan de súbito más cualidades y virtudes que un santo.


Integrar con acierto  un gobierno ya no pasa por la entrega de cotos de poder a grupos políticos o económicos y mucho menos, a caciques o presuntas vacas sagradas de la clase política potosina.


Muchos de los colaboradores de Carreras en la campaña y luego en el proceso de transición deben de pensar que les asiste el derecho a formar parte del gobierno en algún cargo importante, donde poder ejercer un buen presupuesto y desde dónde trabajar por posiciones a futuro. Más valdría que Carreras los haya identificado a tiempo y los haya dejado fuera de la lista, de lo contrario, pero inicio sería imposible.


Que para haber integrado el gabinete no haya cedido a presiones o chantajes de grupos políticos o mediáticos, equivocarse como lo hizo Toranzo es como sembrar desde el primer día la semilla de la discordia.


No importan los nombres pero si sus trayectorias profesionales, no importan sus nombres y si su historia reciente ya sea en ámbito público o en el privado: que se llame Juan, Pedro o María no es relevante, lo trascendente será que se trate de personas serias, probas y honestas.



Eso es, lo más difícil en la administración pública: encontrar personas decentes que no cedan a la corrupción.    

lunes, 14 de septiembre de 2015

Dos mil 190 días desperdiciados con un gobernador que no supo gobernar


Con el informe del gobernador del estado del pasado viernes, se ha cerrado una etapa insufrible para el estado. Por eso, ni para qué ocuparse ya del nombre del gobernador,  ya sale sobrando.

El informe significó el final de una administración de la que se esperaba mucho y solo mostró sus miserias resultado de un doble discurso, una doble cara y…una doble moral, de ahí que citar su nombre sea a estas alturas del todo innecesario.

Es la última vez que vale la pena hablar de un gobernador de tan escasa monta, un político más de esos que, por azares del destino, tuvo la oportunidad de transformarse en estadista y que sin embargo, no fue más allá de ser simple imagen decorativa. Por cierto, las más de las veces, imagen tan estorbosa para quien realmente tomaba las decisiones que era algo así como el jarrón viejo y pasado de moda que no encuentra acomodo ni en el sótano.

Dos mil 190 días después, el sexto y último informe de la administración saliente deja la seguridad de que son demasiados días para haber hecho tan poco.

El último informe del gobernador cerró la historia de 52 mil 560 horas desperdiciadas en el ejercicio del poder.

Es un cliché, pero es cierto: seis años son poco tiempo para hacer mucho, pero demasiado tiempo para no hacer nada.

Este reportero siguió al gobernador desde que era precandidato y luego cuando se convirtió en candidato. Le seguí en su campaña, el día de las elecciones y estuve en el PRI cuando Jesús Murillo Karma (el mismo del Ya me canse) le levantó la mano y anunció que habían ganado el gobierno.

Luego, lo seguí cuando le entregaron constancia como gobernador electo, cuando pegaron en palacio de gobierno el decreto que públicamente le hacía gobernador y luego, también estuve en su toma de posesión y escuché su primer discurso como gobernador.

Me aprendí sus palabras y escribía notas acerca de sus promesas y compromisos que de hecho me los aprendí de memoria.

También en ese transcurso, conocí a los grupos de poder que lo patrocinaron e impulsaron hasta convertirlo en gobernador: no es que confiaran en él, sino que no tenían a nadie más a quien lanzar al ruedo.

El viernes, el último informe completó el clásico ciclo de la política en el que quien gobierna se marcha hastiado, hasta la madre de la enorme responsabilidad que implica gobernar, pero en el que a su vez los ciudadanos, también terminan hasta la madre de su gobernador. Es el círculo perfecto de una mala historia.

Podríamos detenernos en el contenido del último informe, en su narrativa, en sus números, en sus proclamas en sus confrontas con la anterior administración, pero eso resulta otra pérdida de tiempo: no hay ninguna diferencia con los informes anteriores, pues el sexto fue la suma de los cinco de antes. Vaya, un resumen, pues.

Como reportero, este tecleador  ha visto pasar gobernadores desde hace 25 años y les puedo asegurar que el que se va ha sido el más rabioso e iracundo, el más soso y altanero, el más insípido y medroso que haya visto. Ninguno como él para achicarse ante los problemas del estado, ninguno como él para encontrar pretextos, ninguno como él para echar la culpa a los demás.

Nadie como él para la doble moral, nadie como él para aparecer como un gobernador pobre y vivir como un jefe de familia rico, nadie como él para dilapidar los recursos públicos en beneficio de su confort.

Nadie como él, para aplastar a quienes le criticaban o denunciaban sus abusos, nadie como él para torcer la ley en beneficio de amigos y compadres y colaboradores y achichincles. Nadie como él para soltar lágrima viva para ocultar la medianía de sus capacidades.

El viernes con el último informe, el gobernador ha completado la escritura del libro en blanco de la nueva historia que había prometido escribir para los potosinos. Se fue el tiempo y el gobernador no deja memoria de nada importante salvo los dos millones de pesos en cuadernos de logros que pronto, alguien más hará pedazos.

El sexenio perdido ha concluido, le tocará a Juan Manuel Carreras López intentar levantar al estado de la ruina. Como en todo México, la desconfianza ha sepultado a los gobernantes y en el caso de San Luis, el gobernador que se va deja una profunda crisis de confianza, algo bastante difícil de reconstruir.

Levantar una administración pública eficiente a partir de los cimientos de mediocridad que deja el gobierno saliente, exige inteligencia, talento, creatividad, voluntad, responsabilidad y sobre todo, compromiso social. Si Juan Manuel Carreras López quiere ser un buen gobernador, que empiece viendo el ejemplo del gobernador saliente y que aleje toda tentación de parecérsele.


Desafortunadamente su origen es el mismo y viniendo del PRI y sus nefastos aliados, es para poner pesimista al más esperanzado. Cambian los nombres, pero siguen las mismas mañas.

lunes, 7 de septiembre de 2015

México tiene hambre

En México hay siete millones 140 mil mexicanos que sufren de pobreza extrema alimentaria. Esto quiere decir que siete millones 140 mil personas no tienen dinero para adquirir alimentos, lo cual supone, se trata de siete millones 140 mil mexicanos que al iniciar el día no tienen algo que llevarse a la boca y que para la tarde no saben si podrán comer algo y que para la noche, lo más probable es que duerman con el estómago vacío.


Siete millones 140 mil personas es el equivalente a cerca de tres veces el total de la población de San Luis Potosí.


La Cruzada Nacional Contra el Hambre ha ejercido recursos por aproximadamente 250 mil millones de pesos entre los años 2013 y 2014. En 2015 se aplica un presupuesto de 130 mil millones de pesos.


Demasiado dinero y el hambre, no atenúa. Los mexicanos pobres por carencia alimentaria no disminuyen sino que por el contrario, aumentan.


Al arranque del gobierno de Enrique Peña Nieto había siete millones 10 mil pobres alimentarios y dos años aumentó a siete millones 140 mil según la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática.


El Gobierno Federal seleccionó 400 municipios en el país en donde ese programa se echó a andar. Los recursos no han faltado porque se trata de uno de las acciones más importantes del sexenio. La idea que se tenía era la de eliminar paulatinamente la pobreza alimentaria.


Sin embargo, los resultados han sido adversos pues en vez de disminuir el número de ciudadanos que no tienen que comer, aumentó, lo que significa que hay más hambre que antes.


Se trata de un programa destinado al fracaso porque la única manera de abatir el hambre es mejorando los ingresos de las familias y mejorando los salarios de los trabajadores.


No obstante la crudeza de los datos del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social y del INEGI, en su tercer informe presidencial, Peña Nieto habló de progreso en los programas sociales. Es una desdicha que un presidente pretenda tapar la realidad, no con un dedo sino con un discurso.


En unos días más, Fernando Toranzo dará su último informe y en consonancia con el presidencial, seguramente hará un breve reconocimiento de que faltan cosas por hacer y se extenderá prolíficamente en lo que hizo por los más pobres, los olvidados, los que no tenían nada y ahora tienen algo.


Pero igual que Peña, Toranzo no podrá ocultar la realidad tan ofensiva e indignante con un discurso que se avista, plagado de cifras de escaso sustento y llevado al paroxismo del optimismo.


Así es la juerga política en los informes. No se trata de rendir cuentas sino de armar un acto de elogio.


Tener hambre es algo que no se le desea a nadie, ni a tu peor enemigo. Tener hambre y no saciarla o de menos aliviarla de manera pasajera, es lo peor para el ser humano. Lo primero que pierde es su dignidad.


Se ve obligado a hurgar en la basura, entre los desechos, en los desperdicios como si se tratara de un animal. Se ve obligado a robar, a delinquir, a portarse como un delincuente y es probable que llevado por las circunstancias llegue a agredir, a herir o hasta matar.


Se ve obligado a mendigar por una moneda o para un taco o para un sorbo de agua o para unos frijoles o para unas tortillas. Limosnear en las esquinas y acercas de las calles, tocando puertas de las casas o extendiendo la mano en la parada de los camiones.


Tener hambre debe ser un infierno porque el hambre, como el fuego, abraza y consumen, aniquila y convierte la carne en huesos y luego en cenizas y polvo. Tener hambre es no dormir, no tener sueño ni tener descanso, es deambular nocturno y vagar sin destino en busca de un mendrugo.


Por eso, cuando se sabe que hay siete millones 140 mil ciudadanos: niños, adolescentes, jóvenes, adultos y viejos sin que comer, no puede haber otra reacción sino la de la indignación.


Los senadores y diputados tienen su propio restaurante y no pagan de su bolsa para comer; la familia presidencial tiene su propio chef y amplio menú de comidas nacionales, regionales y extranjeras. Si les complace, pueden pedir lo que se les antoje y si les parece poca cosa, ahí lo dejan.


Un diputado local se gasta hasta diez mil pesos en una junta de trabajo y el Congreso se gasta 20 mil pesos en comidas luego de una sesión.


Valga citar esos ejemplos solo, para conocer el talante de nuestros servidores públicos que ellos sí, nunca pasan hambres. Desde el gobernador hasta el más insignificante de los presidentes municipales como sus tres veces al día con saciedad y de ser posible hasta la gula.


Entre tantos asuntos pendientes que tienen las instituciones nacionales y locales así como quienes las dirigen con la sociedad, el del hambre es el más grave y nefasto de los rezagos.


Las economía no crece como se ofreció, el poder adquisitivo del salario no crece como se ofreció, el ingreso de las familias no aumentan como se ofreció, el costo de los alimentos básicos no baja como se ofreció, el costo de la electricidad no declina como se ofreció, el precio de la gasolina no baja como se prometió.


Por eso hay hambre y habrá más ciudadanos hambrientos: no hay empleos suficientes y bien pagados y los ingresos en los hogares siguen en el mismo nivel de hace 25 años. En 1992 el ingreso per cápita en México era de 3 mil 322 pesos y en 2014 de 3 mil 05 pesos a precios de 2010.



Amable lector, seguramente entenderá si confiamos que muchas veces hemos tenido hambre y que en ocasiones el dinero en el bolsillo no da suficiente, tal vez sean ocasiones excepcionales, pero suficientes para entender lo que representa tener hambre y no estar en condiciones de aliviarla, pero que siete millones 140 mil mexicanos padezcan eso todos los días, eso sí que no tiene madre.