lunes, 29 de septiembre de 2014

La inagotable capacidad de Informar para Desinformar

Un vendaval de informes de actividades de toda clase de “representantes populares” ha despertado una duda razonable entre los ciudadanos: ¿Es cierto todo lo que nos dicen? O ¿No seránmás que una serie de actos propagandísticos, de promoción de imagen personal y en buena medida, actos completos de ilusionismo?

En estricto sentido, los informes del gobernador, de los presidentes municipales, de los diputados locales y federales así como de los senadores, representarían un acto de transparencia y de rendición de cuentas.

Apegados a la normalidad democrática, los informes serían acciones orientadas a cumplir con la ley en tanto que ésta exige a los representantes populares en sus distintos niveles, a informar sobre su actuación al frente del estado, del municipio, o bien, como representantes de los votantes de un distrito electoral o como representes de la entidad en las cámaras del Congreso de la Unión.

Visto así, se pensará que es bueno que los representantes populares hagan un alto cada año y le digan a la sociedad lo que hicieron en ese término de una anualidad. Se pensará no solo que es un acto democrático sino una muestra de buena voluntad hacia los ciudadanos que tienen derecho a estar informados.

Pocos en la sociedad tienen la oportunidad de saber de aquello que hacen sus representantes en el Congreso, en el palacio de gobierno, en la cámara alta o en el ayuntamiento. Esta la prensa, los medios masivos, las redes sociales, pero eso no supone que el ciudadano sepa bien a bien lo que hacen sus representantes.

Entonces, los informes serían un instrumento democrático al alcance de todos para que el ciudadano concrete su derecho a saber, disipe dudas acerca de las acciones del gobierno y en su momento, que evalúe si su representante popular trabaja conforme a su compromiso, si actúa de acuerdo a los establecido en la ley, y especialmente, revise si los recursos públicos se aplican con probidad.

Desafortunadamente en San Luis Potosí el acto supremo de informar es entendido como un acto de mercadotecnia política en el que lo que importa no es el contenido sino que todo se vea bonito, impecable, lucidor y, porque no, deslumbrante.

El informe sea del senador o senadora, del diputado o diputado, del alcalde o alcaldesa, se construye para elevar y colocar en un altar a quien lo presenta. Se elabora a  base de la desmesura y del exceso, engañar o mentir no es relevante, lo que importa es que “yo sea el mejor”.

El informe no se elabora con la intención de que éste sea un referente de la realidad de nuestro entorno. Se escribe como si fuera el relato de hazañas sin parangón, se describen paisajes de sueño, ajenos al mundo real.
El informe se levanta como un enorme muro de frases impactantes, de tabiques de retórica; sus palabras tienen el infausto encargo de presentar verdades a medias como una verdad absoluta.

En San Luis Potosí continúa el torrente demagógico de los informes. El pasado viernes fue el del gobernador y este lunes es el del presidente municipal de la capital. No serán tan distintos entre sí, les une la idea de que ellos son y representan lo mejor que le ha podido ocurrir a los potosinos.

No les ha importado en su afán propagandístico unipersonal, la violación a la ley, pasar por alto la Constitución Política de México. No, para ellos, así como para el resto, importante son ellos y no las instituciones que representan.

Esto es lo que dice el artículo 134 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos:

“La propaganda, bajo cualquier modalidad de comunicación social, que difundan como tales, los poderes públicos, los órganos autónomos, las dependencias y entidades de la administración pública y cualquier otro ente de los tres órdenes de gobierno, deberá tener carácter institucional y fines informativos, educativos o de orientación social. En ningún caso esta propaganda incluirá nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen promoción personalizada de cualquier servidor público”.

El contenido de ese artículo, tiene origen no solamente en la creciente exigencia de que los recursos públicos no sean utilizados en la promoción personal de los representantes populares, sino también en la también creciente exigencia social de transparencia de nuestros gobernantes.

No obstante, hemos venido atestiguando cómo se pueden publicitar los informes en toda clase de medios de comunicación, utilizando nombres e imágenes en una franca promoción personal por parte de quienes, estando en un cargo, ya están haciendo campaña por el siguiente.

Se informa en primer lugar para desinformar y en segundo, para promocionar.

Verbigracia. Dos ejemplos nada más para no cansar al amable lector.

El gobernador dijo que la anterior administración toleró la presencia de delincuentes de alta peligrosidad, pero no dijo quiénes eran esos delincuentes, cuantos han sido detenidos ni tampoco señaló a los responsables de la protección deliberada que recibían, se supone de altas esferas de gobierno.

 Acusó, pero no informó que hasta agosto de este año, suman en su gobierno mil 656 ejecutados. No se informó de los muertos de Toranzo.

El alcalde de Soledad de Graciano Sánchez, Ricardo Gallardo para promocionarse, mandó hacer infomerciales en formato de documental. Un actor, Luis Felipe Tovar en su papel de taxista, afirma que en Soledad no existen los baches, que por las calles se puede conducir impecablemente. Cualquiera que vaya a ese municipio o visite algunas de sus cientos de colonias, se dará cuenta de que eso no es cierto.

Es una lástima, pero en San Luis Potosí se informa para desinformar.

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