Un vendaval de informes de
actividades de toda clase de “representantes populares” ha despertado una duda
razonable entre los ciudadanos: ¿Es cierto todo lo que nos dicen? O ¿No
seránmás que una serie de actos propagandísticos, de promoción de imagen
personal y en buena medida, actos completos de ilusionismo?
En estricto sentido, los
informes del gobernador, de los presidentes municipales, de los diputados
locales y federales así como de los senadores, representarían un acto de
transparencia y de rendición de cuentas.
Apegados a la normalidad
democrática, los informes serían acciones orientadas a cumplir con la ley en
tanto que ésta exige a los representantes populares en sus distintos niveles, a
informar sobre su actuación al frente del estado, del municipio, o bien, como
representantes de los votantes de un distrito electoral o como representes de
la entidad en las cámaras del Congreso de la Unión.
Visto así, se pensará que es
bueno que los representantes populares hagan un alto cada año y le digan a la
sociedad lo que hicieron en ese término de una anualidad. Se pensará no solo
que es un acto democrático sino una muestra de buena voluntad hacia los
ciudadanos que tienen derecho a estar informados.
Pocos en la sociedad tienen
la oportunidad de saber de aquello que hacen sus representantes en el Congreso,
en el palacio de gobierno, en la cámara alta o en el ayuntamiento. Esta la
prensa, los medios masivos, las redes sociales, pero eso no supone que el
ciudadano sepa bien a bien lo que hacen sus representantes.
Entonces, los informes
serían un instrumento democrático al alcance de todos para que el ciudadano
concrete su derecho a saber, disipe dudas acerca de las acciones del gobierno y
en su momento, que evalúe si su representante popular trabaja conforme a su
compromiso, si actúa de acuerdo a los establecido en la ley, y especialmente,
revise si los recursos públicos se aplican con probidad.
Desafortunadamente en San
Luis Potosí el acto supremo de informar es entendido como un acto de
mercadotecnia política en el que lo que importa no es el contenido sino que
todo se vea bonito, impecable, lucidor y, porque no, deslumbrante.
El informe sea del senador o
senadora, del diputado o diputado, del alcalde o alcaldesa, se construye para
elevar y colocar en un altar a quien lo presenta. Se elabora a base de la desmesura y del exceso, engañar o
mentir no es relevante, lo que importa es que “yo sea el mejor”.
El informe no se elabora con
la intención de que éste sea un referente de la realidad de nuestro entorno. Se
escribe como si fuera el relato de hazañas sin parangón, se describen paisajes
de sueño, ajenos al mundo real.
El informe se levanta como
un enorme muro de frases impactantes, de tabiques de retórica; sus palabras
tienen el infausto encargo de presentar verdades a medias como una verdad
absoluta.
En San Luis Potosí continúa
el torrente demagógico de los informes. El pasado viernes fue el del gobernador
y este lunes es el del presidente municipal de la capital. No serán tan
distintos entre sí, les une la idea de que ellos son y representan lo mejor que
le ha podido ocurrir a los potosinos.
No les ha importado en su
afán propagandístico unipersonal, la violación a la ley, pasar por alto la
Constitución Política de México. No, para ellos, así como para el resto,
importante son ellos y no las instituciones que representan.
Esto es lo que dice el
artículo 134 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos:
“La propaganda, bajo cualquier
modalidad de comunicación social, que difundan como tales, los poderes
públicos, los órganos autónomos, las dependencias y entidades de la
administración pública y cualquier otro ente de los tres órdenes de gobierno,
deberá tener carácter institucional y fines informativos, educativos o de
orientación social. En ningún caso esta propaganda incluirá nombres, imágenes,
voces o símbolos que impliquen promoción personalizada de cualquier servidor
público”.
El contenido de ese
artículo, tiene origen no solamente en la creciente exigencia de que los
recursos públicos no sean utilizados en la promoción personal de los
representantes populares, sino también en la también creciente exigencia social
de transparencia de nuestros gobernantes.
No obstante, hemos venido
atestiguando cómo se pueden publicitar los informes en toda clase de medios de
comunicación, utilizando nombres e imágenes en una franca promoción personal
por parte de quienes, estando en un cargo, ya están haciendo campaña por el
siguiente.
Se informa en primer lugar
para desinformar y en segundo, para promocionar.
Verbigracia. Dos ejemplos
nada más para no cansar al amable lector.
El gobernador dijo que la
anterior administración toleró la presencia de delincuentes de alta
peligrosidad, pero no dijo quiénes eran esos delincuentes, cuantos han sido
detenidos ni tampoco señaló a los responsables de la protección deliberada que
recibían, se supone de altas esferas de gobierno.
Acusó, pero no informó que hasta agosto de
este año, suman en su gobierno mil 656 ejecutados. No se informó de los muertos
de Toranzo.
El alcalde de Soledad de
Graciano Sánchez, Ricardo Gallardo para promocionarse, mandó hacer
infomerciales en formato de documental. Un actor, Luis Felipe Tovar en su papel
de taxista, afirma que en Soledad no existen los baches, que por las calles se
puede conducir impecablemente. Cualquiera que vaya a ese municipio o visite
algunas de sus cientos de colonias, se dará cuenta de que eso no es cierto.
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