jueves, 28 de mayo de 2015

Omisión y tibieza del gobierno ante crisis de inseguridad en el proceso electoral

A unos días del siete de junio, los ánimos y las pasiones electorales se enardecen cada vez más y pareciera que no hay autoridad que se ocupe ni se preocupe de eso. Habría que recordarle a Fernando Toranzo que sigue siendo el gobernador y que la omisión en el ejercicio de gobierno puede traer graves consecuencias para todos.


Mientras que las autoridades electorales llamaron de nueva cuenta a candidatos y partidos políticos a la civilidad y a comportarse a la altura, se percibe a un gobierno despreocupado. Con ligereza, el gobierno de Toranzo ha decretado que en San Luis Potosí no hay riesgos y se han negado a reconocer la existencia de focos rojos.


Parece injustificable la postura de un gobierno acostumbrado a reaccionar luego de que se presentan los hechos, por lo general, violentos. La autoridad está para dar garantía a candidatos, partidos y sociedad de que el desarrollo del proceso electoral se ha de dar en un marco de legalidad.


Ha sido necesario que el Partido Acción Nacional llegue al extremo de exigir la intervención del ejército mexicano, pues a las constantes denuncias presentadas desde hace tiempo acerca de actos de presión, amenazas y hostigamiento no han sido atendidas por el gobierno.


Hoy el secretario General de Gobierno, Eduardo González Sierra reconoció que hay “indicios” de intranquilidad, lo cual es muy preocupante pues lo que viene sucediendo parece haber pasado de noche al funcionario. Hay que recordar que el proceso electoral lleva ya dos crímenes, uno en Lagunillas y otro en Matlapa.


Lo más imprudente sería que el gobierno se siga desentendiendo de una de las principales obligaciones que de acuerdo con la Constitución, le corresponde cumplir: brindar seguridad física y patrimonial a los ciudadanos.


Más aun en tiempo de elecciones, esa obligación alcanza carácter de urgente.


Ojala y no sea demasiado tarde, pues a la luz de los hechos, la violencia, la incertidumbre y la confrontación parecen haber crecido lo suficiente como para detonar en problemas muy serios.


Esa, por supuesto, será responsabilidad del gobernador Toranzo.



lunes, 25 de mayo de 2015

El debate de los candidatos a la presidencia municipal: Bla-Bla-Bla.

Juan Vargas, mejor conocido como Varguitas, esta con todo y su botón distintivo del PRI en un camino polvoriento y olvidado de San Pedro de los Saguaros. Va a inaugurar las obras para la electrificación del municipio, colocan un poste que no conecta a ninguna parte y dice en tono profético: ahora sí, de aquí a la modernidad, la justicia social será una realidad.


Luego de tomar valor suficiente, sintonice la señal para ver el debate entre los candidatos a la presidencia municipal capitalina y minutos después, por alguna razón pensé en Varguitas, el alcalde de cualquier ayuntamiento mexicano según la visión de Luis Estrada en la Ley de Herodes.


Hay algo incontrovertible: La triste realidad de nuestro México en manos de una clase política envilecida, corrupta y sustancialmente mentirosa.


El guión de las elecciones es que los candidatos hablan, la gente escucha y luego vota. Esa es la gran estafa, puesto que ni los candidatos dicen nada parecido a la verdad, nadie salvo sus clientelas borreguiles les escucha y al final, esos son los mismos que van a votar.


Eso pensé luego de que los candidatos a la presidencia municipal de San Luis Potosí emprendieron su perorata. De eso se trató el encuentro de candidatos para un persistente y nutrido Bla-Bla-Bla-Bla. Mucho decir y nada del cómo hacer.


Uno dice y los demás repiten como un eco. Matices más matices menos, en lo sustancial se repiten, son redundantes, fastidiosamente repetitivos.


Milagrosamente, todos tienen fórmulas milagrosas, todos tienen la soluciones inéditas, todos tienen respuestas y propuestas, todos tienen el más caro y elevado compromiso social, todos son independientes puesto que nadie está detrás de ellos, todos alardean y todos juran que nada les conmueve más que el destino de los capitalinos.


Pero una cosa es hablar y otra hacer. La ventaja de ser candidato es que se puede decir lo que venga en gana.


Ofrecieron una ciudad del primer mundo cuando son políticos provincianos de una ciudad rezagada, estancada, saqueada y víctima de la corrupción más vil en muchos años.


Digamos, por ejemplo, el candidato Gallardo no podía siquiera leer bien, se veía a leguas que nunca ha leído algún libro. No podía siquiera decir correctamente excepción y se oía esepción (sic).


¿Qué sería de los candidatos sin tarjetitas?


Sencilla la repuesta, harían el mismo ridículo que acostumbra el presidente Peña cuando se le pierde el telepromter.


El candidato Lozano se vio como un parlanchin sobreactuado, su acento de pretendida firmeza en la voz solo acrecentaba la idea de más simulación es imposible ,y claro, se colocó a sí mismo como ejemplo vivo de la perfección.. Quiso parecer docto y resultó demagogo.


¿ Y la corrupción¡’ nada que el tema no le gustó al PRI, al PAN ni al PRD, mejor hablamos de transparencia para hablar de manera lucidora.


Sé cómo hacerlo, afirma Gallardo, mientras que horas antes, Soledad, el municipio que gobernó se anegaba de aguas negras tras los aguaceros del jueves.


Nada en materia de seguridad, nada en transparencia, nada de nada. Lo que propusieron en esos temas es una obligación legal.


Deuda mil 200 millones de pesos, reclamó Azuara, cirugías estéticas de senos, narices, pómulos y quijadas, liposucciones y tal y ¿qué hizo él como diputado local y federal para combatir eso, lo denunció como representante popular ante el Ministerio Público?


La realidad es inobjetable y no se puede ocultar: 80 mil capitalinos sin servicios público elementales, primer lugar en corrupción, es vergonzoso.


¿Usted, amable lector, espera honestamente algo distinto de quien gane el siete de junio?


Parásitos sin dignidad, discursos banales, vacíos les dijo el candidato Mendoza y los demás solo sonrieron con la definición, pero nadie lo negó.


El candidato Vera, el más puntual, sereno, inteligente. El mejor dotado de trayectoria, el de hechos reales. Habló con datos y coherencia. Lástima que su partido sea el de su papa y que se preste a  que cada tres años, es diputados local o candidato a presidente municipal: ¿No se fastidiará de eso?


Estamos pidiendo el voto insurgente, dijo el candidato Mendoza como si Andrés Manuel López Obrador fuera el insurgente nacional que espera la patria.


Que gane la gente buena dijo el candidato Azuara en alusión al candidato Gallardo, cita a manera de mensaje cifrado o  admonición tibia: ¿O sea, si gana Gallardo, ganan los malos?


Si el candidato Azuara sabe o teme algo, que lo diga con todas sus letras, si anda buscando el voto, que entonces no se calle las cosas.


La candidata Lastras, ex priísta actuando como priísta: buena para criticar pero excelente para el engaño. Simulación a tope: Gallardo va muy bien, pero yo lo que quiero es ser regidora. Cuando se es priísta, aunque se abandone al partido, el priísmo no se pierde, eso corre por las sangre y la candidata Lastras es el mejor ejemplo de oportunismo tricolor.


En fin, Bla-Bla-Bla. Para desgañitarse cualquiera, para frasear lo que sea, cualquiera, para berrear, cualquiera. Para debatir eso no sirve, aunque tras el pretendido debate seguramente los  candidatos llegaron a sentir que la gente los quiere y que desea abrazarlos tierna y cariñosamente.



En dos domingos más es el día de las elecciones. Los candidatos a gobernador nunca levantaron y el debate municipal, mostró que los candidatos a la alcaldía tampoco crecieron sino únicamente en los ríos de saliva que son capaces de lanzar.

lunes, 18 de mayo de 2015

San Luis Potosí: veintitrés años sin Salvador Nava

Este martes diecinueve de mayo se cumplen veintitrés años de que Salvador Nava Martínez murió. En San Luis Potosí, nadie como él ha contribuido a construir la democracia que hoy tenemos.


Sin duda, tenemos una democracia imperfecta, insuficiente y débil pero que marca una distancia considerable de la autoritaria y represiva de hace apenas un par de décadas. El voto valía tanto como un cacahuate.


La corrupción estaba en la piel de los funcionarios públicos en todos los niveles empezando por el gobernador. Se gobernaba para clientelas políticas y se utilizaba el poder para enriquecer a algunos y para satisfacer el gusto de otros. Los abusos, la ilegalidad, la injusticia, la impunidad prevalecían como algo normal a la vista de todos.


A principios de los noventa, Leopoldino Ortíz gobernaba la entidad con tanto desdén que su mediocridad era conocida por todos. Había suplido a Florencio Salazar, víctima de los lobos caciquiles dentro del PRI.


San Luis Potosí estaba estancado. No crecía ni iba para ningún lado, se contagió de la abulia del gobernador que solo tenía atenciones para las fiestas. La pobreza crecía, el abandono se extendía a todos los sectores de la sociedad, mientras que desde el gobierno se abusaba y se aplastaba cualquier intento de denuncia.


Entonces, regresó Salvador Nava. Apoyado por importantes grupos de la sociedad y partidos de oposición, se impulsó su candidatura a gobernador por la Coalición Democrática Potosina.


Perdió una elección inequitativa organizada desde el gobierno, pero la gente no lo aceptó y por decenas de miles salieron a las calles. Hubo movilizaciones, plantones, enfrentamientos y al final la Marcha de la Dignidad. Fausto Zapara, gobernador por el PRI solo duró catorce días en el cargo.


Nava logró, como lo había hecho antes para ganar la presidencia municipal de San Luis Potosí, el despertar de la conciencia de la gente: el obrero, el ama de casa, los estudiantes, los empresarios y buena parte de la sociedad en su conjunto se politizaron para impedir más abusos del poder y una imposición electoral fraudulenta.


Nava ofrecía lo que quería la sociedad: un gobierno en el que se reflejara su dignidad.


A veintitrés años de la muerte del Doctor Salvador Nava los potosinos seguimos esperando que llegue alguien a ofrecernos dignidad y no vales, despensas, cobijas, tarjetas o regalos a cambio del voto.


Han corrido los años que ya pronto alcanzarán el cuarto de siglo y la figura de Nava se fortalece en la memoria ante la especie de políticos desnaturalizados e inconcientes que tenemos enfrente.


Si medimos a Salvador Nava con cada uno de los candidatos a gobernador que andan en plena guerra sucia, habría que colocarlos de rodillas para abajo.


¿Cuál de los siete tiene la probidad de Nava, la honestidad, la dignidad de Nava?


Ninguno, eso está claro.


En estos momentos, a tres semanas de las elecciones del siete de junio, el poder público, los candidatos y sus partidos nos muestran de lo que están hechos: lanzan encuestas manipuladas para asegurar que van a ganar, andan echando la casa por la ventana entregando dinero para que la gente se anime a ir a un mitin, los programas oficiales de asistencia social hacen su labor de convencimiento.


La guerra sucia en todo su apogeo: en la red de You Tube aparece un anuncio para descalificar a Sonia Mendoza, candidata del PAN a gobernador, en municipios de la Huasteca la violencia amenaza con estallar, en Soledad y la capital, la delincuencia se ha metido al proceso electoral.


Y mientras, en el gobierno estatal la consigna es que seamos felices que estamos en el año de Hidalgo.


Por eso, a veintitrés años de la muerte de Nava se le extraña más que nunca. Los políticos que nos ha tocado soportar, van al colmo del descaro y se ven como trogloditas que, guiados por un instinto animal, buscan sobrevivir por la ley del más fuerte, del más tramposo, del más salvaje.


En estos veintitrés años de celebración de la muerte de Nava, nos preguntamos ¿Dónde está la dignidad?


Dónde la dignidad del ciudadano para rechazar formar coros de aplaudidores y aduladores a cambio de una promesa de un cargo público.


Dónde la dignidad del ciudadano para rechazar una tarjeta del Verde para ir de compras a cambio del voto.


Dónde la dignidad del ciudadano para mostrar rechazo a los mismos que le han golpeado.


Dónde la dignidad del ciudadano para dejar de votar por los mismos que ahora lo tienen hambriento.


La dignidad ciudadana no se ha recobrado desde los tiempos de Nava. Desde entonces, los políticos se han encargado de envilecerla. Han despojado a la gente de su dignidad para, amaestrada, domesticada,  tenerla simplemente como un número para el día de las elecciones.


Hay que extrañar a Nava porque su ejemplo político no ha sido seguido por nadie, hay que extrañarlo porque sus sueños de democracia en un gobierno participativo, compartido con la gente, nadie los ha recogido.


Hay que extrañarlo y eso es sencillo, solo hay que voltear y ver el tiradero de lodo y corrupción en palacio de gobierno y en el municipal también. Vea al gobernador y al alcalde, a los diputados y a los regidores, tan solo verlos y se entiende que no tienen remedio.


Lo suyo no es la dignidad propia ni la dignidad de la gente.





lunes, 11 de mayo de 2015

Del debate o cómo se hace un bodrio infumable

Del debate o cómo se hace un bodrio infumable

Antonio González Vázquez

Hubo un triunfador indiscutible del debate de candidatos a gobernador del pasado viernes. Estuvo mesurado, sereno. Mantuvo el control de sus emociones, reconoció fallas y solicitó disculpas por ello. Mucho menos hizo promesas vanas, ese nunca ha sido su papel.

Se le vio dominador del escenario; cuando fue necesario habló con energía y se desenvolvió ante las cámaras con frescura, con vivacidad. No le ganó el nervio o la presión y en todo momento mantuvo una imagen intachable, fue el ganador del debate.

Y el ganador es…Manuel López Ramírez, el avezado moderador e inteligente conductor del debate de candidatos a gobernador hizo bien todo lo que los candidatos hicieron mal.

Es decir, comunicar algo correctamente.

Lució seguro de si mismo y los candidatos, no; habló sin arrastrar ni confundir palabras, leyó bien y fraseo bien, no se equivocó. Utilizó con eficiencia cada segundo de tiempo que le correspondía y los candidatos, no.

Manuel fue al parecer, la única voz juiciosa e inteligente de la noche.

Mal por los candidatos, pero eso no es novedad, ya se esperaba un resultado desastroso como el de la noche del viernes, aunque a decir verdad, tal vez rebasó con creces las expectativas más pesimistas que se tenían.

Dos horas de tedio en un programa infumable, con una producción televisiva fallida y mediocre, errores técnicos y humanos garrafales. Una transmisión infumable no apta para audiencias críticas o medianamente inteligentes.

El debate entre candidatos a gobernador no fue otra cosa sino un simple programa de televisión de esos a los que cualquiera le saca la vuelta en busca de algo divertido o entretenido. En horario triple A, las posibilidades de audiencia en la actual coyuntura de globalización de la información y el entretenimiento, debió colocar al mal llamado debate como un evento para minorías desinformadas.

Como espectáculo valió un cacahuate.

En el plano político, el gran derrotado fue el único actor ausente en el debate: Fernando Toranzo Fernández. Su administración fue demolida, le pasaron la guadaña una y otra vez. Lo hicieron polvo.

Los candidatos a gobernador correspondieron a lo que en esa perspectiva se esperaba, ni más ni menos:

Juan Manuel Carreras a la defensiva, temeroso, pertrechado en su presunta  valía de su trayectoria en la administración pública. Se le ve ya agotado física y emocionalmente, su narrativa es la de un tecnócrata de otros tiempos. Se le vio como un burócrata en busca de un voto que sabe, se le está yendo de las manos. Quiso ser el más juicioso, el más inteligente y terminó siendo el gris de la noche. De él se espera un impulso a gran escala para levantar la campaña, pero no, parece que se desinfló más. Tuvo miedo, le temblaron las piernas y se le secó la boca nada más de pensar que su principal promotor es Fernando Toranzo.

Sonia Mendoza Díaz fue al debate con la confortable estrategia de a ver que sale. Como ella y los suyos estiman que llevan la delantera, entonces no hay porque arriesgar la delantera. No parecía candidata de oposición y a la necesaria combatividad la suplió con una actitud de “buena onda”. Dubitativa en la lectura de tarjetas, sin carisma ni foco ante las cámaras, la panista perdió uno de sus pocas fortalezas: ya no es la única mujer candidata. Dejo ir a Carreras y perdonó a Toranzo de un juicio lapidario pues su desinformación no le permitió exhibir las miserias de la actual administración con la crudeza necesaria. Como Zapata hace seis años, Sonia ya cree que ganó las elecciones.

Fernando Pérez Espinosa fue al debate con la esperanza de que no le recordaran tanto su pasado, pero se equivocó. Habla como priísta, piensa como priísta, actúa como priísta, propone como priísta, ofrece como priísta, luego entonces Calolo no puede dejar de ser priísta solo porque  no esté ya en ese partido. Aunque se desenvolvió bien, no fue suficiente, hay pruebas que acreditan que de lo que ahora ofrece, antes lo desdeño o combatió. Su problema en el debate fue que cualquiera que hiciera memoria de su vida y obra como presidente y diputado del PRI, de inmediato lo catalogaría como un farsante más.

Eugenio Govea Arcos no desaprovechó un solo momento del debate. Actuó como se esperaba: como un náufrago en medio del mar al ver a la distancia una isla desierta. No es que haya sido el mejor, sino que tuvo presente que lo suyo tendría que ser el ataque frontal, directo y contundente contra quien se le pusiera enfrente, de preferencia, empezando por el gobernador Toranzo. Hizo lo que tenía que hacer porque se sabe derrotado. Sus posibilidades de triunfo son tan mínimas que es más fácil que la Procuraduría de Justicia detenga y ponga ante un juez al pederasta Eduardo Córdova Bautista y a la alcaldesa Victoria Labastida. No obstante, Govea mostró lucidez y agresividad, si lo pusieran solamente con Carreras lo aplastaría en tres minutos.

Del resto, solo Sergio Serrano Soriano tuvo momentos de lucidez, como cuando en un par de ocasiones les echo en cara a Carreras, Sonia, Govea y Calolo que todos, en su momento, avalaron actos de corrupción de sus jefes políticos, haya sido Toranzo o Marcelo. Que ahora pretendan sepultar sus historias personales, es el despropósito eterno de los políticos que creen pasar por puros y santos cuando en realidad quedaron bastante sucios a su paso por el lodazal.

Dichos, muchos. Juicios y sentencias, muchas. Declaraciones tronadoras, bastantes. Acusaciones, de sobra. Ideas claras y propuestas viables, esas fueron las que faltaron.

No podía de ser de otro modo,  es simplemente el reflejo de la mediocre clase potosina que tenemos.

Es una pena, pero de esos siete candidatos saldrá el próximo gobernador. Pobre San Luis, en manos de políticos falseadores, simuladores, arrogantes, engreídos, rapaces. En el debate eso se mostró, se les vio lo que quieren esconder de lo que realmente son.

Viene otro debate, otro espectáculo lastimero del que aunque usted no lo crea, algunos de ellos saldrá a decir que lo ganó, como si eso le fuera a granjear una admiración tumultuaria o como si fuera algo de que ufanarse.

Ni hablar, como bien se sabe, en tierra de ciegos el tuerto es rey.


lunes, 4 de mayo de 2015

La farsa electoral o de a cómo por apoyar al partidazo

Un “promotor voluntario” del Partido Revolucionario Institucional toca la puerta de su casa. Usted lo saluda porque es vecino y acto seguido, éste le dice que tiene algo muy importante que comentarle,  “es algo que le puede interesar”. El priísta toma confianza y le dice que ya vienen las elecciones, que el partido va muy bien, que cuenta con los mejores candidatos y que por encima de todos está el candidato a gobernador, Juan Manuel Carreras.


¿Si lo conoces verdad?, interroga el priísta y, si pues como no, claro que lo conozco, lo he visto en las fotos, en la tele y en el periódico, le contestas. Acto seguido, el activista tricolor pregunta si conoces al candidato a la presidencia municipal y luego se repite la misma pregunta sobre el candidato a diputado. Por cortesía le contestas que sí, que en efecto los conoces y que son realmente buenas personas.


Luego, el priísta dice: “tengo algo que proponerte”. Las cosas están difíciles, el dinero no alcanza para mucho ¿verdad?, y pues tú sabes, un dinerito extra siempre cae bien, uno nunca sabe, resuelve categóricamente en tono filosofal.


Mira, agrega, te quiero invitar para que representes al partido en la casilla que nos toca aquí en la calle, ya sabe es el siete de junio. Te vamos a dar una capacitación y luego el día de las elecciones, tú nos vas a representar en la casilla. Estamos pagando, perdón, ofreciendo un apoyo de 250 o hasta 300 pesos; pero también te llevamos un refrigerio y te damos saldo para el teléfono por si surge una emergencia.


No, la verdad no me interesa, le dices como con intención de que se vaya y te deje en paz, pero el priísta es más aguerrido que un vendedor de pomada para los cayos y juanetes y te insiste. Anda, ayúdanos, si ganamos, que tal si te toca algo.


Al ver que fracasa en su intento por reclutar a un representante de casilla, el priísta adopta una actitud suplicante y te dice: ¿Podrías recibir en tu casa a mi candidato?, no a Carreras, claro, al candidato a la presidencia. Mira, hazme ese favor, tú nada más recibes al candidato con una bienvenida, invita a algunos de tus amigos, familiares y vecinos; nosotros llevamos el toldo, las mesas, el equipo de sonido y un refrigerio.

Ora que si le quieres invitar un café o una comida al candidato sería mejor, mira que es bien buena onda, es un hombre bueno, estoy seguro de que si gana luego te echa la mano, a él no se le olvida cuando alguien le echa la mano.

No, le dices en actitud cortante, pero el promotor no se deja y ya como despedida te pide el voto. Ni hablar, para la otra será, pero no se te olvide, échanos la mano con tu voto, pídeles a tus hermanos, a tus papás, pídeles que voten por el PRI, vamos a cambiar juntos la historia.


Así ocurre cerca de mi casa en Soledad de Graciano Sánchez. Me han comentado amigos que de manera similar han  recibido ofrecimientos del Verde y de Nueva Alianza.


En las campañas, resucitan y se levantan de su sarcófago polvoriento y lleno de telarañas una cosa puramente antidemocrática que se le conoce como clientela partidista. Son sujetos que ven en las campañas la oportunidad para ganar dinero, hacer relaciones, hacer negocios redituables y sobre todo, anticipan la oportunidad de hacerse lugar en el presupuesto público.


Las clientelas electorales son presuntos líderes de la colonia, de la privada, de la calle, del departamento, del sindicato  o de donde usted guste y mande y se dedican a seguir al candidato a dónde éste vaya dentro de los límites posibles. Se hace un peregrinar de aduladores y aplaudidores que en realidad conforman un escenario de ficticio apoyo popular para el candidato.


Esas clientelas hacen lo que sea necesario: reparten volantes, pegan propaganda en los autos, lanzan por debajo de la puerta trípticos o calendarios, cromos con la imagen del partido y del candidato. Son una plaga.


Llega usted a su casa y se encuentra el cajón del buzón atiborrado de basura electoral y el piso tapizado de propaganda. Le llama la atención un folder tamaño carta del Partido Verde y en el reverso encuentra datos personales que han sido cubiertos con tinta negra, pero encima de éstos dice: “estimada familia…” bienvenidos al Verde.


¿Por qué ese partido utiliza los datos personales que se supone, están protegidos por la ley? ¿Por qué si ese partido ha sido sancionado por usar sin autorización esos datos, continúan haciéndolo? ¿Quién le dio permiso al Partido Verde para personalizar propaganda con el nombre, apellidos de la familia y domicilio?


Al Partido Verde eso no le importa. No le importa la ley y por extensión no le importan los ciudadanos.


Recibe usted una llama telefónica en momentos de apuro y trabajo. En el auricular usted escucha una voz con un eco a central de autobuses. Sin mayores contemplaciones pregunta a boca de jarro: ¿Conoce usted a Paulina? ¿Sabe que es candidata del PRI a diputada? ¿Estaría dispuesto a votar por ello? Enseguida le pones un alto y les dices que no quieres responder una encuesta, pero esa voz chillona y falsamente entusiasta te insiste: ¿Pero si votaría por Paulina? Te hartas y le dices, mire, no la conozco, adiós y le cuelgas.


Va usted a la tienda de la esquina por un sobrecillo de café y a la salida te encuentras algo semejan te a un río de gente: señoras con niños arrastrando del brazo, ancianas exultantes de felicidad y señores a paso lento. Llevan en las manos bandejas de comida, de paste, de gelatina. Con cualidades de equilibrista llevan también banderolas amarillas del PRD. Van felices, ya comieron en el mitin y les dieron su lonche para llevar, también les dieron su camiseta, su gorra y su refresco.


Los ve pasar porque van también a la esquina a esperar la llegada del camión, van de regreso a su colonia y cuando lleguen a casa pensarán: barriga llena, corazón contento.


Lo peor de las campañas no son los partidos políticos, ni tampoco los candidatos con toda y su enorme carga de conchudez, sino que lo peor es esa enorme fauna de presuntos activistas electorales que, mediante engaños atraen a los ciudadanos como a una borregada. Lucran políticamente con las necesidades de la gente, la engañan, juegan con ella.


Es tan triste la condición de vida de miles de personas, que en las campañas ven la oportunidad de comer, de echarse a la bolsa unos cuantos pesos y ven la posibilidad de que el futuro les cambie con un puesto en cualquier dependencia de gobierno.


Esas son las verdaderas campañas de los partidos, son tan oprobiosas que las propuestas de los candidatos palidecen por su frivolidad e ingenuidad, el verdadero engaño está en lo que se promete a cambio del voto: la despensa, la beca, el desayuno, los materiales de construcción, el dinero constante y sonante.


Lo que digan los candidatos es absolutamente prescindible, lo más grave ocurre en el subterráneo de las campañas, donde los activistas y sus clientelas hacen trueque por el voto.


Los políticos y los partidos están en la parte más baja en los indicadores de confianza entre las instituciones públicas. De no ser por la policía, los políticos serían los que menor credibilidad y confianza social tienen. En las campañas se pulen en sus vicios y artimañas, es así como ganan las elecciones.


Por eso los candidatos dicen auténticas tarugadas, como el señor candidato tricolor-verde-turquesa que, una vez que se faje muy bien los pantalones, va a tapar todos los baches de la ciudad.


No po’s si. Otro que quiere “transformar a la ciudad”.