lunes, 2 de marzo de 2015

¿Y si de los siete no se hace uno?

Siete candidatos y once partidos políticos. Siete candidatos variopintos y once partidos más o menos cortados con la misma tijera van en busca del edén. Una mujer y seis hombres van por el poder.

Dirán que servir a la sociedad es lo único que ambicionan, que es su objetivo y hasta su más caro sueño.

Ofrecerán la vida misma si les dispensan el favor de un voto y firmarán ante notario público que exudarán esfuerzo y sudor por cada poro durante las 24 horas de cada día del sexenio, todo por tener el grandísimo honor de servir a la sociedad.

Es la víspera del inicio de las campañas, de ese ritual a punto de ser santificado como piedra fundacional de nuestra democracia. En las campañas se gana la elección, en las campañas se construye el proyecto de gobierno, en las campañas el candidato se acerca y dialoga con la gente, en las campañas los candidatos hacen compromisos y empeñan su palabra.

En las campañas los candidatos andan por caminos nunca antes andados y van a donde jamás habían pensado, en las campañas se suben a los templetes de los encuentros placeros y luego desayunan, comen y cenan masticando promesas o tragando sapos.

Ella y Ellos serán, de pronto, porque así ha de ser en las campañas, punto obligado de referencia acerca del futuro de todos. En las campañas, los candidatos esbozarán ideas probablemente, inteligentes y lúcidas o igual auténticas estupideces y ocurrencias propias de un día de resaca. Para eso son las campañas y ésta semana arrancan.

Los candidatos crearán su cuartel de guerra. Organizarán la campaña como quien planea la conquista de un territorio fértil y paradisíaco. Construirán una estructura en la que ellos, los candidatos, estarán en la cima de la pirámide. Sin ser nada aún tendrán potestad sobre muchos y sus palabras serán órdenes. Así son las campañas, los candidatos aprenden  a manejar la tentación del autoritarismo y la soberbia.

Crearán su equipo que llaman de trabajo, su brazo político electoral y cada encargo será peleado como el buitre que pelea a muerte por un retazo putrefacto de carroña. En las campañas la grilla es la más pantanosa y traicionera. En las campañas hay que tener ojos en la nunca porque nunca se sabe de quién y a qué hora llegará la puñalada.

En las campañas los candidatos son ya como los jefes plenipotenciarios y todos a su lado se convierten en aduladores profesionales y todos quieren quedar bien con ellos. Es la regla de oro, para que cuando el candidato esté en los cielos del poder se acuerde de quienes lo ayudaron y los tenga en la santa gloria del presupuesto.

Por norma general, el jefe de la campaña tiene seguro un cargo importante en el gobierno y por eso, en orden de importancia, luego del candidato está el coordinador de la campaña que, por decir lo menos,, suele sentirse como mínimo, secretario general de gobierno.

Van entonces seis candidatos y una candidata, cada uno con su campaña, cada uno con su presupuesto electoral para intentar vender su imagen de buena gente. Su imagen de bien portados, de almas que no rompen un plato. Por eso, lo primero será ir a pedir la bendición del arzobispo. Que se tome la foto y la distribuyan en cielo, mar y tierra.

De súbito, a los candidatos les crearán tantas virtudes que uno se preguntará porqué no los han santificado. Les descubrirán habilidades y bondades en nadie vistas y su figura patriótica y republicana será un ejemplo para todos. El señor candidato. La señora candidata.

En las campañas se tiene que ver gente junto al candidato, así sean acarreados, no importa. Es fundamental que se vea el arrastre, la popularidad, la simpatía y don de gentes del candidato. Juan Pablo Escobar y Elías Pescina son especialistas y no se diga Oscar Vera, son capaces de hacer multitud en un pueblo fantasma. Que eso se convierta luego en votos, bueno, eso ya es lo de menos.

Empiezan las campañas y hay que acercarse con escepticismo. Hay que dudar de lo que dicen, de lo que prometen los candidatos. La mentira, la simulación, la farsa forman la piel de paquidermo en las campañas.

Siete candidatos y once partidos, parecen una multitud para una clase política de ínfimo nivel. Es demasiado porque no refleja diversidad o pluralismo sino la mediocridad en un sistema políticos de partidos en los que poco se confía.

Las campañas de los siete candidatos en realidad se reducirán a dos, la del PRI y la del PAN con la posibilidad de que se sume un sorpresivo actor no invitado, el PRD y el “Calolo”.

Si prende la campaña del ex priísta, entonces podremos esperar una sorpresa, lo cual, sin duda, provocará un permanente insomnio pos gobierno al doctor.

En modo alguno se puede esperar algo nuevo de las campañas que empiezan ya. De los candidatos a gobernador, todos llegan con sus pequeños escándalos: Sonia Mendoza y su fraude en la interna del PAN, Juan Manuel Carreras, el candidato del dedazo presidencial, el proyecto transexenal del doctor, Fernando Pérez Espinosa, el izquierdista de mentiras, el priísta que anhela venganza.

De los demás, ni que hablar. Su participación será anecdótica.


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