lunes, 23 de marzo de 2015

La ineficiente y dividida campaña a gobernador del PAN

Fernando Toranzo y el Partido Revolucionario Institucional se beneficiaron en 2009 de la profunda división interna del Partido Acción Nacional. El PRI ganó entonces los comicios no por contar con el mejor candidato que a la postre se ha convertido en un mal gobernador, sino porque los panistas de entonces debilitaron a su candidato.

Históricamente, el PRI se ha beneficiado en las urnas de las divisiones fratricidas en los partidos o en las cúpulas de poder o en altas esferas de gobiernos locales. El PRI es un partido que sabe aprovechar los desencuentros de sus adversarios.

Hace unos días, Eugenio Govea Arcos, candidato del Movimiento Ciudadano a gobernador, reconoció con cierto cinismo que en el 2009 apoyó y trabajó políticamente a favor del candidato del PRI, Fernando Toranzo.

En ese entonces, Govea era Senador por el PAN y había sido por ese partido diputado local y también dirigente estatal. Había sido también punta de lanza de Marcelo de los Santos en el PAN y era uno de sus consentidos.

Es historia sabida: Marcelo de los Santos no quería a Alejandro Zapata Perogordo, no lo aceptó como candidato a gobernador e hizo lo que estuvo al alcance de su mano para evitar que llegara a gobernador y lo logró. Impulsó los afanes de poder de Govea que puso a disposición de Fernando Toranzo, no miles de votos, sino el suculento platillo de la venganza contra Zapata.

 Seis años después, Govea como candidato a gobernador ha reconocido que se equivocó al apoyar la candidatura del doctor, pero de lo que más debería arrepentirse es de haber generado tal división en el PAN que eso le costó perder una elección estatal.

Por cierto, Marcelo de los Santos también debería seguir el ejemplo de Govea y hacer una confesión pública acerca de su responsabilidad de que Fernando Toranzo sea gobernador cuando ni el propio doctor se lo esperaba.

Las traiciones son una bajeza pero se disfrutan en el PAN.

Van ya poco más de dos semanas de campaña de los candidatos para gobernador del estado y en el PAN continuar sin entender que divididos como están, la derrota está más que asegurada. No es un cuento chino, es la verdad.

Los jefes del Círculo Azul que comandan Héctor Mendizábal Pérez y Juan Pablo Escobar y que llevan las riendas de la campaña de la candidata Sonia Mendoza Díaz, tardaron dos semanas para que apareciera en la campaña el presidente nacional del partido, Gustavo Madero.

A diferencia de las campañas de otros candidatos, el presidente nacional del PRI y el del PRD acompañaron a Juan Manuel Carreras y Fernando Pérez Espinosa en el registro de sus candidaturas y en algunas actividades de proselitismo. Gustavo Madero, no.

Dos semanas después del inicio de la campaña de Mendoza Díaz, el líder nacional del PAN vino a dar un respaldo tan débil e insuficiente que mejor habría sido que no viniera. En el guión del protocolo y la cortesía política destacó las bondades y cualidades de la candidata, pero luego admitió que San Luis no está entre las entidades donde el PAN tenga la seguridad de ganar.

No solo hubo lentitud para traer a la dirigencia nacional a una campaña de figuras ausentes, sino que incluso se ha llenado tan pronto de tal soberbia que a los grupos ajenos al Circulo Azul simplemente se les ignora. No han pensado en que con el correr e de los días, la división se ensancha más con riesgo de provocar el fracaso público de la campaña de la candidata.

Es decir, no se ha hecho lo necesario para convencer a Zapata Perogordo y a Octavio Pedroza Gaytán para que junto con su gente se unan a la campaña. No ha habido ninguna estrategia de acercamiento en busca del acuerdo político. Todo mundo sabe que están peleados y en la campaña de Mendoza hacen como que eso no es importante.

Incluso, tan errados anda ese equipo, que el sábado el registro de Xavier Azuara como candidato a la presidencia municipal fue utilizado como un presunto acto de apoyo y de unidad en torno a Mendoza Díaz. Intento inútil de engaño a la opinión pública.

Azuara Zúñiga a quien si apoyan todos los panistas y sus cabezas de grupo, ofreció una rueda de prensa para mostrar que todos los liderazgos del partido están con él. Se tomaron la foto con las manos unidas y los brazos en alto, pero esto, en torno a su candidatura.

Esa imagen se utilizó en el equipo de Mendoza Díaz como una muestra de que tales liderazgos están con ella, lo cual,  desafortunadamente para ella y para el PAN, es falso.

La campaña de Mendoza no crece y en cuanto espacio público es posible, Octavio Pedroza recuerda que él no la apoya. También se lo hizo saber a Gustavo Madero, aunque el dirigente nacional sabe bien que en San Luis el PAN es un auténtico desmadre.

Así, mientras la campaña diseñada y orquestada por Juan Pablo Escobar no despierta entusiasmo ni levanta los ánimos de nadie, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revisa la impugnación que contra la candidata presentó Alejandro Zapata.

El PAN está dividido y no hay quien se ocupe de volver a unirlo, hay una especie de sentimiento de resignación de que las cosas no cambiarán. El equipo de la candidata cree con ingenuidad que con todo y división les alcanzará para dar la sorpresa y ganar, pero ese optimismo más bien reservado no les dará para tanto.

Ellos lo saben, pero no lo quieren reconocer. No reconocen que la sospechosa forma de cómo ganó Mendoza la candidatura es el pesado lastre que no la deja avanzar. No se quiere entender que es la candidata de un grupo, si del que controla el partido, pero que eso no le da la fuerza necesaria para aspirar a un feliz siete de junio. Lo saben, pero no quieren entender que no entienden.

Un partido político en campaña, si está dividido, no puede lograr su propósito principal que es el de buscar y lograr el poder público a través del voto. Un partido político en campaña que tiene enfrentados a sus liderazgos, no tiene futuro sino el de la derrota.



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