Fernando
Toranzo y el Partido Revolucionario Institucional se beneficiaron en 2009 de la
profunda división interna del Partido Acción Nacional. El PRI ganó entonces los
comicios no por contar con el mejor candidato que a la postre se ha convertido
en un mal gobernador, sino porque los panistas de entonces debilitaron a su
candidato.
Históricamente,
el PRI se ha beneficiado en las urnas de las divisiones fratricidas en los
partidos o en las cúpulas de poder o en altas esferas de gobiernos locales. El
PRI es un partido que sabe aprovechar los desencuentros de sus adversarios.
Hace
unos días, Eugenio Govea Arcos, candidato del Movimiento Ciudadano a
gobernador, reconoció con cierto cinismo que en el 2009 apoyó y trabajó
políticamente a favor del candidato del PRI, Fernando Toranzo.
En
ese entonces, Govea era Senador por el PAN y había sido por ese partido
diputado local y también dirigente estatal. Había sido también punta de lanza
de Marcelo de los Santos en el PAN y era uno de sus consentidos.
Es
historia sabida: Marcelo de los Santos no quería a Alejandro Zapata Perogordo,
no lo aceptó como candidato a gobernador e hizo lo que estuvo al alcance de su
mano para evitar que llegara a gobernador y lo logró. Impulsó los afanes de
poder de Govea que puso a disposición de Fernando Toranzo, no miles de votos,
sino el suculento platillo de la venganza contra Zapata.
Seis años después, Govea como candidato a
gobernador ha reconocido que se equivocó al apoyar la candidatura del doctor,
pero de lo que más debería arrepentirse es de haber generado tal división en el
PAN que eso le costó perder una elección estatal.
Por
cierto, Marcelo de los Santos también debería seguir el ejemplo de Govea y
hacer una confesión pública acerca de su responsabilidad de que Fernando Toranzo
sea gobernador cuando ni el propio doctor se lo esperaba.
Las
traiciones son una bajeza pero se disfrutan en el PAN.
Van
ya poco más de dos semanas de campaña de los candidatos para gobernador del
estado y en el PAN continuar sin entender que divididos como están, la derrota
está más que asegurada. No es un cuento chino, es la verdad.
Los
jefes del Círculo Azul que comandan Héctor Mendizábal Pérez y Juan Pablo
Escobar y que llevan las riendas de la campaña de la candidata Sonia Mendoza
Díaz, tardaron dos semanas para que apareciera en la campaña el presidente
nacional del partido, Gustavo Madero.
A
diferencia de las campañas de otros candidatos, el presidente nacional del PRI
y el del PRD acompañaron a Juan Manuel Carreras y Fernando Pérez Espinosa en el
registro de sus candidaturas y en algunas actividades de proselitismo. Gustavo
Madero, no.
Dos
semanas después del inicio de la campaña de Mendoza Díaz, el líder nacional del
PAN vino a dar un respaldo tan débil e insuficiente que mejor habría sido que
no viniera. En el guión del protocolo y la cortesía política destacó las
bondades y cualidades de la candidata, pero luego admitió que San Luis no está
entre las entidades donde el PAN tenga la seguridad de ganar.
No
solo hubo lentitud para traer a la dirigencia nacional a una campaña de figuras
ausentes, sino que incluso se ha llenado tan pronto de tal soberbia que a los
grupos ajenos al Circulo Azul simplemente se les ignora. No han pensado en que
con el correr e de los días, la división se ensancha más con riesgo de provocar
el fracaso público de la campaña de la candidata.
Es
decir, no se ha hecho lo necesario para convencer a Zapata Perogordo y a
Octavio Pedroza Gaytán para que junto con su gente se unan a la campaña. No ha
habido ninguna estrategia de acercamiento en busca del acuerdo político. Todo
mundo sabe que están peleados y en la campaña de Mendoza hacen como que eso no
es importante.
Incluso,
tan errados anda ese equipo, que el sábado el registro de Xavier Azuara como
candidato a la presidencia municipal fue utilizado como un presunto acto de
apoyo y de unidad en torno a Mendoza Díaz. Intento inútil de engaño a la
opinión pública.
Azuara
Zúñiga a quien si apoyan todos los panistas y sus cabezas de grupo, ofreció una
rueda de prensa para mostrar que todos los liderazgos del partido están con él.
Se tomaron la foto con las manos unidas y los brazos en alto, pero esto, en
torno a su candidatura.
Esa
imagen se utilizó en el equipo de Mendoza Díaz como una muestra de que tales
liderazgos están con ella, lo cual,
desafortunadamente para ella y para el PAN, es falso.
La
campaña de Mendoza no crece y en cuanto espacio público es posible, Octavio
Pedroza recuerda que él no la apoya. También se lo hizo saber a Gustavo Madero,
aunque el dirigente nacional sabe bien que en San Luis el PAN es un auténtico
desmadre.
Así,
mientras la campaña diseñada y orquestada por Juan Pablo Escobar no despierta
entusiasmo ni levanta los ánimos de nadie, el Tribunal Electoral del Poder
Judicial de la Federación revisa la impugnación que contra la candidata
presentó Alejandro Zapata.
El
PAN está dividido y no hay quien se ocupe de volver a unirlo, hay una especie
de sentimiento de resignación de que las cosas no cambiarán. El equipo de la
candidata cree con ingenuidad que con todo y división les alcanzará para dar la
sorpresa y ganar, pero ese optimismo más bien reservado no les dará para tanto.
Ellos
lo saben, pero no lo quieren reconocer. No reconocen que la sospechosa forma de
cómo ganó Mendoza la candidatura es el pesado lastre que no la deja avanzar. No
se quiere entender que es la candidata de un grupo, si del que controla el
partido, pero que eso no le da la fuerza necesaria para aspirar a un feliz
siete de junio. Lo saben, pero no quieren entender que no entienden.
Un
partido político en campaña, si está dividido, no puede lograr su propósito
principal que es el de buscar y lograr el poder público a través del voto. Un
partido político en campaña que tiene enfrentados a sus liderazgos, no tiene
futuro sino el de la derrota.
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