Hace un par de
semanas pregunta con cierto pesimismo en torno a los candidatos a gobernador:
¿Y si de los siete no se hace uno?
Al correr de los días
de campañas de proselitismo, creo que la respuesta puntual a esa interrogante
es que, en efecto, de los siete no se hace uno.
Diez días después del
inicio de las campañas y diecisiete días después del registro de las
candidaturas avaladas por once partidos políticos, no puede haber lugar sino
para el pesimismo fundado que resulta del pobre arranque de las campañas.
Pobre en todos
sentidos: en ideas, en propuestas de solución, en creatividad, en innovación,
en proyectos viables y realistas; pobreza en todos sentidos. No hay imaginación
ni tampoco tan siquiera un atisbo de
lucidez intelectual, mucho menos un asomo de honradez y probidad.
Tan lastimosos han
sido estos días de campañas electorales que el único tema que ha llamado la
atención es el hecho de que Sonia Mendoza Díaz haya recurrido a un programa de
software denominado Photoshop a fin de lucir como debe lucir alguien que está a
la vista del público.
En el veinticinco
aniversario de ese programa que ha revolucionado el concepto de la imagen
publicitaria y propagandística, la candidata de Acción Nacional hizo algo que
al final, resultó efectivo: que se hable de ella. Antes de eso, seguía
arrastrando la cobija de manera ominosa.
Es decir, el inútil
escarnio al que fue llevada por sus adversarios y oficios afines al PRI y a
Carreras, bien mirado, le trajo a Mendoza la posibilidad de darle vuelta al aun
fresco escándalo de su elección fraudulenta. Es más, gracias al Photoshop, poco
se han ocupado de su lamentable arranque de campaña.
Que un candidato o
candidata recurra al truqueo de las imágenes con el propósito de verse mejor
resulta incidental, eso lo hacen todos. El problema es que de unos candidatos y
unas campañas, se hable de eso porque simple y llanamente no hay de otra cosa
que hablar, o sea, los candidatos la están pasando de noche.
Solo para documentar
el pesimismo en torno a las campañas, el priísta Juan Manuel Carreras, apoyado
por dos partidos sanguijuela cuya misión pareciera ser solo la de sangrar al
erario público, fue con los indígenas y adivine a qué. Pues si, a que le
entregaran en bastón de mando. El mismo que le entregan a cada candidato que
por peregrina razón se para ante ellos, ya sea candidato a presidente
municipal, diputado o gobernador.
Eso lo hace el PRI en
sus campañas en un acto que frivoliza los usos, costumbres y cultura de los
pueblos indígenas. Y Carreras les prometió lo que le promete el PRI a los
mexicanos: felicidad y más felicidad. Qué bonito ¿No?
Igual, con el mismo
tono de presunto compromiso con los cañeros, Carreras les firmó un compromiso
que bien al igual que la docena que ha firmado, se los puede llevar el viento y
el olvido sin que nadie ponga un pero.
En respuesta, los
cañeros, seguramente honrados y extasiados de felicidad por la firma del
compromiso, le entregaron al señor candidato del PRI un machete, un morral y
una jícara “para que llegue cortando caña”. Por cierto, el compromiso firmado
con los cañeros peca de tan subjetivo y mañoso: “Desarrollar en forma conjunta
el Programa Estratégico para El fortalecimiento del Sector Cañero Potosino”.
Fenomenal, cuanta
sapiencia.
El mismo estilo, el
mismo actuar el mismo y antiquísimo discurso de campaña del PRI en cada
actividad del candidato. Nada nuevo, todo trillado, refriteado.
Igual, Fernando Pérez
Espinosa, el ex priísta, el ex presidente del PRI, el ex amigo del gobernador
Toranzo, el ex beneficiario del dedazo priísta que recién empezó a odiar y
criticar, anda en campaña como si no anduviera. Tal vez ya se dio cuenta que
ser candidato del PRD es no es lo mismo que ser el candidato del PRI. Necesita
que alguien se lo explique o; como a Peña Nieto, no entiende que no entiende.
Por ejemplo, se reunió con reporteros de la fuente deportiva
y les entregó reconocimientos a su trabajo, o sea, como si fuera gobernador
entregando los premios estatales de periodismo.
Si ese despropósito
fuera insuficiente, da el caso que ha prometido traer un equipo de primera
división de fútbol, otro de béisbol de la Liga Mexicana y ya entrados,
pues también uno de básquetbol. Es decir, regresar a los tiempos de despilfarro
de Marcelo de los Santos, cuando el dinero público se iba a negocios
particulares con tintes de fracaso.
Peor aún, Pérez
Espinosa y la súbita devoción a la familia Gallardo al afirmar que al ganar las
elecciones gobernará con “gallardía”. Rendir tributo a un ex alcalde en
prisión, acusado de delitos relacionados con la delincuencia organizada,
demuestra que el “Calolo” no tiene idea de lo que está pasando.
De Govea Arcos
Eugenio ni que decir, verbigracia, ha prometido construir un aeropuerto en
Taquín para que conecte a la región con el mundo. Si, un vuelo directo
Tamuín-Nueva Cork o uno Tamuín-Madrid con escala en Amsterdam o Londres según
se desee.
Como se dijo en este
espacio en su pasada entrega, ninguno de los candidatos ofreció voluntariamente
presentar su Declaración de Intereses, Su Declaración de Impuestos ni su
Declaración Patrimonial.
Pero tampoco nadie ha
ofrecido acabar con la impunidad: Juan Manuel Carreras López no se ha referido
a los presuntos delitos imputables a Victoria Labastida, así como Sonia Mendoza
tampoco se ha referido a la millonaria deuda pública que heredó desde 2009
Marcelo de los Santos.
Ninguno ha mencionado
siquiera la idea de investigar a fondo el gobierno de Fernando Toranzo y a su
ex procurador y ex secretario General y ahora candidato a diputado, Cándido Ochoa Rojas.
Esto, solo por citar
un par de casos.
Los candidatos no
llegan a eso, andan de peregrinación, unos ya mostrándose como el todopoderoso
y otros, de plano, mendigando apoyo y votos.
Pobre de San Luis Potosí,
con los candidatos que de los siete no se hace uno, bien se puede esperar que a
partir del 27 de septiembre empecemos a extrañar al doctor, lo cual, por
supuesto sería ya el colmo de la desventura, pero que se le va a hacer, no hay
más, eso es lo que hay.
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