lunes, 16 de marzo de 2015

Las campañas de la desilusión

Hace un par de semanas pregunta con cierto pesimismo en torno a los candidatos a gobernador: ¿Y si de los siete no se hace uno?

Al correr de los días de campañas de proselitismo, creo que la respuesta puntual a esa interrogante es que, en efecto, de los siete no se hace uno.

Diez días después del inicio de las campañas y diecisiete días después del registro de las candidaturas avaladas por once partidos políticos, no puede haber lugar sino para el pesimismo fundado que resulta del pobre arranque de las campañas.

Pobre en todos sentidos: en ideas, en propuestas de solución, en creatividad, en innovación, en proyectos viables y realistas; pobreza en todos sentidos. No hay imaginación ni tampoco tan  siquiera un atisbo de lucidez intelectual, mucho menos un asomo de honradez y probidad.

Tan lastimosos han sido estos días de campañas electorales que el único tema que ha llamado la atención es el hecho de que Sonia Mendoza Díaz haya recurrido a un programa de software denominado Photoshop a fin de lucir como debe lucir alguien que está a la vista del público.

En el veinticinco aniversario de ese programa que ha revolucionado el concepto de la imagen publicitaria y propagandística, la candidata de Acción Nacional hizo algo que al final, resultó efectivo: que se hable de ella. Antes de eso, seguía arrastrando la cobija de manera ominosa.

Es decir, el inútil escarnio al que fue llevada por sus adversarios y oficios afines al PRI y a Carreras, bien mirado, le trajo a Mendoza la posibilidad de darle vuelta al aun fresco escándalo de su elección fraudulenta. Es más, gracias al Photoshop, poco se han ocupado de su lamentable arranque de campaña.

Que un candidato o candidata recurra al truqueo de las imágenes con el propósito de verse mejor resulta incidental, eso lo hacen todos. El problema es que de unos candidatos y unas campañas, se hable de eso porque simple y llanamente no hay de otra cosa que hablar, o sea, los candidatos la están pasando de noche.

Solo para documentar el pesimismo en torno a las campañas, el priísta Juan Manuel Carreras, apoyado por dos partidos sanguijuela cuya misión pareciera ser solo la de sangrar al erario público, fue con los indígenas y adivine a qué. Pues si, a que le entregaran en bastón de mando. El mismo que le entregan a cada candidato que por peregrina razón se para ante ellos, ya sea candidato a presidente municipal, diputado o gobernador.

Eso lo hace el PRI en sus campañas en un acto que frivoliza los usos, costumbres y cultura de los pueblos indígenas. Y Carreras les prometió lo que le promete el PRI a los mexicanos: felicidad y más felicidad. Qué bonito ¿No?

Igual, con el mismo tono de presunto compromiso con los cañeros, Carreras les firmó un compromiso que bien al igual que la docena que ha firmado, se los puede llevar el viento y el olvido sin que nadie ponga un pero.
En respuesta, los cañeros, seguramente honrados y extasiados de felicidad por la firma del compromiso, le entregaron al señor candidato del PRI un machete, un morral y una jícara “para que llegue cortando caña”. Por cierto, el compromiso firmado con los cañeros peca de tan subjetivo y mañoso: “Desarrollar en forma conjunta el Programa Estratégico para El fortalecimiento del Sector Cañero Potosino”.

Fenomenal, cuanta sapiencia.

El mismo estilo, el mismo actuar el mismo y antiquísimo discurso de campaña del PRI en cada actividad del candidato. Nada nuevo, todo trillado, refriteado.

Igual, Fernando Pérez Espinosa, el ex priísta, el ex presidente del PRI, el ex amigo del gobernador Toranzo, el ex beneficiario del dedazo priísta que recién empezó a odiar y criticar, anda en campaña como si no anduviera. Tal vez ya se dio cuenta que ser candidato del PRD es no es lo mismo que ser el candidato del PRI. Necesita que alguien se lo explique o; como a Peña Nieto, no entiende que no entiende.

Por ejemplo, se  reunió con reporteros de la fuente deportiva y les entregó reconocimientos a su trabajo, o sea, como si fuera gobernador entregando los premios estatales de periodismo.

Si ese despropósito fuera insuficiente, da el caso que ha prometido traer un equipo de primera división de fútbol, otro de béisbol de la Liga Mexicana y ya entrados, pues también uno de básquetbol. Es decir, regresar a los tiempos de despilfarro de Marcelo de los Santos, cuando el dinero público se iba a negocios particulares con tintes de fracaso.

Peor aún, Pérez Espinosa y la súbita devoción a la familia Gallardo al afirmar que al ganar las elecciones gobernará con “gallardía”. Rendir tributo a un ex alcalde en prisión, acusado de delitos relacionados con la delincuencia organizada, demuestra que el “Calolo” no tiene idea de lo que está pasando.

De Govea Arcos Eugenio ni que decir, verbigracia, ha prometido construir un aeropuerto en Taquín para que conecte a la región con el mundo. Si, un vuelo directo Tamuín-Nueva Cork o uno Tamuín-Madrid con escala en Amsterdam o Londres según se desee.

Como se dijo en este espacio en su pasada entrega, ninguno de los candidatos ofreció voluntariamente presentar su Declaración de Intereses, Su Declaración de Impuestos ni su Declaración Patrimonial.

Pero tampoco nadie ha ofrecido acabar con la impunidad: Juan Manuel Carreras López no se ha referido a los presuntos delitos imputables a Victoria Labastida, así como Sonia Mendoza tampoco se ha referido a la millonaria deuda pública que heredó desde 2009 Marcelo de los Santos.

Ninguno ha mencionado siquiera la idea de investigar a fondo el gobierno de Fernando Toranzo y a su ex procurador y ex secretario General y ahora candidato a  diputado, Cándido Ochoa Rojas.

Esto, solo por citar un par de casos.

Los candidatos no llegan a eso, andan de peregrinación, unos ya mostrándose como el todopoderoso y otros, de plano, mendigando apoyo y votos.


Pobre de San Luis Potosí, con los candidatos que de los siete no se hace uno, bien se puede esperar que a partir del 27 de septiembre empecemos a extrañar al doctor, lo cual, por supuesto sería ya el colmo de la desventura, pero que se le va a hacer, no hay más, eso es lo que hay.

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