lunes, 9 de marzo de 2015

Arrancaron las campañas y ningún candidato a gobernador se comprometió con las Tres “D”.

Ninguno de los siete candidatos a gobernador al iniciar el pasado viernes sus respectivas campañas, tuvo tan siquiera un asomo de arrojo y congruencia. Nadie se atrevió a empezar haciendo públicas sus Declaraciones de Patrimonio, de Impuestos y de Intereses.

En un contexto nacional de incredulidad, desconfianza y sospecha, como de cruda manera definió Enrique Peña el momento que vive el país; ninguno de los candidatos a gobernador del estado hizo nada sorpresivo en el arranque de las campañas de proselitismo. Más de lo mismo.

La iniciativa de la sociedad a través de Transparencia Mexicana e intelectuales estudiosos del tema de la transparencia y la rendición de cuentas como Mauricio Merino, no ha encontrado eco en la clase política nacional que busca cargos de elección popular.

Juan Manuel Carreras López inició al más clásico estilo priísta: taxistas acarreados, matraqueros, la firma de artificial efecto de firmar compromisos de campaña, el arropamiento del tibio cobijo de los empresarios de su partido que igual festejan al que defina el dedazo.

Nada digno de un arranque de campaña en momentos en que la credibilidad y la confianza en las instituciones, incluidos obviamente los partidos políticos y las autoridades electorales, se encuentran por los suelos.

Ir a correr al porque para que se vea que hay músculo, aparecer sonriente con Cesar Camacho Quiroz y luego aventarse el primer chiste de la campaña: les prometo ser el gobernador de la educación. Se lo dijo a maestros reunidos por el cacique magisterial, Rabel Turrubiartes. Claro, el chiste se cuenta solo.

Y Sonia Mendoza Díaz, aun con la imagen lastimada por las trampas a las que recurrió para obtener la candidatura del PAN, inició con una presunta reunión con su equipo de campaña, lo que es lo mismo, el club de tobi que se adueño del partido. Los que le ayudaron a hacer del proceso interno del PAN todo un cochinero, son sus operadores de campaña.

Y luego una caravana de vehículos en las calles de Matehuala, saludando como si fuera reina de la primavera. Pero aun, entre sus primeros pronunciamientos al estilo Toranzo: vamos a empezar a escribir una nueva historia en San Luis.

La candidata del PAN cree que por el hecho de ser mujer va a ganar las elecciones y porque ya es justo que el estado sea gobernado por una mujer. Ese es todo su patrimonio político.

Pero Fernando Pérez Espinosa prefirió irse a la Huasteca e iniciar campaña en rueda de prensa. Más simple y frívolo no puede ser. Luego en Soledad, llegó como si ya fuera gobernador. Una comitiva de invitados a los que la policía municipal abría paso con sirena abierta, haciendo a un lado a los automovilistas porque “ahí viene el candidato Calolo”.

Hasta hace unas semanas priísta hasta los huesos, en Soledad se subió a un templete amarillo y negro y naranja. Se abrazaba con señoras, jóvenes y ancianos simpatizantes del PRD y de la familia Gallardo hoy caída en desgracia.

Eugenio Govea Arcos creyó sorprender presentando una muestra clínica para examen antidoping. El del Movimiento Ciudadano no llamó la atención de nadie en la comodidad de un arranque de campaña en rueda de prensa en el centro histórico de la ciudad.

Nadie se atrevió a dar un paso firme en busca de captar la atención y la confianza de la gente. No tienen el tamaño político suficiente para decir, estos son mis amigos, si gano ellos no harán negocios con el gobierno.

Nadie se atrevió a presentar su declaración de impuestos para que la gente vea: esto es lo que gané el año pasado y esto es lo que pague en contribuciones al fisco. Ni evado nada ni escondo nada. Mis negocios y mis ingresos están limpios, son legales.

Nadie se atrevió a decir: esto es lo que poseo, estos son todos mis bienes, así los he adquirido; el día que deje de ser gobernador no tendré más propiedad que las que ahora tengo como candidato.

Malas noticias para todos.

Los partidos y sus viejas fórmulas de hacer campaña en donde el ciudadano es invisible, salvo para llenar auditorios y plazas, como escenario necesario para que se vea y se sienta que el candidato es del pueblo.

En la víspera de su pasada visita de Estado al Reino Unido, el presidente Peña Nieto le dijo a The Financial Times que en México hay incredulidad, desconfianza e incluso sospecha. No dijo nada que los mexicanos no entendamos. Eso es cierto, existe una crisis de desconfianza.

Antes lo había admitido el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray: recuperar la confianza de la ciudadanaza vale tanto como diez reformas estructurales. De ese tamaño es la desconfianza.

Sin embargo, los candidatos y sus partidos parecen vivir una realidad diferente, ya los vimos en el inicio de sus campañas. Ellos son los actores principales y lo que hagan o ellos digan es lo único trascendente. Ya están trepados en su ladrillo, rodeados de aplaudidores y aduladores oportunistas. Para ellos, eso es lo único que cuenta, aunque claro, nadie les crea a ellos.



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