La figura de
gobernador del estado, como institución, está por los suelos. Fernando Toranzo
se encargó de llevarla al punto más bajo durante los últimos seis años. Su
propio hermano, Martín, lo señala de corrupto, de haber estado en palacio de
gobierno como simple adorno. Esa figura institucional de quien tiene la
responsabilidad de gobernador, hoy se encuentra en ruinas, ahí la dejo el
doctor Toranzo.
Durante los
tres meses de campaña del proceso electoral, Consulta Mitofsky evaluó a los
gobernadores de las entidades donde se elegía gobernador. En esos tres meses,
el doctor Toranzo salió reprobado, la mayoría estaba en desacuerdo con él y su
administración. Pese a eso, el PRI ganó las elecciones o mejor dicho, pese a
Toranzo Carreras ganó la elección para gobernador.
La imagen del
gobernador entró desde muy temprano en el sexenio, en una espiral de
desconfianza social que no terminó sino hasta que los propios amigos del doctor
le dieron la espalda. Para la segunda mitad del sexenio, quienes lo habían
apoyado e impulsado para convertirlo sorpresivamente en gobernador, lo dejaron
solo, loo abandonaron al sentirse burlados, cuando no, traicionados.
Ante la
opinión pública, la figura del gobernador perdió credibilidad, puesto que los
problemas que se suponía iba a resolver, ahí se quedaron estancados. De ahí que
se viera al gobierno y al gobernador como algo pusilánime, sin arrestos, mediano,
flojo y sobre todo, sin ideas ni capacidad emprendedora.
Por eso, hoy,
la figura de gobernador está en uno de sus peores momentos. Tuvimos un
gobernador de media tabla.
Ayer, Juan
Manuel Carreras López tomó posesión del gobierno. Es el gobernador para el
período 2015-2021 y su primer gran tarea, es la de levantar la lastimosa imagen
de la figura del gobernador. No es nada fácil, el doctor Toranzo hizo todo lo
posible por perder la confianza ciudadana en el gobernador.
Rescatar esa
figura es fundamental, reactivarla, dotarle de una nueva narrativa, de un
discurso fresco que se aleje de la eterna queja y del sobado pretexto que
caracterizaban al doctor. Se necesita un gobernador fuerte, que levante la voz,
que se mueva, que actúe, que piense, que gestione, que promueva; ya no más uno
que haga del lamento política pública.
San Luis
Potosí necesita un gobernador lúcido, de mentalidad abierta, altamente
competitivo, solidario, un ejecutivo en todo el sentido de la palabra; ya no
uno que delegue la responsabilidad de gobierno en un subalterno. San Luis
Potosí necesita de un gobernador porque tenía un doctor que nunca quiso ni supo
gobernar.
Urge un
gobernador distante de la demagogia al que se le pueda evaluar por la
trascendencia de sus actos y no por el tamaño de sus compromisos. Un gobernador
que haga trabajar en serio a sus funcionarios, que los obligue, que los siga
como su sombra, que los aliente y les exija; ya no más un gobernador solapador,
descuidado y omiso.
Desde ayer,
Juan Manuel Carreras es gobernador y aunque forma parte del mismo grupo
político que hizo gobernador a Toranzo, tiene la oportunidad de no repetir la
misma historia, de no repetir los mismos errores. Es un gobernador priísta
apoyado por dos partidos oportunistas y simuladores, ante lo cual, Carreras
tiene la obligación se exigir honestidad, transparencia y eficacia. Ya les ha
entregado cuotas de poder, pero eso no obsta que en su momento se les exija más
y que si no funcionan, los corran.
El nuevo
gobierno deberá hacer un esfuerzo notable para no parecerse a la administración
de Toranzo: el gobierno caminaba a paso lento, pensaba con la rapidez de
movimiento de una tortuga, actuaba con la parsimonia de un anciano. No es
necesario que sean los resultados inmediatos los que hablen, sino la actitud,
que se vea que es posible trabajar con compromiso y responsabilidad.
Eso es harto
difícil, la integración del gabinete de gobierno ha sido un fiasco, hay más
grupo político que equipo de gobierno, hay más reparto de pastel que
distribución de las responsabilidades de gobierno en base a talentos y
capacidades. Recuperar la confianza ciudadana empezaba por el gabinete y en
eso, Carreras ha dado un mal primer paso.
No
necesariamente un jefe operador de campaña podrá ser un buen servidor público,
así como tampoco el líder de un partido puede ser un buen secretario. Se
esperaba otra cosa para el gabinete, lastimosamente pudo más el compromiso
político que el compromiso con la sociedad.
Con la
integración de su gabinete, Carreras tenía la oportunidad de empezar a marcar
diferencia y de dar el salto del político que ganó las elecciones para ubicarse
como el gobernador que encabeza a los mejores, no a los todologos, cuya
experiencia, data de gobiernos priístas de los que la única memoria que se tiene
de ellos es la del fracaso.
Por decirlo de
una manera, viendo el gabinete se debe reconocer que la caballada está
realmente flaca, depende de Carreras sacarles algún brío.
En tanto que arranca el gobierno, se reciba la
administración en cada entidad pública, se revise el estado de cosas y se
evalúe lo que dejo Toranzo, en aras de recuperar la credibilidad perdida, será
notable si el gobernador Carreras se compromete con un no a la impunidad.
Lo que reciben
en muchos casos es un desorden administrativo y un manejo sospechoso de las
funciones públicas, un tiradero con tufo a corrupción en áreas sensibles de los
programas sociales. Si Carreras quiere ser un buen gobernador deberá
comprometerse con un no firme a la impunidad.
Ya en los
próximos días veremos hasta donde es capaz de llegar. Sabremos si escarba en la
estulticia hasta encontrar actos de corrupción o si la tapa para que aunque
huela, nadie la vea.
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