Juan
Manuel Carreras López es gobernador electo de San Luis Potosí. Para algunos eso
es bueno e incluso es motivo de esperanza y para otros, es lo peor que puso
pasarle a San Luis Potosí por el riesgo que existe de que se instaure en los
hechos, un gobierno transexenal, es decir, una extensión de la mediocre,
pusilánime y olvidable administración de Fernando Toranzo Fernández.
Se
ha especulado mucho acerca de lo uno y de lo otro, se ha discutido con
suficiencia de ello y se han hecho prospectiva respecto de si en verdad viene
un cambio o si todo seguirá absolutamente igual.
Cambio
no lo hay en sentido estricto, puesto que Carreras López es parte del mismo
partido político del gobernador Toranzo. Su equipo de campaña y circulo próximo
de colaboradores también paso por el gobierno torancista y de hecho, su
propuesta de gobierno que se socializó durante la campaña es esencialmente la
misma que la enarbolada hace seis años por el médico.
No
podía ser de otro modo, Pues como todo partido político, el PRI tiene una
ideología, planes de acción y principios que rigen su vida y proyectan su
visión de país y de estado que se tiene desde el tricolor. Es decir, la
democracia y la justicia social.
Eso
es lo que ofreció Juan Manuel Carreras en su primer discurso como gobernador
electo ante el pleno del Consejo Estatal Electoral.
Ofreció
su mano de gobernador electo a las fuerzas políticas derrotadas, ofreció que
pueden participar en su gobierno bajo la idea cierta de que nada se puede
resolver si no hay unidad, consenso y acuerdos.
En
cierto modo eso es de una certeza catedralicia, el asunto es que por lo general
eso se queda solamente en el plano narrativo: el gobierno se cierra y hace lo
que considera prudente toda vez que es reflejo del voto mayoritario y de suyo,
la oposición se dedica a obstaculizar al gobierno y a criticarlo un día y el
siguiente también.
Si
como dice Carreras, no se puede hacer nada sin unidad y acuerdos, se debería
entender que eso compete a todas las partes políticas. No metamos en eso a la
sociedad, sino a los partidos, a sus dirigentes y a sus elites que son
realmente la piedra en el zapato.
Recuerdo
que Fernando Toranzo en su discurso como gobernador electo hace ya seis largos
años, aseguró con categoría y contundencia que desde ese preciso momento, se
empezaría a escribir una nueva historia para San Luis Potosí.
Todos
tienen ahora sus propias conclusiones acerca de eso.
Carreras
López ha asumido, también en su primer discurso, una serie de compromisos que
no son menores y que en su momento serán parte del juicio ciudadano. Dijo que
la naturaleza de los rezagos de San Luis Potosí, es tal, que no se podrán
superar sino hay unidad.
Su
tarea entonces, es la de recobrar la confianza que la sociedad ha perdido en
sus instituciones, lo cual en si, representa ya una tarea mayor. El descrédito
y desconfianza de la sociedad en el gobierno de Toranzo ha sido creciente y
dejará una administración en la ruina.
Si
Carreras pide unidad no ideológica ni tampoco política sino social, es porque
está admitiendo que los problemas de San Luis Potosí son muchos y que se
requerirá de mucho para atender lo urgente.
Es
cierto, el proceso electoral ya concluyó y a lo que sigue. Un paso adelante en
la recuperación de la unidad es que el PAN y su candidata Sonia Mendoza
aceptaron su derrota desde el pasado miércoles, luego de que con Gustavo Madero
negociaron con el candidato ganador y con el gobierno estatal.
A
nadie convenían días convulsos y de enfrentamiento y el PAN que, con Héctor
Mendizábal sabe sacar jugo a las coyunturas,
se pacificó: ya saben, con migajas se conforman. Las airadas protestas
del miércoles quedaron sepultadas por su propia ambición.
En
su discurso Carreras no dio indicios de cómo será su gobierno, habló de manera
general y conceptual, quizá hizo falta ahora si el deslinde final de Toranzo.
El doctor dejará suficientes frentes abiertos de corrupción como para que
Carreras empiece su gobierno con ojos y oídos cerrados, deberá actuar en
consecuencia.
Habría
sido bueno un mensaje de esa índole, pero puede ser que no haya sido el
momento, sin embargo, lo que se espera es que ahora si, de una vez por todas,
se elimine la impunidad y se castigue de manera ejemplar la corrupción.
Si
Carreras se convierte en tapadera, la sociedad se dará cuenta muy pronto. Eso
no le conviene a un gobernador que ganó el cargo con menos del tres por ciento
de diferencia.
Aunque
ganó, no es un gobernador fuerte, sólido a fuerza de voto ciudadano. Carreras
ganó gracias a los votos del Verde y del Magisterio. El PRI contra el PAN
solos, habría perdido con contundencia.
El
PAN logró 351 mil 352 votos y la coalición PRI-PVEM-PN, 380 mil 128, pero el
PRI solo, alcanzó 219 mil, lo cual implica sin sus partidos satélite, el PRI
habría perdido.
Por
eso, Carreras tiene una responsabilidad mayor. Gana pero no todos están con él,
no todos lo apoyaron, será su trabajo el que defina si esa unidad que proclama
llega o no.
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