lunes, 1 de junio de 2015

De principio a fin la guerra sucia imperó en las campañas


En pleno cierre de campañas de los candidatos a cargos de elección popular se siente una especie de vacío, hay un sentimiento de insatisfacción; es la sensación de que algo no se hizo bien.


Tres meses de campaña supondrían la mar de tiempo para hacer muchas cosas y hacer de las campañas ejercicios de política de calidad, pero del mismo modo da la impresión de que fue tiempo desperdiciado. Tiempo perdido.


Lo que el amable lector presenció en dos debates de candidatos a gobernador y en uno a presidente municipal de la capital, resume el tipo de campañas y la clase de comportamiento que partidos y candidatos tuvieron en el período legal para hacer proselitismo.


Lo que usted escuchó o  lo que usted leyó en los últimos meses acerca de las campañas es exactamente lo que dibuja de cuerpo entero a partidos y candidatos: arrogancia, soberbia, altivez, cinismo, simulación, engaño, manipulación y hasta ignorancia supina.


Todos sin excepción, dicen que van a ganar, es más, que ya ganaron: ya ganamos afirman principalmente los candidatos del PRI, PAN, PRD. Lo dicen en sus discursos de cierre, lo repiten en sus redes sociales y lo gritan al aire como si se tratase de un hecho consumado.


¿Y los ciudadanos, los que van a votar, los que van a decidir, a ellos quien los respeta?, parece que nadie.


Sin un ápice de autocrítica, candidatos y partidos cierran sus campañas y no se han detenido a revisar si lo que hicieron fue digno de una campaña. Si actuaron con decencia y se alejaron de las trampas, si dignificaron la política o la ensuciaron más con sus actos.


 Durante semanas, se expandieron rumores, se lanzaron chismes y especulaciones, se ventilaron conversaciones privadas, se invadió la intimidad de las personas, se montaron hechos noticiosos en sonados actos teatrales, se difundieron imágenes agraviantes, se insultó a candidatos, se filtraron datos y se armaron complots. Todos en las campañas.


Hubo en distintas regiones del estado, persecuciones, agresiones, hostigamiento, amenazas a promotores electorales de candidatos adversarios,  servidores públicos de los tres niveles de gobierno intervinieron a favor de candidatos, se utilizaron recursos públicos y como siempre, se prodigó la compra de voluntades mediante dádivas y promesas de dinero o de trabajo.


Hubo traiciones de miembros de un partido que por interés se marcharon a otro y también chantajes de grupos y organizaciones que vendieron su lealtad a algún partido y a su candidato.


Pero sobre todo, hubo en las campañas una actitud ponzoñosa para buscar destruir en lugar de promover. No se hizo campaña para la gente sino para los grupúsculos que controlan los partidos. Les hicieron fiesta, les regalaron comida, ropa y les ofrecieron bailes y dinero.


Lo que se vio en las campañas fue lo peor de la política: las malas artes del ser humano al servicio de los candidatos hambrientos de votos.


En el cenagoso territorio de los partidos políticos cualquier cosa es válida con tal de que beneficie al candidato o perjudique la campaña del adversario. Ni siquiera se puede justificar que así debe ser pues es una guerra, pues al menos en las guerras hay código de honor para no caer en la barbarie.


En las campañas no: a diario se traga al prójimo y luego se escupe para exhibirlo como un trofeo.


A horas ya de concluir el período de campañas, hay algo incontestable: que poco se les crea a los candidatos por su proclividad a la corrupción y al engaño.


De más de 800 candidatos en campaña, valga como ejemplo, apenas siete hicieron públicas sus declaraciones de intereses, de impuestos y de patrimonio


El dato es útil para confirmar que las campañas han sido una farsa, ceremonia en donde el necesario lenguaje de la verdad fue sustituido por el impúdico de la mentira, de la simulación.


Los que el amable lector vio y escucho en las campañas es tristemente todo lo que hay, no hay más, de entre esos políticos hay que elegir. Cuanta desgracia, pero de los siete que usted vio en los dos debates, de esos saldrá el o la gobernadora, no hay más, en serio, no hay más.





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