lunes, 27 de abril de 2015

Campañas mediocres y desconfianza en elecciones igual a abstencionismo

Cincuenta y dos días después de haberse iniciado las campañas electorales, da la impresión de que no han arrancado. Siete semanas después, de que los candidatos a gobernador emprendieron sus campañas, subsiste la percepción de que no hay candidatos en campaña.


Andan unos cuantos políticos pidiendo el voto de la gente, dicen que les nace del corazón servir a los demás y que ahora lo quieren hacer desde el cargo de gobernador, pero no necesariamente eso es una campaña.


Andan unos cuantos candidatos de once partidos políticos haciendo promesas, algunas vanas y otras imposibles y a eso le llaman campaña.


Y andan rodeados siempre de sus clientelas oportunistas, de hordas de seguidores que esperan una despensa, su torta y refresco y de ser posible una tarjeta electrónica para ir al súper, pero los más vivos, andan en campaña para hacerse de un lugar en cualquier espacio público donde haya recursos y presupuesto que manosear.


Uno los ve a diario por todos lados, en la televisión, en las paredes, en los postes, en espectaculares, en las casas, se les escucha en la radio y te los encuentras en los sitios más impensados.


Van cincuenta y dos días de actos de proselitismo elaborados a las viejas maneras de hacer política: el candidato que sabe todo, que ofrece todo y que cumplirá con todo.


Cincuenta y dos días de peroratas insufribles de individuos que de tan arrogantes, promueven la falsa idea de que sin ellos, San Luis Potosí es poco menos que nada.


No falta mucho, apenas cuarenta y dos días para las elecciones y los candidatos van como en duermevela, deslizándose en el confort de la medianía de sus campañas. Van de paso repitiendo como pericos de zaguán lo que otros  candidatos han dicho en otros años y en otros tiempos.


Cuarenta y dos días y no parece que los candidatos reaccionen y les surjan momentos, aunque sea esporádicos, de lucidez.


En ese contexto de campañas frustrantes entre los candidatos a gobernar a San Luis Potosí, hay que revisar los resultados de una encuesta que el Instituto Nacional Electoral encargó a la empresa Covarrubias y Asociados, el cinco de cada diez ciudadanos que habitan las nueve entidades donde habrá elecciones de gobernador, no conocen la fecha de las elecciones.


De ese tamaño: el 51 por ciento de los encuestados en  los estados donde elegirán gobernador, entre ellos, San Luis Potosí, no saben que el siete de junio son las elecciones.


Solamente el 27 por ciento de la población cree que las elecciones en México son confiables, mientras que el 23 por ciento considera que son parcialmente confiables, mientras que el 50 por ciento afirmó que en absoluto, es decir, para nada, las elecciones son confiables en México.


El cuadro se agrava a latitudes insospechadas que previenen de una creciente ausencia ciudadana en las urnas. El estudio denominado revela que el 50 por ciento de la población espera que el día de las elecciones, surjan de manera súbita, actos de violencia. Esto, debido a que hay un 68 por ciento que estima que la inseguridad en México ha crecido en contra de lo que dicen las autoridades.


Pero si los candidatos y partidos están enfrascados en campañas mediocres, sin contenidos inteligentes o innovadores, las instituciones electorales no están mejor posicionadas ante la población. La gente sigue sin creer en los órganos electorales, no confía en ellos.


Tan es así que, el estudio encargado por el INE demuestra que menos del 50 por ciento de los encuestados en el país conocen la reforma electoral, el surgimiento del Instituto Nacional Electoral. El 39 por ciento piensa que la actuación del INE y con ello de los órganos locales electorales que dependen de éste, será similar a la de su antecesor, el IFE, lo cual, por cierto, no es nada halagador sino más bien vergonzoso.


En el Instituto Nacional Electoral hay preocupación y tienen razón para estar preocupados: la gente no cree en los procesos electorales y no confía en las autoridades que organizan las elecciones.


Visto de ese modo, San Luis Potosí presentan un panorama igual o más desalentador que e nivel federal: se cuenta con un Consejo Estatal Electoral reciclado del anterior CEEPAC, tiene a una priísta como presidenta del Consejo y a un ex presidente consejero como influencia principal en la toma de decisiones; una burocracia que le debe favores al consejero Aguilar Gallegos y sobre todo, una imagen negativa que no se logro borrar. Si hay dudas en si es confiable el INE, imagínese en el caso del órgano local.


Pero el peor ingrediente, es el resultado del pobre desempeño de candidatos y partidos a todos los cargos públicos en juego. Hay centenares de candidatos y entre ellos, pocos que destaquen.


A eso sumar el frecuente escándalo en que se sumerge la clase política potosina, como es el caso del presidente municipal de San Luis Potosí, Mario García quién decretó que el ayuntamiento está en “quiebra”. Mal de muchos, consuelo de tontos, justificó al decir que lo mismo ocurre en el gobierno de Fernando Toranzo.


Entonces para qué ir a votar si a quienes les dieron el voto, como son el caso  de García y Toranzo hicieron exactamente loo contrario que habían ofrecido hacer.


El aún alcalde Mario García no cumplió. Había prometido que no habría impunidad para quienes robaron y se enriquecieron a costa del erario público. Había prometido que transformaría a la ciudad y que no heredará una administración endeudada. Ahora ha confesado que no hay con que pagar 540 millones de pesos antes de concluir su gestión, mientras que eso de la transformación de la ciudad no es necesario que confiese que no lo logró, eso está a luces visto.


Del gobernador Fernando Toranzo ya ni hace falta hablar, luego de septiembre seguramente huirá de San Luis Potosí.



Quedan unas semanas de campaña y todo hace indicar que a la cabeza en la intención del voto es el abstencionismo. No es que a la gente no le nazca el deseo de votar, lo que pasa es que no hay candidatos que lo merezcan. Solo veamos las noticias de campaña para saber quiénes han descubierto que la rueda es redonda y da vueltas.

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