Cincuenta y dos días después
de haberse iniciado las campañas electorales, da la impresión de que no han
arrancado. Siete semanas después, de que los candidatos a gobernador
emprendieron sus campañas, subsiste la percepción de que no hay candidatos en
campaña.
Andan unos cuantos políticos
pidiendo el voto de la gente, dicen que les nace del corazón servir a los demás
y que ahora lo quieren hacer desde el cargo de gobernador, pero no
necesariamente eso es una campaña.
Andan unos cuantos candidatos
de once partidos políticos haciendo promesas, algunas vanas y otras imposibles
y a eso le llaman campaña.
Y andan rodeados siempre de
sus clientelas oportunistas, de hordas de seguidores que esperan una despensa,
su torta y refresco y de ser posible una tarjeta electrónica para ir al súper,
pero los más vivos, andan en campaña para hacerse de un lugar en cualquier
espacio público donde haya recursos y presupuesto que manosear.
Uno los ve a diario por
todos lados, en la televisión, en las paredes, en los postes, en
espectaculares, en las casas, se les escucha en la radio y te los encuentras en
los sitios más impensados.
Van cincuenta y dos días de
actos de proselitismo elaborados a las viejas maneras de hacer política: el
candidato que sabe todo, que ofrece todo y que cumplirá con todo.
Cincuenta y dos días de
peroratas insufribles de individuos que de tan arrogantes, promueven la falsa
idea de que sin ellos, San Luis Potosí es poco menos que nada.
No falta mucho, apenas
cuarenta y dos días para las elecciones y los candidatos van como en
duermevela, deslizándose en el confort de la medianía de sus campañas. Van de
paso repitiendo como pericos de zaguán lo que otros candidatos han dicho en otros años y en otros
tiempos.
Cuarenta y dos días y no
parece que los candidatos reaccionen y les surjan momentos, aunque sea
esporádicos, de lucidez.
En ese contexto de campañas
frustrantes entre los candidatos a gobernar a San Luis Potosí, hay que revisar
los resultados de una encuesta que el Instituto Nacional Electoral encargó a la
empresa Covarrubias y Asociados, el cinco de cada diez ciudadanos que habitan
las nueve entidades donde habrá elecciones de gobernador, no conocen la fecha
de las elecciones.
De ese tamaño: el 51 por
ciento de los encuestados en los estados
donde elegirán gobernador, entre ellos, San Luis Potosí, no saben que el siete
de junio son las elecciones.
Solamente el 27 por ciento
de la población cree que las elecciones en México son confiables, mientras que
el 23 por ciento considera que son parcialmente confiables, mientras que el 50
por ciento afirmó que en absoluto, es decir, para nada, las elecciones son
confiables en México.
El cuadro se agrava a
latitudes insospechadas que previenen de una creciente ausencia ciudadana en
las urnas. El estudio denominado revela que el 50 por ciento de la población
espera que el día de las elecciones, surjan de manera súbita, actos de
violencia. Esto, debido a que hay un 68 por ciento que estima que la
inseguridad en México ha crecido en contra de lo que dicen las autoridades.
Pero si los candidatos y
partidos están enfrascados en campañas mediocres, sin contenidos inteligentes o
innovadores, las instituciones electorales no están mejor posicionadas ante la
población. La gente sigue sin creer en los órganos electorales, no confía en
ellos.
Tan es así que, el estudio
encargado por el INE demuestra que menos del 50 por ciento de los encuestados
en el país conocen la reforma electoral, el surgimiento del Instituto Nacional
Electoral. El 39 por ciento piensa que la actuación del INE y con ello de los
órganos locales electorales que dependen de éste, será similar a la de su
antecesor, el IFE, lo cual, por cierto, no es nada halagador sino más bien
vergonzoso.
En el Instituto Nacional
Electoral hay preocupación y tienen razón para estar preocupados: la gente no
cree en los procesos electorales y no confía en las autoridades que organizan
las elecciones.
Visto de ese modo, San Luis
Potosí presentan un panorama igual o más desalentador que e nivel federal: se
cuenta con un Consejo Estatal Electoral reciclado del anterior CEEPAC, tiene a
una priísta como presidenta del Consejo y a un ex presidente consejero como
influencia principal en la toma de decisiones; una burocracia que le debe
favores al consejero Aguilar Gallegos y sobre todo, una imagen negativa que no
se logro borrar. Si hay dudas en si es confiable el INE, imagínese en el caso
del órgano local.
Pero el peor ingrediente, es
el resultado del pobre desempeño de candidatos y partidos a todos los cargos
públicos en juego. Hay centenares de candidatos y entre ellos, pocos que
destaquen.
A eso sumar el frecuente
escándalo en que se sumerge la clase política potosina, como es el caso del
presidente municipal de San Luis Potosí, Mario García quién decretó que el
ayuntamiento está en “quiebra”. Mal de muchos, consuelo de tontos, justificó al
decir que lo mismo ocurre en el gobierno de Fernando Toranzo.
Entonces para qué ir a votar
si a quienes les dieron el voto, como son el caso de García y Toranzo hicieron exactamente loo
contrario que habían ofrecido hacer.
El aún alcalde Mario García
no cumplió. Había prometido que no habría impunidad para quienes robaron y se
enriquecieron a costa del erario público. Había prometido que transformaría a
la ciudad y que no heredará una administración endeudada. Ahora ha confesado
que no hay con que pagar 540 millones de pesos antes de concluir su gestión,
mientras que eso de la transformación de la ciudad no es necesario que confiese
que no lo logró, eso está a luces visto.
Del gobernador Fernando
Toranzo ya ni hace falta hablar, luego de septiembre seguramente huirá de San
Luis Potosí.
Quedan unas semanas de
campaña y todo hace indicar que a la cabeza en la intención del voto es el
abstencionismo. No es que a la gente no le nazca el deseo de votar, lo que pasa
es que no hay candidatos que lo merezcan. Solo veamos las noticias de campaña
para saber quiénes han descubierto que la rueda es redonda y da vueltas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario