lunes, 20 de abril de 2015

A seis meses de su caducidad el gobierno de Toranzo se pudre

Hace unos meses cuando Martín Toranzo Fernández afirmó que en el estado había vicegobernador, que la impunidad reinaba sobre la justicia y que en términos generales, había vacío de poder en el gobierno de su hermano Fernando, se pudo pensar que la fallida administración del doctor priista no podía caer más bajo, que no se podría pudrir más de lo que mostraba en esos momentos.


Pero resulta que no, que el gobierno de Toranzo tiene una capacidad inagotable para generar escándalos e indignación.


Podrido hasta las entrañas, al gobierno de Toranzo no le ha sido suficiente con tener a su hijo y nuera de inquilinos en la Casa de Gobernadores, no ha sido suficiente regalar bases a sus guaruras, no ha sido suficiente mover influencias para que se abran las puertas de los créditos a su familia para convertirse en súbitos agricultores de invernaderos.


No ha sido suficiente el fétido affaire de su hermano Martín que presentó denuncia penal contra sus enemigos en el gobierno.


No ha sido suficiente con el uso discrecional de los recursos públicos con fines familiares ni tampoco la manifiesta intolerancia del ejecutivo frente a los críticos y opositores.


Acostumbrados los potosinos a un gobierno de medio pelo, de media tabla, de mediocre actuar, llegaríamos a pensar que el gobierno cerca de su final se iría con la misma grisura del sexenio, sin embargo, hay un empeño por demostrar que el cabús que va en picada aún no encuentra final.


El nuevo episodio de escándalo mayúsculo es el protagonizado por el ahora ex director de Seguridad Pública del Estado, José Luis Urban Ocampo, un policía mal policía, en el sentido ético, por supuesto.


No era su primer acto de abuso, pero incluso el timorato gobernador entendió que ya no se le podía tolerar uno más y lo despidió.


El caso es para poner a temblar a cualquiera: en complicidad con Juan Manuel Velásquez, candidato del PAN a la presidencia municipal de Graciano Sánchez, urdieron la estratagema de utilizar a los medios de comunicación con el propósito de armar conflicto político en esa municipalidad.


Es decir, el jefe de la policía estatal azuzando a un candidato a cometer delitos.


En una rueda de prensa, el candidato del PAN lanzó acusaciones contra autoridades de Soledad y Héctor Mendizábal Pérez, presidente estatal del PAN dio como un hecho de que el crimen organizado está más que presente en Soledad, en algo así como una alianza con el PRD.


Los lineamientos de los contenidos discursivos de los panistas en esa denuncia fueron sugeridos por el encargado de la policía en el estado. Parece una broma de mal gusto, pero no lo es.


Una filtración interesada en la contienda electoral, hizo llegar al periódico Pulso el audio de las conversaciones telefónica entre Urban y Velásquez, con lo cual estalló el escándalo.


Fue cuestión de horas la caída de Urban y de su jefe, el Secretario de Seguridad Pública, Joel Melgar Arredondo. La intromisión en el proceso electoral queda ahí como ejemplo de que, desde el gobierno, se pueden hacer muchas cosas y que, salvo en casos excepcionales, se llega a saber algo.


En este caso, la filtración de audios permitió poner un alto a una estrategia político- policíaca para desestabilizar el proceso electoral, al menos en Soledad de Graciano Sánchez.


En ese sentido, sería intolerable que la única sanción para Urban y Melgar sea la del despido y la renuncia, eso no significa nada ante la dimensión de los actos cometidos en perjuicio de las elecciones en curso.


El gobernador Toranzo tiene tan poca fuerza política y fuerza moral como para impulsar una sanción legal y ejemplar para esos malos policías. Se anunció que se iniciaría una investigación, pero es, sin duda, un gran chiste.


El tema no se queda ahí.


El tema que subyace y para nada es secundario, es el hecho de que en San Luis Potosí alguien está realizando grabaciones de las conversaciones telefónicas de los ciudadanos, lo cual es una aberración, un acto ilegal y un abuso brutal. En un estado de derecho eso no debería ocurrir.


Para realizar actos de espionaje se requiere de tecnología y de recursos, pero además, de una intención de invadir la intimidad de los demás. No cualquiera puede colgarse de los alambres para escuchar. Eso lo hace el propio gobierno a través de sus instancias de seguridad. De hecho, la Procuraduría General de Justicia ha adquirido equipos  para hacerlo.


Es decir, hay posibilidades reales de que las filtraciones sobre las conversaciones de Urban y Velázquez hayan salido de la propia Procuraduría o de la Secretaría de Seguridad.


La otra arista del asunto, es quién o quienes estarían interesados en filtrar esas conversaciones, con autorización de quién o quiénes, con qué propósito e incluso, porque Pulso las publica y no le aclara a los lectores la forma en cómo le llegaron esas filtraciones.


En estos casos, el interés público no es argumento o explicación suficientes. Se utilizó intencionadamente un producto resultado de un acto de ilegalidad y eso es necesariamente algo que pone las cosas bajo sospecha.


Probablemente el caso se vaya a cerrar y como en muchas otras ocasiones, como ha sucedido en el gobierno de Toranzo, lo que va a imperar es la impunidad, pero vale la pena preguntarse si la administración torancista ya se acabó de pudrir o aún le quedan más purulencias por explotar.



Como sea, la contribución de Toranzo para que el PRI pierda las elecciones de junio próximo es cada vez más grande. No hay mayor punto negativo para el tricolor que el gobierno de Toranzo, lo cual, seguramente tiene más que preocupados a Camacho y compañía.

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