Hoy la figura presidencial
está más maltratada que nunca. Hoy, se anunció, esa figura antes mítica, temida
y por ello, adorada inconmensurablemente, será quemada una vez más en la vía
pública. La figura presidencial será pasto de las llamas, igual que ocurrió a
las puertas de palacio nacional el pasado veinte de noviembre de triste
memoria.
Hoy, esa figura icónica del
poder en México, es Enrique Peña Nieto. Un presidente en desgracia. Hoy, cumple
dos años como presidente de México y el escenario no es festivo sino de tambor
funerario.
Hoy es distinto a ayer, las
ovaciones y el aplauso estentóreo se han ido apagando mientras que la
irritación social crece. La esperanza de cambio ha sido suplantada por la
sospecha y la desconfianza.
Hoy, Peña en su segundo
aniversario no acaba de salir del lado oscuro del poder, de ese lado cubierto
de sombras y terror, donde habitan los demonios de la corrupción, de la
injusticia, del crimen y del conflicto de interés. Vive en una casa blanca que
es reflejo real y vergonzoso del México que ya no puede seguir así.
Hoy, En su segundo año, Peña
lleva en sus manos un decálogo de compromisos, plan, propuestas, proyectos,
estrategias o como se le quiera llamar. Con ellos quiere cambiar a México,
quiere que México no diga igual. Si no ha podido mover a México, no se ve como
lo podrá cambiar.
Hoy, en el segundo informe
presidencial la sociedad tiene también su informe: el de la frustración, el del
terror, el del dolor, el de la represión, el de la desaparición forzada, el de
la convivencia entre las instituciones públicas y el crimen organizado.
Hoy, ya no es el día del
presidente, hoy es el día del patíbulo, como el que anunció la Asamblea Popular
Ayotzinapa, San Luis para quemar la figura presidencial al pie del edificio del Comité Directivo
Estatal del Partido Revolucionario Institucional.
Hoy son ya 66 días de la
desaparición forzada de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, los que se
los llevaron no los han regresado. Hoy hace 66 días la sociedad empezó a
cambiar a México. Lo que el presidente Peña no logró más allá del
propagandístico Moviendo a México, la sociedad lo ha logrado.
Hoy México está horrorizado.
A octubre de este año, suman 27 mil 385 homicidios el cincuenta por ciento de
ellos, del tipo doloso relacionado con el crimen organizado.
Hoy México tiene miedo. A
octubre del año sumaron mil 228 secuestros y cinco mil 077 casos de extorsión.
Hoy México se siente
inseguro. A octubre fueron denunciados un millón 351 mil 234 delitos del fuero
común.
Hoy las cosas no han
cambiado como se prometió con la idea de dar a los ciudadanos un México en Paz.
Según la estadística del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de
Seguridad Pública, en lo que va del gobierno de Peña Nieto van 62 mil 288
homicidios.
Hoy el rostro macabro de la
violencia sigue presente y no hay diferencia a lo que ocurría en el ayer del
anterior sexenio.
Ojala y fuera otra cosa,
ojala y en este momento la república estuviese celebrando el fulgurante
arranque de un gobierno eficiente y exitoso. Desearíamos celebrar dos años de
un gobierno arropado por su gente, respetado por todos, admirado por su
honestidad y por la pertinencia de sus decisiones.
Desearíamos celebrar dos
años del amanecer de un nuevo día para un país cansado de plagios y
ejecuciones, una república harta de sus políticos mezquinos y miserables. Ojala
y ya no siguiéramos igual como ha dicho el presidente.
Por eso, porque el país ya no
puede seguir igual, es que ya no es permisible creerse ideas imposibles como
que en cuatro metros cuadrados fueron incinerados cuarenta y tres cuerpos.
Por eso, porque el país ya
no puede seguir igual, es que un juez determinó liberar a los once detenidos el
pasado veinte de noviembre durante las protestas por Anotziyapa. Lo hizo porque
la gente no se quedó callada y exigió su libertad, no ha sido una concesión
sino un triunfo popular que en contadas ocasiones se dan.
Por eso, porque el país ya
no puede seguir igual, es que el escándalo de la Casa Blanca presidencial ha
alimentado la creciente indignación nacional. Ya no más corrupción, no más
funcionarios y empresarios deshonestos.
Bienvenido este primero de
diciembre, felicidades al presidente que ya tiene una sociedad despierta,
crítica, exigente, en movimiento. Ojalá y eso le ayude a enmendar e intentar
ser un buen presidente.
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