lunes, 1 de diciembre de 2014

A dos años de su presidencia, Peña en el Despeñadero



Hoy la figura presidencial está más maltratada que nunca. Hoy, se anunció, esa figura antes mítica, temida y por ello, adorada inconmensurablemente, será quemada una vez más en la vía pública. La figura presidencial será pasto de las llamas, igual que ocurrió a las puertas de palacio nacional el pasado veinte de noviembre de triste memoria.

Hoy, esa figura icónica del poder en México, es Enrique Peña Nieto. Un presidente en desgracia. Hoy, cumple dos años como presidente de México y el escenario no es festivo sino de tambor funerario.

Hoy es distinto a ayer, las ovaciones y el aplauso estentóreo se han ido apagando mientras que la irritación social crece. La esperanza de cambio ha sido suplantada por la sospecha y la desconfianza.

Hoy empieza el tercer año de gobierno de Peña, una mitad de camino que parece haber llegado de manera prematura. Peña inicia hoy el camino a su tercer año de gobierno y lo hará sin contar con el respaldo de toda la nación. La crisis lo amerita, pero no ha convencido que le sigan: no hay confianza sino incredulidad, escepticismo.

Hoy, Peña en su segundo aniversario no acaba de salir del lado oscuro del poder, de ese lado cubierto de sombras y terror, donde habitan los demonios de la corrupción, de la injusticia, del crimen y del conflicto de interés. Vive en una casa blanca que es reflejo real y vergonzoso del México que ya no puede seguir así.
Hoy, En su segundo año, Peña lleva en sus manos un decálogo de compromisos, plan, propuestas, proyectos, estrategias o como se le quiera llamar. Con ellos quiere cambiar a México, quiere que México no diga igual. Si no ha podido mover a México, no se ve como lo podrá cambiar.

Hoy, en el segundo informe presidencial la sociedad tiene también su informe: el de la frustración, el del terror, el del dolor, el de la represión, el de la desaparición forzada, el de la convivencia entre las instituciones públicas y el crimen organizado.

Hoy, ya no es el día del presidente, hoy es el día del patíbulo, como el que anunció la Asamblea Popular Ayotzinapa, San Luis para quemar la figura presidencial  al pie del edificio del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional.


Hoy son ya 66 días de la desaparición forzada de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, los que se los llevaron no los han regresado. Hoy hace 66 días la sociedad empezó a cambiar a México. Lo que el presidente Peña no logró más allá del propagandístico Moviendo a México, la sociedad lo ha logrado.
Hoy México está horrorizado. A octubre de este año, suman 27 mil 385 homicidios el cincuenta por ciento de ellos, del tipo doloso relacionado con el crimen organizado.

Hoy México tiene miedo. A octubre del año sumaron mil 228 secuestros y cinco mil 077 casos de extorsión.
Hoy México se siente inseguro. A octubre fueron denunciados un millón 351 mil 234 delitos del fuero común.
Hoy las cosas no han cambiado como se prometió con la idea de dar a los ciudadanos un México en Paz. Según la estadística del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en lo que va del gobierno de Peña Nieto van 62 mil 288 homicidios.

Hoy el rostro macabro de la violencia sigue presente y no hay diferencia a lo que ocurría en el ayer del anterior sexenio.

Ojala y fuera otra cosa, ojala y en este momento la república estuviese celebrando el fulgurante arranque de un gobierno eficiente y exitoso. Desearíamos celebrar dos años de un gobierno arropado por su gente, respetado por todos, admirado por su honestidad y por la pertinencia de sus decisiones.

Desearíamos celebrar dos años del amanecer de un nuevo día para un país cansado de plagios y ejecuciones, una república harta de sus políticos mezquinos y miserables. Ojala y ya no siguiéramos igual como ha dicho el presidente.

Por eso, porque el país ya no puede seguir igual, es que ya no es permisible creerse ideas imposibles como que en cuatro metros cuadrados fueron incinerados cuarenta y tres cuerpos.

Por eso, porque el país ya no puede seguir igual, es que un juez determinó liberar a los once detenidos el pasado veinte de noviembre durante las protestas por Anotziyapa. Lo hizo porque la gente no se quedó callada y exigió su libertad, no ha sido una concesión sino un triunfo popular que en contadas ocasiones se dan.


Por eso, porque el país ya no puede seguir igual, es que el escándalo de la Casa Blanca presidencial ha alimentado la creciente indignación nacional. Ya no más corrupción, no más funcionarios y empresarios deshonestos.


Bienvenido este primero de diciembre, felicidades al presidente que ya tiene una sociedad despierta, crítica, exigente, en movimiento. Ojalá y eso le ayude a enmendar e intentar ser un buen presidente.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario