lunes, 8 de diciembre de 2014

El PRI del Enrique Peña candidato de ayer y el PRI del gobernador Toranzo de hoy

Con el fin del Calderonato, en trayecto a los comicios del 2012, el Partido Revolucionario Institucional estaba en la cresta de la ola. De la mano de Enrique Peña Nieto, el PRI regresó victorioso del tercer lugar en las elecciones de 2006.

El tricolor recuperó la presidencia y espacios perdidos desde gubernaturas pasando por ayuntamientos y diputaciones federales y en todo el país. El resurgimiento del PRI se logró porque el partido iba de la mano de un candidato popular abrazado por el duopolio de la televisión en México.

Desde antes de la jornada electoral de 2012, el PRI sabía que iba a ganar, el PAN se había desbarrancado. Solo era cuestión de saber con cuantos votos marcaría la diferencia y solo se preocuparon cuando vieron que Andrés Manuel López Obrador había llegado muy cerca.

El PRI en ese momento todo se lo debía a Peña Nieto, a ese candidato que arrastro millones de votos en cascada para otros candidatos del partido. Con Peña, en el PRI llegaron a creerse que los añorados  tiempos delo carro completo habían regresado, que por fin había terminado la pesadilla de la alternancia en el poder.

Ahora, en trayecto a las elecciones federales y locales de 2015, el panorama para el PRI no es para nada promisorio. Las elecciones semejan más una terrífica tormenta que se avecina y que amenaza con traer desolación y catástrofe.

En un día como hoy de 2012, Enrique Peña Nieto cumplía apenas una semana como presidente y el elixir del triunfo aún no se diluía sino que en el paroxismo de los nuevos tiempos, se construían planes acerca de un futuro que no ha llegado hasta hoy.

México empezaba lo que se esperaba una nueva ruta al desarrollo y el presidente y su partido seguían en la cresta de la ola. Con el poder público y el poder político en sus manos, ese binomio estaría seguro de haber regresado para nunca más volver a dejar el control del país.

Dos años después, el PRI al igual que Peña ya no está en la cresta de la ola sino que están metidos en un tobogán que parece no tener otro fin sino el del abismo electoral. Si el partido en su momento se benefició de la imagen y poderío de su candidato, ahora no puede preciarse de lo mismo.

Con destino a las elecciones de gobernador, presidentes municipales, diputados locales y diputados federales en San Luis Potosí, el cuadro se percibe aún más complicado, pues al evidente y creciente deterioro de la imagen presidencial, se suma el intrascendente y diminuto gobierno de Fernando Toranzo.

El PRI está muy lejos de enfrentar condiciones favorables en las elecciones potosinas del año entrante: su infortunio, es que la debacle que enfrenta el PAN por sus pugnas internas, no tiene punto de comparación con el mortífero desgaste que supone en el ejercicio del poder y, para peor, el mal ejercicio de ese poder público.

Un bienio de Peña que lo tiene en lo más profundo de las mediciones de confianza y credibilidad ciudadana y, un sexenio de Toranzo insignificante y medroso no son precisamente las mejores cartas de presentación del partido y sus candidatos.

Un gobierno quejumbroso y falto de iniciativa y escaso de voluntad para atender los problemas presentes de la gente. Un gobierno sin ambición para pensar en el futuro y dedicado a mal administrar el poder con el apoyo de cuantas manos entrometidas estuvieran dispuestas, no es precisamente lo que el PRI quisiera que esté presente en el ánimo de los electores.

Pero el PRI no solo es la cara del gobierno de Toranzo, también lo es de la mediocre administración municipal capitalina de Mario García. La cara del PRI es también la de su mayoría en el Congreso del Estado tan dada al dispendio de dinero público y tan dócil al ejecutivo como un redil de ovejas que llevan a pastar.

Más aún, la cara del PRI en el aquí y ahora, es la de una baraja de aspirantes que no sirve ni para armar un poco de ruido en torno a sus personalidades, trayectorias y perfiles. El puñado de aspirantes en el PRI ha resultado tan poca cosa, que dan lástima.

Por ejemplo, unos andan repartiendo calendarios 2015 con su fotografía y sus anhelos de servir a los potosinos, otros utilizan los medios de comunicación de los que son propietarios para promocionarse o en su caso, para amenazar a su partido con la trillada especie de que “exigimos respeto, queremos candidatos, no al vapor”.

Y otros,  promoviendo filtraciones a columnistas y articulistas de la prensa para decirles que la verdad es que Mario va adelante, ya está decidido, es él. Y otros, es que Juan Carlos es bien cuate del presidente. Y otros, es que Juan Manuel es un gran tipo y hasta es doctor y es bien visto por casi todos. Y otros como José Ramón realizando reuniones con quienes se dejen para engañarse a sí mismo de que tiene una chance.

Visto así, aspirantes de perfil bajo y capacidades dudosas, un gobierno torancista para llorar y una gestión presidencial errática e inconsistente bien pueden ser la fórmula de la derrota que viene para el PRI.

Según pronósticos del Banco de México, es probable el inicio de una espiral inflacionaria apenas empiece 2015, el crecimiento económico de México será inferior al esperado al cierre de este año, la sangría de muerte no cesa y el país se encuentra a sí mismo en fosas y los rostros de los desaparecidos.

La corrupción anda rampante por el gobierno en todos sus niveles y los casos de conflicto de intereses se multiplican, la gente pierde la confianza y se derrumban las esperanzas puestas en sus gobernantes.

Para el PRI el año electoral que viene es de pronóstico reservado: con malos gobiernos y endebles perfiles de aspirantes a candidatos, no se puede esperar nada bueno.




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