El Partido Revolucionario
Institucional quiere tomárselo con calma. Va paso a paso, como meditando sobre
lo que hay que hacer. No es oportuno hablar de planes acerca de un futuro promisorio
ni es tampoco momento para presentarse a la sociedad como los abanderados de
sus más caras demandas.
Los días, las semanas y los
meses del pasado reciente y muy
probablemente los que están por venir no han sido ni serán los más aptos para
la política electoral. Aun son días de luto e irritación, no de consignas
políticas de inopinados salvadores de la patria.
No parece ser lo más
prudente por ahora, decirle a la sociedad: aquí están nuestros candidatos,
confíen en ellos, crean en ellos, escúchenlos, pongan su presente y su futuro
en ellos, voten por ellos.
No es la hora propicia para
que el PRI, como partido en el poder, salga y diga a la sociedad aquí están mis
candidatos y aquí están nuestros compromisos. A nadie le interesa eso, salvo a
los propios priístas.
Hace unos días, el Grupo de
Economistas y Asociados (GEA) publicó los resultados de una encuesta tan
reveladora como preocupante: los partidos políticos, pero el PRI a la cabeza,
enfrentan la peor caída en los índices de confianza y credibilidad de la
sociedad.
El PRI es el partido que más
simpatías ha perdido en los últimos meses, es al que menos se le cree y en el
que menos se confía. Su mala imagen va de la mano de la del presidente Enrique
Peña Nieto al que seis de cada diez ciudadanos, no le creen.
Según el estudio, si las
elecciones estatales y federales se realizaran hoy, el promedio de ausencia de
los ciudadanos en las urnas sería del 70 por ciento. Solo tres de cada diez
ciudadanos irían a votar, tal es la desconfianza en las instituciones públicas,
gobiernos y partidos políticos.
El PRI con su largo y
retorcido colmillo que apela al principio de que sabe más el diablo por viejo
que por diablo, sabe que en días hostiles lo más inteligente es esperar a que
se atenúen los ánimos sociales por hoy tan beligerantes.
Primero, el llamado
presidencial a superar la tragedia de Ayotzinapa, luego, la cúpula empresarial
en pleno llamando a superar el presente para no perder el futuro y luego, el
PRI, llamando a liberarse de lo
s fantasmas de la muerte porque México no debe
tener como sitial la página roja de la prensa mundial.
Luego, la asfixiante
perorata mediática en contra de la protesta, las especulaciones sobre el turbio
trasfondo político detrás de la protesta social, la diatriba del poder público
para hacer notar que protestar contra el presidente es como atentar contra la
república.
Con todo, el PRI reconoce
que sus tiempos de desatapes y de entronación del dedazo no son por ahora los
mejores, no porque estén llegando las posadas y luego la navidad y luego el fin
de año. La espera no es por los días de fiesta, sino por los momentos tan
críticos que enfrenta el presidente y el partido.
Ha habido demasiadas ofensas
a la sociedad y ésta vez el silencio y la inmovilidad se han roto para dar paso
a una sociedad tan activa y exigente como nunca se ha visto. Es una coyuntura
histórica no apta para esa patraña llamada campañas electorales.
Cesar Camacho Quiroz vino de
nuevo a San Luis Potosí con el mismo mensaje de visitas anteriores. El partido
tomará su decisión y se tiene que acatar. No es que ustedes no puedan decidir,
pero somos como una familia, somos un equipo y nosotros los vamos a acompañar
para tomar la mejor decisión.
El presidente del Comité
Ejecutivo Nacional del PRI trajo la idea de mantener al partido encapsulado en
su única realidad, la electoral interna, no cabe nada más, como si el partido
fuese una ínsula en la que no influye ni el tiempo ni la circunstancia social
que, como bien se sabe, es de terror e incertidumbre.
Vino de nuevo a decir a los
aspirantes a la joya de la corona, como le llamó a la candidatura a gobernador,
que tengan paciencia, que sean disciplinados, que vean por los intereses del
partido y no los de ellos, que sin unidad no hay triunfo posible y que si el
partido no gana, simple y sencillamente todos los priístas pierden.
De lo que se trata es de
generar el ambiente y escenario propicio para elegir candidato pues por ahora
eso es prácticamente un suicidio, es como lanzar al candidato a la hoguera de
ira social que corre por todo el país.
Dice Camacho que el partido
quiere un país donde no exista corrupción, injusticia, inseguridad e impunidad.
Si en estos momentos hubiera candidatos del PRI y salen a decir eso a la calle,
es posible que de menos, les mienten la madre.
¿Cómo puede ofrecer el PRI
combatir la corrupción si continúa a flor de piel el sospechoso caso de
conflicto de interés de la casa blanca y de la mansión de Videgaray.
Tal vez en el PRI creen que
es mejor esperar a enero, estirar los días lo más que se pueda con la esperanza de que año nuevo, vida
nueva.
Desafortunadamente para el
PRI no será así y sus candidatos serán probablemente para 2015 los primeros
damnificados del sexenio peñanietista, cuyo deslumbrante amanecer de reformas
se oscureció demasiado rápido a fuerza de excesos, corrupción e impunidad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario