lunes, 15 de diciembre de 2014

Dedazo hasta enero en el PRI: cuando crean que la sociedad empezará a olvidar



El Partido Revolucionario Institucional quiere tomárselo con calma. Va paso a paso, como meditando sobre lo que hay que hacer. No es oportuno hablar de planes acerca de un futuro promisorio ni es tampoco momento para presentarse a la sociedad como los abanderados de sus más caras demandas.

Los días, las semanas y los meses del pasado reciente  y muy probablemente los que están por venir no han sido ni serán los más aptos para la política electoral. Aun son días de luto e irritación, no de consignas políticas de inopinados salvadores de la patria.


No parece ser lo más prudente por ahora, decirle a la sociedad: aquí están nuestros candidatos, confíen en ellos, crean en ellos, escúchenlos, pongan su presente y su futuro en ellos, voten por ellos.
No es la hora propicia para que el PRI, como partido en el poder, salga y diga a la sociedad aquí están mis candidatos y aquí están nuestros compromisos. A nadie le interesa eso, salvo a los propios priístas.
Hace unos días, el Grupo de Economistas y Asociados (GEA) publicó los resultados de una encuesta tan reveladora como preocupante: los partidos políticos, pero el PRI a la cabeza, enfrentan la peor caída en los índices de confianza y credibilidad de la sociedad.


El PRI es el partido que más simpatías ha perdido en los últimos meses, es al que menos se le cree y en el que menos se confía. Su mala imagen va de la mano de la del presidente Enrique Peña Nieto al que seis de cada diez ciudadanos, no le creen.


Según el estudio, si las elecciones estatales y federales se realizaran hoy, el promedio de ausencia de los ciudadanos en las urnas sería del 70 por ciento. Solo tres de cada diez ciudadanos irían a votar, tal es la desconfianza en las instituciones públicas, gobiernos y partidos políticos.


El PRI con su largo y retorcido colmillo que apela al principio de que sabe más el diablo por viejo que por diablo, sabe que en días hostiles lo más inteligente es esperar a que se atenúen los ánimos sociales por hoy tan beligerantes.


Primero, el llamado presidencial a superar la tragedia de Ayotzinapa, luego, la cúpula empresarial en pleno llamando a superar el presente para no perder el futuro y luego, el PRI, llamando a liberarse de lo

s fantasmas de la muerte porque México no debe tener como sitial la página roja de la prensa mundial.
Luego, la asfixiante perorata mediática en contra de la protesta, las especulaciones sobre el turbio trasfondo político detrás de la protesta social, la diatriba del poder público para hacer notar que protestar contra el presidente es como atentar contra la república.
Con todo, el PRI reconoce que sus tiempos de desatapes y de entronación del dedazo no son por ahora los mejores, no porque estén llegando las posadas y luego la navidad y luego el fin de año. La espera no es por los días de fiesta, sino por los momentos tan críticos que enfrenta el presidente y el partido.


Ha habido demasiadas ofensas a la sociedad y ésta vez el silencio y la inmovilidad se han roto para dar paso a una sociedad tan activa y exigente como nunca se ha visto. Es una coyuntura histórica no apta para esa patraña llamada campañas electorales.


Cesar Camacho Quiroz vino de nuevo a San Luis Potosí con el mismo mensaje de visitas anteriores. El partido tomará su decisión y se tiene que acatar. No es que ustedes no puedan decidir, pero somos como una familia, somos un equipo y nosotros los vamos a acompañar para tomar la mejor decisión.


El presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI trajo la idea de mantener al partido encapsulado en su única realidad, la electoral interna, no cabe nada más, como si el partido fuese una ínsula en la que no influye ni el tiempo ni la circunstancia social que, como bien se sabe, es de terror e incertidumbre.

Vino de nuevo a decir a los aspirantes a la joya de la corona, como le llamó a la candidatura a gobernador, que tengan paciencia, que sean disciplinados, que vean por los intereses del partido y no los de ellos, que sin unidad no hay triunfo posible y que si el partido no gana, simple y sencillamente todos los priístas pierden.

De lo que se trata es de generar el ambiente y escenario propicio para elegir candidato pues por ahora eso es prácticamente un suicidio, es como lanzar al candidato a la hoguera de ira social que corre por todo el país.

Dice Camacho que el partido quiere un país donde no exista corrupción, injusticia, inseguridad e impunidad. Si en estos momentos hubiera candidatos del PRI y salen a decir eso a la calle, es posible que de menos, les mienten la madre.
¿Cómo puede ofrecer el PRI combatir la corrupción si continúa a flor de piel el sospechoso caso de conflicto de interés de la casa blanca y de la mansión de Videgaray.
Tal vez en el PRI creen que es mejor esperar a enero, estirar los días lo más que se pueda  con la esperanza de que año nuevo, vida nueva.
Desafortunadamente para el PRI no será así y sus candidatos serán probablemente para 2015 los primeros damnificados del sexenio peñanietista, cuyo deslumbrante amanecer de reformas se oscureció demasiado rápido a fuerza de excesos, corrupción e impunidad.



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