lunes, 6 de octubre de 2014

Peor Imposible

Hace poco más de dos décadas, bajo el impulso del doctor Salvador Nava Martínez, San Luis Potosí se convirtió en la primer entidad federativa en crear un organismo electoral ciudadano.

Con el paso de los años, esa ciudadanización se fue deteriorando y la institución fue presa de los intereses de gobernantes, partidos políticos y de grupos de poder institucionales. Los ciudadanos fueron desplazados por alfiles colocados por los partidos, el gobernador en turno y los diputados que negociaban posiciones para ocupar los asientos del Consejo Estatal Electoral.

La ciudadanización de los órganos electorales que se generalizó en el país tras el nacimiento del Instituto Federal Electoral, fue ampliamente rebasada en todo el país y se dio paso a la partidización de los órganos electorales. Se elegía a ciudadanos aunque todos sabían que eran virtuales representantes de los partidos.

A nivel local y nacional, hubo candidatos a puestos de elección popular por distintos partidos, que antes fueron consejeros electorales. Sí, decían que erran ciudadanos y en realidad eran militantes ocultos de una ideología que permeaba su trabajo como autoridad electoral.

Pero lo más graves es que los órganos electorales ciudadanos fueron tomados por los gobernadores, esos caciquillos que se apoderan de todo a fin de cumplir sus más caras y vergonzantes y ambiciones.

Como eso ocurría y se entendió que era algo puramente antidemocrático, el poder público que no los ciudadanos, acordó crear una nueva institución electoral que rigiera en todo el país y tuviese bajo su control a los órganos locales.Se pensó: nuevas instituciones, nueva y mejor democracia electoral. Lástima que no necesariamente deba de ser así.

Nació el Instituto Nacional de Elecciones y después, de los actos de éste, se ha dado vida a entes similares en los estados. Si antes eran los gobernadores, los partidos y los diputados los que imponían a los consejeros, ahora fue el “centro” el que los eligió.

Javier Corral y José Guadalupe Acosta Naranjo, representantes del PAN y PRD en el Consejo General del INE denunciaron de manera oportuna que los consejeros designados en distintas entidades, entre ellas San Luis Potosí, obedecieron a un criterio partidista.

De hecho, denominaron el caso de la designación de consejeros como un “acto desafortunado” y de un “claro tufo con aroma a imposición priísta”.

Y bueno, no hay que ir más lejos. El INE designó como presidente del organismo local electoral a Laura Elena Fonseca Leal, hija del ex gobernador por el Partido Revolucionario Institucional, Guillermo Fonseca Álvarez.

Se dirá que eso no tiene importancia, que se le evaluó a ella, su curricula, su perfil y tal, pero es nada más ni nada menos que la hija de un ex gobernador y de un notable del PRI no solo en el estado sino a nivel nacional.

Se dirá que después de todo, es hija de un priísta y de un gobernador de otros tiempos, pero el hecho concreto es que Foseca Leal, gracias a su padre, fue funcionaria en la Secretaría de Finanzas en el gobierno de Fernando Silva Nieto.

Es simple, es como si dentro de siete años, cuando se elija a nuevo presidente del órgano electoral, el INE designe a alguno de los hijos del doctor Fernando Toranzo como consejero presidente. Es absurdo y repugnante.

Cuando Nava y las fuerzas que se reunían en el Frente Cívico Potosino doblaron al entonces presidente Carlos Salinas de Gortari para que San Luis Potosí fuera el primer lugar donde el Estado sacaría las manos de los procesos electorales, seguramente nunca pensaron que el Consejo Estatal Electoral regresaría a manos del PRI y del Estado a través de la hija de  un ex gobernador.

Si acaso eso pudiera ser una nimiedad, algo intrascendente ni sustancia como para negar que el órgano local nace ya bajo el signo de la desconfianza, está el caso notable de Rodolfo Aguilar Gallegos, ex consejero presidente y ahora de nuevo consejero por seis años electo por el INE.

Aguilar Gallegos, necesitó de un Amparo de la justicia federal para poder salir de sus oficinas y dirigirse al Consejo Estatal Electoral para rendir protesta como consejero. No es que se trate de un delincuente de alta peligrosidad, sino que es simplemente alguien a quien el gobernador Toranzo no estima ni tantito.

Reseñar aquí uno de tantos casos en que la justicia se utiliza en este país para saciar venganzas personales, es pretender descubrir el agua tibia, baste decir que al nuevo Consejero le armaron al vapor un expediente y luego le mandaron a la policía con orden de aprehensión en mano.

Como en 24 horas no lo encontraron, la policía incurrió en cuanto atropello les fue posible en perjuicio de la familia de Aguilar Gallegos. Lo extraño es que no se tiene registro que una búsqueda similar se haya realizado desde hace siete meses para buscar y entregar a la justicia al violador sexual y pederasta, Eduardo Córdova. Es más, en la Procuraduría General de Justicia de eso ya ni se acuerdan, ya lo buscará la Interpol.

Al hacer uso faccioso de su poder y de la justicia, el gobernador ha dañado la confianza y credibilidad en el órgano electoral, ha manchado el arranque de los comicios y ha puesto en duda por no decir que bajo sospecha, la actuación de los nuevos consejeros electorales.

El gobernador Toranzo parece no haber medido correctamente los alcances de la vendetta oficial contra Aguilar Gallegos, a quien aunque le pega pero no lo tumba, le pega pero no lo aniquila, le pega solo para que éste sepa que Fernando Toranzo es el gobernador y que nunca, nunca se le olvida un agravio.
A todo eso, al final no era para tanto.

El gobernador no debería olvidar que luego de que a Rodolfo Aguilar y a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí se les cayera el sistema de conteo preliminar de votos en las pasadas elecciones de 2009, el entonces presidente del Consejo, le levantó la mano a Toranzo, aún antes de iniciarse el cómputo final de la elección.

Medio a escondidas y presionado, en una rueda de prensa improvisada 72 horas después de la elección, Aguilar dijo que Toranzo tenía ventaja del tres por ciento y que era ya irreversible.

No se justifica el ya perenne enojo del gobernador: Aguilar le dijo que había ganado antes de que se contaran todos los votos.


Lo dicho peor imposible.

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