Hace poco más de dos
décadas, bajo el impulso del doctor Salvador Nava Martínez, San Luis Potosí se
convirtió en la primer entidad federativa en crear un organismo electoral
ciudadano.
Con el paso de los años, esa
ciudadanización se fue deteriorando y la institución fue presa de los intereses
de gobernantes, partidos políticos y de grupos de poder institucionales. Los
ciudadanos fueron desplazados por alfiles colocados por los partidos, el
gobernador en turno y los diputados que negociaban posiciones para ocupar los
asientos del Consejo Estatal Electoral.
La ciudadanización de los
órganos electorales que se generalizó en el país tras el nacimiento del
Instituto Federal Electoral, fue ampliamente rebasada en todo el país y se dio
paso a la partidización de los órganos electorales. Se elegía a ciudadanos
aunque todos sabían que eran virtuales representantes de los partidos.
A nivel local y nacional,
hubo candidatos a puestos de elección popular por distintos partidos, que antes
fueron consejeros electorales. Sí, decían que erran ciudadanos y en realidad
eran militantes ocultos de una ideología que permeaba su trabajo como autoridad
electoral.
Pero lo más graves es que
los órganos electorales ciudadanos fueron tomados por los gobernadores, esos
caciquillos que se apoderan de todo a fin de cumplir sus más caras y
vergonzantes y ambiciones.
Como eso ocurría y se
entendió que era algo puramente antidemocrático, el poder público que no los
ciudadanos, acordó crear una nueva institución electoral que rigiera en todo el
país y tuviese bajo su control a los órganos locales.Se pensó: nuevas
instituciones, nueva y mejor democracia electoral. Lástima que no
necesariamente deba de ser así.
Nació el Instituto Nacional
de Elecciones y después, de los actos de éste, se ha dado vida a entes
similares en los estados. Si antes eran los gobernadores, los partidos y los
diputados los que imponían a los consejeros, ahora fue el “centro” el que los
eligió.
Javier Corral y José
Guadalupe Acosta Naranjo, representantes del PAN y PRD en el Consejo General
del INE denunciaron de manera oportuna que los consejeros designados en
distintas entidades, entre ellas San Luis Potosí, obedecieron a un criterio
partidista.
De hecho, denominaron el
caso de la designación de consejeros como un “acto desafortunado” y de un
“claro tufo con aroma a imposición priísta”.
Y bueno, no hay que ir más
lejos. El INE designó como presidente del organismo local electoral a Laura
Elena Fonseca Leal, hija del ex gobernador por el Partido Revolucionario
Institucional, Guillermo Fonseca Álvarez.
Se dirá que eso no tiene
importancia, que se le evaluó a ella, su curricula, su perfil y tal, pero es
nada más ni nada menos que la hija de un ex gobernador y de un notable del PRI
no solo en el estado sino a nivel nacional.
Se dirá que después de todo,
es hija de un priísta y de un gobernador de otros tiempos, pero el hecho
concreto es que Foseca Leal, gracias a su padre, fue funcionaria en la
Secretaría de Finanzas en el gobierno de Fernando Silva Nieto.
Es simple, es como si dentro
de siete años, cuando se elija a nuevo presidente del órgano electoral, el INE
designe a alguno de los hijos del doctor Fernando Toranzo como consejero
presidente. Es absurdo y repugnante.
Cuando Nava y las fuerzas
que se reunían en el Frente Cívico Potosino doblaron al entonces presidente
Carlos Salinas de Gortari para que San Luis Potosí fuera el primer lugar donde
el Estado sacaría las manos de los procesos electorales, seguramente nunca
pensaron que el Consejo Estatal Electoral regresaría a manos del PRI y del
Estado a través de la hija de un ex
gobernador.
Si acaso eso pudiera ser una
nimiedad, algo intrascendente ni sustancia como para negar que el órgano local
nace ya bajo el signo de la desconfianza, está el caso notable de Rodolfo
Aguilar Gallegos, ex consejero presidente y ahora de nuevo consejero por seis
años electo por el INE.
Aguilar Gallegos, necesitó
de un Amparo de la justicia federal para poder salir de sus oficinas y
dirigirse al Consejo Estatal Electoral para rendir protesta como consejero. No
es que se trate de un delincuente de alta peligrosidad, sino que es simplemente
alguien a quien el gobernador Toranzo no estima ni tantito.
Reseñar aquí uno de tantos
casos en que la justicia se utiliza en este país para saciar venganzas
personales, es pretender descubrir el agua tibia, baste decir que al nuevo
Consejero le armaron al vapor un expediente y luego le mandaron a la policía
con orden de aprehensión en mano.
Como en 24 horas no lo
encontraron, la policía incurrió en cuanto atropello les fue posible en
perjuicio de la familia de Aguilar Gallegos. Lo extraño es que no se tiene
registro que una búsqueda similar se haya realizado desde hace siete meses para
buscar y entregar a la justicia al violador sexual y pederasta, Eduardo
Córdova. Es más, en la Procuraduría General de Justicia de eso ya ni se
acuerdan, ya lo buscará la Interpol.
Al hacer uso faccioso de su
poder y de la justicia, el gobernador ha dañado la confianza y credibilidad en
el órgano electoral, ha manchado el arranque de los comicios y ha puesto en
duda por no decir que bajo sospecha, la actuación de los nuevos consejeros
electorales.
El gobernador Toranzo parece
no haber medido correctamente los alcances de la vendetta oficial contra
Aguilar Gallegos, a quien aunque le pega pero no lo tumba, le pega pero no lo
aniquila, le pega solo para que éste sepa que Fernando Toranzo es el gobernador
y que nunca, nunca se le olvida un agravio.
A todo eso, al final no era
para tanto.
El gobernador no debería
olvidar que luego de que a Rodolfo Aguilar y a la Universidad Autónoma de San
Luis Potosí se les cayera el sistema de conteo preliminar de votos en las
pasadas elecciones de 2009, el entonces presidente del Consejo, le levantó la
mano a Toranzo, aún antes de iniciarse el cómputo final de la elección.
Medio a escondidas y
presionado, en una rueda de prensa improvisada 72 horas después de la elección,
Aguilar dijo que Toranzo tenía ventaja del tres por ciento y que era ya
irreversible.
No se justifica el ya perenne enojo del gobernador: Aguilar le dijo que había ganado antes de que se contaran
todos los votos.
Lo dicho peor imposible.
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