lunes, 27 de octubre de 2014

Las comparecencias y la simulación cómplice del Congreso con el gobernador

Los colaboradores del gobernador han comparecido ante el Congreso del Estado con ocasión del penúltimo informe torancista. Esto, en un entorno donde la separación de poderes es base fundamental de la democracia, supondría un acto puro de rendición de cuentas. Lamentablemente no es así.

Los secretarios y demás colaboradores del gobernador acudieron con los diputados y en prolongadas reuniones se simuló pasar a revisión al gobernador Toranzo en su quinto año de ejercicio en el poder público.

Se ha pretendido hacer creer que la comparecencia de funcionarios públicos tras un informe gubernamental es algo que abona a la transparencia y que con ello, el Estado satisface el derecho de los ciudadanos a saber.

Llega  tal o cual secretario al Congreso, los diputados lo reciben, se saludan, se sonríen y se alistan como quien subirá al entramado de una obra de teatro. En el Congreso no hay espacio para asesores, secretarios particulares, colaboradores. Diputados y funcionarios reunidos en un solo lugar con su séquito de aduladores.

Se presentan y dicen adelante, vamos a iniciar y en ese momento, se llegan a creer que están actuando con transparencia y que ellos sí rinden cuentas. Se muestran exaltados y exhiben sus presentaciones, sus números, sus estadísticas y su retórica para decir que todo va bien.

Unos preguntan, opinan, critican o exponen juicios y otros contestan lo que quieren o simplemente evaden. Para todo hay respuestas aunque éstas no lleven a nada, pero en la medida en que transcurre la comparecencia, el funcionario se cree que ha hecho lo mejor y el diputado también, total, es el protocolo.

Vil simulación entre dos instituciones, la del Ejecutivo y el Legislativo.

Que un diputado le pregunte algo al Procurador o al Secretario General de Gobierno y que éstos contesten con la mayor sinceridad posible, no hace la rendición de cuentas.

Rendición de cuentas tiene que ver con esto: “Los gobernantes deben abrirse a la inspección pública; deben explicar y justificar sus actos y deben estar supeditados a las sanciones en caso de incurrir en falta o ilegalidad”.

Para ello, agrega Andreas Schedler en un artículo de los Cuadernos de Transparencia del IFAI: “las democracias ponen en marcha instituciones, procedimientos y leyes que van desde el Acceso a la Información en manos del gobierno por parte de los ciudadanos, hasta la remoción de los gobernantes mediante el voto”.

Y agrega: “La rendición de cuentas involucra el derecho a recibir información y la obligación correspondiente de divulgar todos los datos necesarios. Pero también implica el derecho a recibir una explicación y el deber correspondiente de justificar el ejercicio del poder”.

Es aquí donde está la clave. Se reporta escuetamente lo que se hace desde el gobierno sin explicación alguna. Todo se limita a la palabrería del funcionario y al silencio cómplice del legislador.

Es decir, el ejecutivo a través de sus colaboradores, tiene la obligación de proporcionar datos sin que se los pidan, acerca del ejercicio del poder público.

Lo que ha habido frente a ello en la actual administración, es una actitud inamovible en favor del secretismo, el ocultismo y la opacidad.

Ni el informe “ciudadano” de gobierno, ni la comparecencia de funcionarios públicos ante los diputados e incluso la poco probable comparecencia del gobernador en el Congreso pueden ser catalogados como actos de rendición de cuentas, pues ésta va en favor del ciudadano y no de unos cuantos diputados que dicen ser representantes populares.

Rendir cuentas a la sociedad como lo establece la Constitución, tiene que ver con el conocimiento pleno de los ciudadanos acerca de la toma de decisiones de sus gobernantes, de cómo y en qué se utilizan los recursos públicos.

Hace unas semanas, con  motivo de la inauguración de un Seminario de Transparencia Judicial, el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Juan Silva Meza dijo algo que conviene deberían saber el gobernador y los diputados tras el informe y las comparecencias.

“La opacidad en la actuación de los poderes públicos es el germen de la desconfianza ciudadana y el incentivo más perverso para el ejercicio indebido de las atribuciones que les confieren a los órganos del Estado”.

Y subraya: “Un auténtico Estado democrático de derecho exige  no solo la celebración periódica de elecciones libres y competitivas, sino que reclama que el Poder Público actúe de cara a los ciudadanos”.

A Héctor Rodríguez, quien en el papel es el encargado por el gobernador de llevar los asuntos del campo, le preguntaron sobre los negocios de uno de los hijos del ejecutivo en materia de invernaderos y de cómo, con recursos públicos vía crédito, ha echado a andar su empresa.

El funcionario dijo no saber nada y después dijeron que en los padrones de beneficiarios del gobierno no estaba el hijo del gobernador. Eso no es ejercer el poder de cada a los ciudadanos.

A los colaboradores del gobernador les hicieron muchas preguntas, unas agudas y otras tan babosas como oficiosas, otras hirientes y provocadoras, pero en todo caso, a poco contestaron, pues de lo que se trató no fue de rendir cuentas sino de simular con palabras y datos, en nada verificables.


La sociedad desconfía del ya a estas alturas agónico gobierno de Toranzo por opaco y secretista. Hasta en eso ha superado al marcelato de mala memoria.

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