Quizás hace un par de
décadas, comparar al Partido Acción Nacional con el Revolucionario
Institucional era una especie de ofensa, algo así como mentarle la madre a un
panista. Era un oprobio, el insulto mayor que se podría recibir.
Pasado el tiempo eso ha
pasado a convertirse en una descripción del partido, especialmente en los
últimos años bajo el liderazgo de Gustavo Madero.
El pasado viernes cuando el
senador Pedroza anunciaba su declinación a contender por la candidatura del PAN
a la gubernatura rompió con su partido. Rompió con la estructura directiva en
control del Círculo Azul y rompió con ello, muy probablemente, cualquier
aspiración de cualquiera otro que resulte candidato, a ganar las elecciones de
junio de 2015.
En el PAN basta cualquier
conflagración para que, por mínima que sea, se cimbre la institución y se
quebrante la armonía, la organización y la lucidez política a la hora de
actuar.
El PAN no ganó las
elecciones para gobernador de 2012 porque Jorge Lozano y Eugenio Govea, ambos
cabeza de grupo, hicieron política en contra de su partido y de su candidato.
Querían que Alejandro Zapata
perdiera las elecciones y se aliaron con el PRI o mermaron al fuero interno del
partido para conseguir su propósito.
Es decir, en el PAN no hace
falta una desbandada de miles y miles para perder una elección, basta con que
alguno de sus santones lo quiera.
Pedroza aseguró que no
hablará mal en contra de su partido, que no lo denostará, que respetará las
decisiones que se tomen, hasta ahí.
Cuando se le preguntó si
apoyará al candidato que resulte del proceso interno, ampliamente cuestionado
por él y por otros panistas, si acudirá a su campaña, si lo acompañará a los
mítines, o sea, si se sumará a la campaña, prefirió no responder.
Lo que si hará es lo que
hace quien quiere que ganen unos y pierdan otros. Dijo que apoyará a candidatos
que sea coincidentes con sus ideas y con su congruencia panista, a los otros no
los apoyará. Se entiende que el candidato a gobernador que surja, obviamente
del Círculo Azul, no tendrá su respaldo.
Al senador le asiste la
razón en muchos sentidos. Nadie es tan imbécil como para darle la mano al que
antes te golpeo y encima, se burló de ello.
Es verdad lo dicho por
Octavio Pedroza, el PAN está en manos de un grupo político que carece de ética,
que busca mantenerse en el poder interno a costa de la compra de voluntades, es
una de las peores facciones que existen en cualquier partido local, es un grupo
ambicioso que ambiciona el poder público.
Hace unos años, me tocó
cubrir una enorme convención del PAN en el auditorio Miguel Barragán, iban a
elegir candidatos. En las gradas del auditorio vi como Juan Pablo Escobar,
Sonia Mendoza, Héctor Mendizábal y otros de su equipo, dictaban a los
militantes por quién deberían votar. Sobra decir que muchos panistas, o que al
menos decían serlo, no tenían idea de lo que estaban haciendo ahí.
Por eso el PAN se parece
mucho al PRI, pero no de ahora sino de años atrás.
Veamos.
Juan Pablo Escobar y Sonia
Mendoza eran quienes controlaban el Congreso del Estado en la segunda parte del
gobierno Marcelo de los Santos. Le aprobaron créditos fast-track, eran lacayos
del ejecutivo y cedieron la institucional separación de poderes. Los premiaron
con diputaciones federales.
Cuando el PAN tenía en los
miembros adherentes la posibilidad de elegir candidatos a dirigente o a cargos
de elección popular, los del Círculo Azul llegaban con cientos a los comités
municipales a que se registraran. Ellos son los responsables de la cultura del
acarreo en el PAN de San Luis Potosí.
Pedroza dijo con razón que
el partido está en manos de personas
ambiciosas y con inagotable tentación por el poder. Ese es el Círculo
Azul.
Ese grupo ha venido
replicando desde hace ya muchos años, una serie de vicios que tienen hoy al
partido en franco descredito. No hay como confiar en ellos, en los panistas de
ese grupo.
Veamos. Cuando el PAN era
mayoría en el Congreso del Estado, le aprobó a Marcelo de los Santos aquella
solicitud de crédito por mil 500 millones de pesos. Se la aprobaron cuando
faltaban dos meses para terminar la administración, sabían que estaban
conduciendo al estado a un grave problema de deuda pública. No les importó, lo
aprobaron.
Ahora resulta que critican
lo que antes hicieron. Con descaro más que congruencia, votaron en contra del
crédito de 785 millones de pesos que pidió Fernando Toranzo para saciar a la
BMW. Los del Círculo Azul decían: que mal que el gobernador haga eso, está
endeudando al estado y lo peor, sin transparencia. Ellos hicieron lo mismo.
Cierto, el PAN cada vez se
parece más al PRI, aunque tal vez si se siguen refinando muy pronto los habrán
superado.
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