La cuenta regresiva al siete
de junio de 2015 continúa irremediable, los partidos se preparan y la autoridad
electoral también. En unos meses más, habrá decenas de candidatos que desde
auditorios, plazas y calles pedirán a los ciudadanos su voto.
Como suele ocurrir, la
autoridad electoral emprenderá una campaña de exhorto al ciudadano para que
ejerza su derecho al voto. Le dirán a la gente que puede estar segura de que su
voto será respetado, que habrá elecciones justas, equitativas, claras y
transparentes y en una cantaleta inagotable, se hará apología al valor del voto
y la participación.
A su vez, los partidos y sus
candidatos exaltarán a la sociedad y dirigirán mensajes plenos de compromisos y
como siempre, dirán que el pueblo es primero, que el del pueblo es un interés
superior y que ellos, los candidatos si es que el voto les favorece se
consagrarán en cuerpo y alma las 24
horas del día en su afán por servir a la ciudadanía.
Ya se sabe que en las
campañas sin importar partidos, candidatos y cargos en competencia, lo básico
es el bla-bla-bla; la demagogia a sus anchas: les prometo acabar con la
pobreza, les prometo acabar con la delincuencia, les prometo acabar con el
desempleo, les prometo más escuelas y hospitales, les prometo carreteras,
puentes, libramientos, autopistas, pero sobre todo, les prometo servirles con
amor y compromiso.
Esa simulación cargada de
falsedades siempre está presente en las cuyunturas electorales y en la del
siete de junio próximo no será la excepción. Los partidos, los políticos y los
candidatos no cambian, en su ADN está esa proclividad al embuste.
Sino, simplemente hay que
echar una mirada a los resultados de la Encuesta Nacional Sobre Calidad de la
Ciudadanía 2013 realizada por lo que fue el Instituto Federal Electoral, hoy
Instituto Nacional Electoral.
En el apartado de Valores y
Calidad de la Ciudadanía está el resultado de la valoración que hicieron los
mexicanos de sus instituciones públicas más importantes. Entre diecisiete
instituciones públicas, la de los diputados es la que tiene menos confianza de
todas y le siguen los partidos políticos.
Vaya drama: en el lugar
dieciséis de las instituciones con menos confianza de la sociedad están los
partidos políticos, de los cuales, surgirán los candidatos a gobernador del
estado, a presidentes de los 58 ayuntamientos, a diputados locales en los
quince distritos de mayoría en el estado y los siete diputados federales de
mayoría.
Menos del veinte por ciento
de la población tiene confianza en los partidos políticos, pero son ellos los
que postulan a los candidatos. La Lógica dice que si los partidos gozan de la
desconfianza ciudadana, lo mismo es para sus dirigentes y representantes
populares emanados de tales instituciones.
En San Luis Potosí habrá
elección de gobernador pero la gente no cree en su gobernador, no confía en su
gobernador, de ahí que de acuerdo con la encuesta, el nivel de confianza en el
gobierno estatal es de apenas 30 por ciento.
La confianza en los
ayuntamientos anda por esos m ismos niveles, pero los más desconfiables son los
diputados con una aceptación menor al veinte por ciento.
Y cómo puede haber confianza
en los partidos políticos que engendran seres de la más baja calaña que se
sirven del poder y del presupuesto público sin el menor desdoro, o bien, que
tranzan impunemente.
Ahí está el junior hijo del
gobernador con licencia de Michoacán, en pláticas con La Tuta, el ahora ex
dirigente del PRI en el Distrito Federal, Cuauhtémoc Gutiérrez a la cabeza de
una organización de prostitución y trata de mujeres, los diputa-bles mochos del
PAN, los diputados federales que pretendían repartirse un millón de pesos por
cada uno de los 500 legisladores.
No hay duda, los partidos
políticos son la peor de las instituciones públicas del país y pese a ello, de
entre sus filas saldrá el próximo gobernador del estado, lo cual bien mirado,
puede anticipar que no será precisamente el mejor gobernador que puedan esperar
los potosinos.
La pésima calificación que
da la ciudadanía a los partidos y que los coloca al límite con el retrete, se
puede agudizar aún más porque los partidos si tienen capacidad para caer más
bajo.
Solo hay que esperar un poco más y en cuanto los partidos inicien
sus procesos internos de selección de candidatos, empezará la guerra de lodo,
la competencia en medio del estercolero.
Más que propuestas habrá
acusaciones, dimes y diretes acerca de desbarres personales, señalamientos
flamígeros de pasados oscuros, denuncias de corrupción y más. Entonces, los
partidos y sus candidatos se mostrarán tal cual son cuando de lo que se trata
es de alcanzar el poder.
La encuesta del INE la puede
ver el ciudadano como una advertencia: ¿usted va a darle su voto a un partido
en el que no confía?
¿Aceptará una despensa o un
paquete de materiales a cambio de su voto?
¿Se mantendrá tan ingenuo
como para darle valor a la demagogia de políticos sin palabra y acabará
dándoles sui voto?
¿Aceptará una tarjeta
cargada con unos cuantos pesos a cambio de su voto?
Bien, si los partidos no
tienen la confianza del país ni la propia de los potosinos, ¿entonces para que
ir a votar por sus candidatos, por sus plataformas políticas y sus “proyectos”
de gobierno?
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