lunes, 18 de agosto de 2014

Desconfiar de partidos y candidatos

La cuenta regresiva al siete de junio de 2015 continúa irremediable, los partidos se preparan y la autoridad electoral también. En unos meses más, habrá decenas de candidatos que desde auditorios, plazas y calles pedirán a los ciudadanos su voto.

Como suele ocurrir, la autoridad electoral emprenderá una campaña de exhorto al ciudadano para que ejerza su derecho al voto. Le dirán a la gente que puede estar segura de que su voto será respetado, que habrá elecciones justas, equitativas, claras y transparentes y en una cantaleta inagotable, se hará apología al valor del voto y la participación.

A su vez, los partidos y sus candidatos exaltarán a la sociedad y dirigirán mensajes plenos de compromisos y como siempre, dirán que el pueblo es primero,           que el del pueblo es un interés superior y que ellos, los candidatos si es que el voto les favorece se consagrarán en  cuerpo y alma las 24 horas del día en su afán por servir a la ciudadanía.

Ya se sabe que en las campañas sin importar partidos, candidatos y cargos en competencia, lo básico es el bla-bla-bla; la demagogia a sus anchas: les prometo acabar con la pobreza, les prometo acabar con la delincuencia, les prometo acabar con el desempleo, les prometo más escuelas y hospitales, les prometo carreteras, puentes, libramientos, autopistas, pero sobre todo, les prometo servirles con amor y compromiso.

Esa simulación cargada de falsedades siempre está presente en las cuyunturas electorales y en la del siete de junio próximo no será la excepción. Los partidos, los políticos y los candidatos no cambian, en su ADN está esa proclividad al embuste.

Sino, simplemente hay que echar una mirada a los resultados de la Encuesta Nacional Sobre Calidad de la Ciudadanía 2013 realizada por lo que fue el Instituto Federal Electoral, hoy Instituto Nacional Electoral.

En el apartado de Valores y Calidad de la Ciudadanía está el resultado de la valoración que hicieron los mexicanos de sus instituciones públicas más importantes. Entre diecisiete instituciones públicas, la de los diputados es la que tiene menos confianza de todas y le siguen los partidos políticos.

Vaya drama: en el lugar dieciséis de las instituciones con menos confianza de la sociedad están los partidos políticos, de los cuales, surgirán los candidatos a gobernador del estado, a presidentes de los 58 ayuntamientos, a diputados locales en los quince distritos de mayoría en el estado y los siete diputados federales de mayoría.

Menos del veinte por ciento de la población tiene confianza en los partidos políticos, pero son ellos los que postulan a los candidatos. La Lógica dice que si los partidos gozan de la desconfianza ciudadana, lo mismo es para sus dirigentes y representantes populares emanados de tales instituciones.

En San Luis Potosí habrá elección de gobernador pero la gente no cree en su gobernador, no confía en su gobernador, de ahí que de acuerdo con la encuesta, el nivel de confianza en el gobierno estatal es de apenas 30 por ciento.

La confianza en los ayuntamientos anda por esos m ismos niveles, pero los más desconfiables son los diputados con una aceptación menor al veinte por ciento.

Y cómo puede haber confianza en los partidos políticos que engendran seres de la más baja calaña que se sirven del poder y del presupuesto público sin el menor desdoro, o bien, que tranzan impunemente.

Ahí está el junior hijo del gobernador con licencia de Michoacán, en pláticas con La Tuta, el ahora ex dirigente del PRI en el Distrito Federal, Cuauhtémoc Gutiérrez a la cabeza de una organización de prostitución y trata de mujeres, los diputa-bles mochos del PAN, los diputados federales que pretendían repartirse un millón de pesos por cada uno de los 500 legisladores.

No hay duda, los partidos políticos son la peor de las instituciones públicas del país y pese a ello, de entre sus filas saldrá el próximo gobernador del estado, lo cual bien mirado, puede anticipar que no será precisamente el mejor gobernador que puedan esperar los potosinos.

La pésima calificación que da la ciudadanía a los partidos y que los coloca al límite con el retrete, se puede agudizar aún más porque los partidos si tienen capacidad para caer más bajo.

Solo hay que esperar  un poco más y en cuanto los partidos inicien sus procesos internos de selección de candidatos, empezará la guerra de lodo, la competencia en medio del estercolero.

Más que propuestas habrá acusaciones, dimes y diretes acerca de desbarres personales, señalamientos flamígeros de pasados oscuros, denuncias de corrupción y más. Entonces, los partidos y sus candidatos se mostrarán tal cual son cuando de lo que se trata es de alcanzar el poder.

La encuesta del INE la puede ver el ciudadano como una advertencia: ¿usted va a darle su voto a un partido en el que no confía?

¿Aceptará una despensa o un paquete de materiales a cambio de su voto?

¿Se mantendrá tan ingenuo como para darle valor a la demagogia de políticos sin palabra y acabará dándoles sui voto?

¿Aceptará una tarjeta cargada con unos cuantos pesos a cambio de su voto?




Bien, si los partidos no tienen la confianza del país ni la propia de los potosinos, ¿entonces para que ir a votar por sus candidatos, por sus plataformas políticas y sus “proyectos” de gobierno?

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