Hubo un tiempo en que se les
conocía como partidos “satélite” o bien con el extendido peyorativo de partidos
“morralla”. También se les reconocía como “membretes” puesto que su única
representación era la de sus siglas, por lo general simples y oportunistas.
El sistema político mexicano
tan necesitado de alcanzar cierta legitimidad y credibilidad a sus procesos
electorales controlados por el gobierno, tuvo la ocurrencia de darle rostro a
la presunta pluralidad y diversidad de pensamiento e ideológica del país y
abrió la puerta a la creación de partidos políticos.
De hace una veintena de años
para acá, es seguro que en cada elección federal o estatal surgían nuevos
partidos políticos y se pensaba con ello que se enriquecía la baraja de
opciones para el electorado, aunque en realidad no era así.
Por ejemplo, en las
elecciones de 1991 en San Luis Potosí, se creó una gran alianza en favor de la
candidatura de Salvador Nava Martínez. El Partido Acción Nacional, el de la
Revolución Democrática y el Demócrata Mexicano se unieron para ir por la
gubernatura.
Les unía el propósito de
lograr, como se decía entonces, derrotar al PRI que era sinónimo de corrupción.
Siempre ha habido alianzas
entre partidos políticos para ganar en las urnas el poder público o algunas
parcelas de éste. El PRI hacía hasta hace unos años alianzas con partidos que
solían sobrevivir solamente por corto tiempo y que caían en el olvido con la
misma rapidez con la que surgieron.
De alianzas infumables y
coyunturales al PRI solo le ha sobrevivido la que mantiene con el Partido Verde
Ecologista. Este partido que es algo parecido a un partido “sanguijuela”, se ha
aliado con toda clase de partidos porque su propósito siempre ha sido el de
lograr el número suficiente de votos para mantener su registro.
En San Luis Potosí, el Verde
es una franquicia familiar y al mismo tiempo un club de Tobi que aunque no ha
ofrecido nada al electorado ni al estado, ha mantenido espacios de poder
gracias a su alianza con Fernando Toranzo.
Los del Verde son
especialistas en la simulación, son ecologistas de closet y se han convertido
en una burocracia política tan influyente que son capaces de patear el pesebre
de donde han sacado para comer, sin que eso les quite el sueño.
En su alianza con Enrique
Peña Nieto, el Verde se aseguró la entrada a la burocracia federal y al pleno
acceso a los recursos públicos. Esa alianza con el PRI de Peña les asegura
mantener su registro e incluso de darse aires de que sin ellos, el PRI no sería
nada.
A los del Verde se les ha
podido ver negociar cargos en la burocracia del ayuntamiento de la capital, de
gobierno del estado y en el poder legislativo puesto que lo que menos les
importa es la sociedad. Ellos siempre han tenido claro que van por el poder,
aunque sean migajas. No aspiran a ganar una elección, sino que les llueva
también en su milpita.
Ahora ya con vistas a las
elecciones del 2015, el Verde ha empezado a hacer su juego y en eso no tiene el
menor reparo de caer en la falacia y el engaño. Amagan con hilar una alianza
con el PRD y el PAN, cuando es público y notorio que es un partido bisagra
pegado al PRI.
Su presidente y hasta hace
poco secretario de Ecología y Medio Ambiente en el gobierno estatal, Manuel
Barrera, sabe muy bien que su partido no tiene futuro sin el PRI. El Verde no
tiene fuerza ni presencia para ganar ya no digamos la gubernatura, sino
siquiera una presidencia municipal.
A su vez, en el PRI saben
que sin el Verde es probable que dejen ir unos cuantos miles de votos que en el
conteo final les hagan falta. Los partidos saben que se necesitan unos a otros,
pero solo para ganar una elección, no para gobernar con sentido de calidad y
eficiencia.
Desafortunadamente, en
México las alianzas tienen poco de programático y si mucho de interés político.
Lo único que les une es ganar más prebendas públicas, consolidar al partido
para recibir más presupuesto público, alcanzar espacios de poder para
repartirlo entre dirigentes, sus familiares y amigos.
Nunca hay una alianza de
ideas, de proyecto y de programa de gobierno. No, de eso mejor ni hablar, mejor
hay que ganar a como dé lugar las elecciones y, ya luego hablamos de cómo le
vamos a hacer.
Ante el ya próximo inicio
del proceso electoral 2015, todos los partidos políticos han empezado hablar de
alianzas, los de izquierda, los de derecha, los del centro, todos y coinciden
que las alianzas pueden ser tan amplias como sea posible.
Eso es cierto, pero eso es
lo de menos, el caso es que hasta ahora las alianzas no se han reflejado en
mejores gobiernos ni en mejores servidores públicos. Mario García es alcalde
postulado por una alianza del PRI y el Verde ¿Es un buen gobierno, un gobierno
diligente, eficaz y eficiente? Pues no, no lo es.
Que se alíen los partidos
por otra parte, hace esperar un proceso electoral muy cerrado entre partidos
débiles que por sí mismos, saben que no pueden ganar, que saben que no tienen
la confianza del electorado y que saben que para poder ganar, hay que repartir
el pastel antes de tenerlo y de partirlo.
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