lunes, 4 de agosto de 2014

De los partidos satélite como el Verde

Hubo un tiempo en que se les conocía como partidos “satélite” o bien con el extendido peyorativo de partidos “morralla”. También se les reconocía como “membretes” puesto que su única representación era la de sus siglas, por lo general simples y oportunistas.

El sistema político mexicano tan necesitado de alcanzar cierta legitimidad y credibilidad a sus procesos electorales controlados por el gobierno, tuvo la ocurrencia de darle rostro a la presunta pluralidad y diversidad de pensamiento e ideológica del país y abrió la puerta a la creación de partidos políticos.

De hace una veintena de años para acá, es seguro que en cada elección federal o estatal surgían nuevos partidos políticos y se pensaba con ello que se enriquecía la baraja de opciones para el electorado, aunque en realidad no era así.

Por ejemplo, en las elecciones de 1991 en San Luis Potosí, se creó una gran alianza en favor de la candidatura de Salvador Nava Martínez. El Partido Acción Nacional, el de la Revolución Democrática y el Demócrata Mexicano se unieron para ir por la gubernatura.

Les unía el propósito de lograr, como se decía entonces, derrotar al PRI que era sinónimo de corrupción.

Siempre ha habido alianzas entre partidos políticos para ganar en las urnas el poder público o algunas parcelas de éste. El PRI hacía hasta hace unos años alianzas con partidos que solían sobrevivir solamente por corto tiempo y que caían en el olvido con la misma rapidez con la que surgieron.

De alianzas infumables y coyunturales al PRI solo le ha sobrevivido la que mantiene con el Partido Verde Ecologista. Este partido que es algo parecido a un partido “sanguijuela”, se ha aliado con toda clase de partidos porque su propósito siempre ha sido el de lograr el número suficiente de votos para mantener su registro.

En San Luis Potosí, el Verde es una franquicia familiar y al mismo tiempo un club de Tobi que aunque no ha ofrecido nada al electorado ni al estado, ha mantenido espacios de poder gracias a su alianza con Fernando Toranzo.

Los del Verde son especialistas en la simulación, son ecologistas de closet y se han convertido en una burocracia política tan influyente que son capaces de patear el pesebre de donde han sacado para comer, sin que eso les quite el sueño.

En su alianza con Enrique Peña Nieto, el Verde se aseguró la entrada a la burocracia federal y al pleno acceso a los recursos públicos. Esa alianza con el PRI de Peña les asegura mantener su registro e incluso de darse aires de que sin ellos, el PRI no sería nada.

A los del Verde se les ha podido ver negociar cargos en la burocracia del ayuntamiento de la capital, de gobierno del estado y en el poder legislativo puesto que lo que menos les importa es la sociedad. Ellos siempre han tenido claro que van por el poder, aunque sean migajas. No aspiran a ganar una elección, sino que les llueva también en su milpita.

Ahora ya con vistas a las elecciones del 2015, el Verde ha empezado a hacer su juego y en eso no tiene el menor reparo de caer en la falacia y el engaño. Amagan con hilar una alianza con el PRD y el PAN, cuando es público y notorio que es un partido bisagra pegado al PRI.

Su presidente y hasta hace poco secretario de Ecología y Medio Ambiente en el gobierno estatal, Manuel Barrera, sabe muy bien que su partido no tiene futuro sin el PRI. El Verde no tiene fuerza ni presencia para ganar ya no digamos la gubernatura, sino siquiera una presidencia municipal.

A su vez, en el PRI saben que sin el Verde es probable que dejen ir unos cuantos miles de votos que en el conteo final les hagan falta. Los partidos saben que se necesitan unos a otros, pero solo para ganar una elección, no para gobernar con sentido de calidad y eficiencia.

Desafortunadamente, en México las alianzas tienen poco de programático y si mucho de interés político. Lo único que les une es ganar más prebendas públicas, consolidar al partido para recibir más presupuesto público, alcanzar espacios de poder para repartirlo entre dirigentes, sus familiares y amigos.

Nunca hay una alianza de ideas, de proyecto y de programa de gobierno. No, de eso mejor ni hablar, mejor hay que ganar a como dé lugar las elecciones y, ya luego hablamos de cómo le vamos a hacer.

Ante el ya próximo inicio del proceso electoral 2015, todos los partidos políticos han empezado hablar de alianzas, los de izquierda, los de derecha, los del centro, todos y coinciden que las alianzas pueden ser tan amplias como sea posible.

Eso es cierto, pero eso es lo de menos, el caso es que hasta ahora las alianzas no se han reflejado en mejores gobiernos ni en mejores servidores públicos. Mario García es alcalde postulado por una alianza del PRI y el Verde ¿Es un buen gobierno, un gobierno diligente, eficaz y eficiente? Pues no, no lo es.


Que se alíen los partidos por otra parte, hace esperar un proceso electoral muy cerrado entre partidos débiles que por sí mismos, saben que no pueden ganar, que saben que no tienen la confianza del electorado y que saben que para poder ganar, hay que repartir el pastel antes de tenerlo y de partirlo.

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