Lo
leí en un libro que se llama Entre
Paréntesis del escritor chileno Roberto Bolaño: la política es el arte del
dialogo y la tolerancia. Es una frase impactante, rotunda por necesidad
respecto de qué debe ser el ejercicio de la política.
En
San Luis Potosí ha hecho mucha falta que alguien se ocupe de impulsar esas dos
vertientes que explican el deber ser de la política.
Nuestra
sociedad sigue fragmentada por estratos sociales y económicos y entre los
ciudadanos parece mantenerse el precepto decimonónico de los que tienen riqueza
a caudales contra quienes no tienen nada, o bien, los dignos y los indignos,
los de buena familia y los del lumpen, los de buena familia y apellido y los
desposeídos hasta de nombre.
Más
claro: la zona dorada y las áreas residenciales versus colonias populares y las
cada vez más extensas franjas de miseria y marginación.
De
igual modo, entre las élites del poder público y político ocurre algo
semejante, de tal manera que hay partidos poderosos y otros que no van más allá
de la mendicidad, pero también colectivos de personas que, hacen de la política
una actividad obligada para ganar poder, influencias y dinero.
Entre
esas élites destacan las que cada tres o cada seis años se reciclan para
hacerse del poder público en el gobierno o en los ayuntamientos y, cuando es
necesario, en los poderes legislativo y judicial.
En
cada proceso electoral está en juego la serie de intereses de cada élite porque
se ha entendido erróneamente que el poder cambia de manos para beneficiar a
unos y luego a otros. Es un círculo vicioso indeseable que no permite el avance
real de la sociedad ni el progreso de la ciudadanía ni mucho menos, abre
oportunidades para mejorar el bienestar de quienes menos tienen.
La
política ha sido utilizada de manera malsana, por esas élites que parecen tener
el deseo de perpetuarse y con ello, la política ha ido perdiendo su esencia
hasta convertirse ahora, en alguna de las cosas que más repulsa causan de los
ciudadanos.
Que
la política pueda ser el arte del diálogo y la tolerancia, no es algo que le
importe a la clase política gobernante ni tampoco a la enquistada en los
partidos políticos o grupos fácticos de poder.
Ni
hay dialogo ni hay tolerancia, sino sus contrapartes, la cerrazón, la
arrogancia, la soberbia y la confrontación. Eso viene ocurriendo en San Luis
Potosí desde hace muchos años y no hemos sido capaces de salir de ese
laberinto.
Las
propias campañas electorales pasadas fueron reflejo de ello: más allá de las
ideas y las propuestas lo que hubo fue señalamiento para denostar, filtraciones
para aplastar, declaraciones para difamar. Nunca hubo dialogo político entre
candidatos y con la sociedad, lo que hubo fue lucha encarnada por el poder en
la que se valía de todo.
De
quienes ganaron las elecciones municipales o legislativas o el gobierno
estatal, no podemos esperar mucho porque en los hechos pasaron por encima de la
tolerancia y el diálogo. Baste recordar en el pasado reciente: los últimos
gobernantes se han dedicado a perseguir con fines políticos a sus antecesores,
eso y no otra cosa les ha importado y ocupado en sus años de gobierno.
En
San Luis Potosí ni cuando ganó el PAN ni ahora que vuelve a ganar el PRI se ha
intentado dar pasos hacia delante enguanto a la necesidad de civilizar el
actuar de los políticos.
Fernando
Toranzo se ha caracterizado por su intolerancia y falta de voluntad para
dialogar en busca de soluciones a muchos problemas que se le han presentado al
estado en su administración. Su actitud favorita ha sido golpear y perseguir a
críticos y opositores.
Pero
del otro lado, en la oposición, poco se ha hecho también por abonar a un
ejercicio político más civilizado, razonado y respetuoso. Suelen acusar y
denunciar, pero pocas aportan pruebas y más pareciera que presionan en busca de
prebendas.
La
culpa no es de la política, sino de políticos que la utilizan indebidamente
para otros fines muy ajenos al de servir a la sociedad, de servir al bien
común.
A
finales de septiembre próximo, Juan Manuel Carreras López asumirá como
gobernador del estado y días antes, se instalará una nueva legislatura y
posteriormente tomarán el poder 58 presidentes municipales.
Se
trata de momentos cruciales para San Luis Potosí en donde los ciudadanos
esperamos que mejoren las cosas, pero para eso, lo primero que debe mejorar es
esa clase política acostumbrada y formada en valores y principios más bien
antisociales.
Se
ha prometido mucho acerca de atender problemas de todos los potosinos, pero es
discurso insustancial si antes el que prometió no se compromete consigo mismo a
cumplir. Es decir, para mejorar y tener gobiernos y servidores públicos de
calidad, lo primero que deben cambiar son ellos.
Por
eso, esperemos se entienda ya: la política es el arte del dialogo y la
tolerancia, pero también de servir a la sociedad.
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