lunes, 13 de julio de 2015

La crisis de la política en San Luis

Lo leí en un libro que se llama  Entre Paréntesis del escritor chileno Roberto Bolaño: la política es el arte del dialogo y la tolerancia. Es una frase impactante, rotunda por necesidad respecto de qué debe ser el ejercicio de la política.


En San Luis Potosí ha hecho mucha falta que alguien se ocupe de impulsar esas dos vertientes que explican el deber ser de la política.


Nuestra sociedad sigue fragmentada por estratos sociales y económicos y entre los ciudadanos parece mantenerse el precepto decimonónico de los que tienen riqueza a caudales contra quienes no tienen nada, o bien, los dignos y los indignos, los de buena familia y los del lumpen, los de buena familia y apellido y los desposeídos hasta de nombre.


Más claro: la zona dorada y las áreas residenciales versus colonias populares y las cada vez más extensas franjas de miseria y marginación.


De igual modo, entre las élites del poder público y político ocurre algo semejante, de tal manera que hay partidos poderosos y otros que no van más allá de la mendicidad, pero también colectivos de personas que, hacen de la política una actividad obligada para ganar poder, influencias y dinero.


Entre esas élites destacan las que cada tres o cada seis años se reciclan para hacerse del poder público en el gobierno o en los ayuntamientos y, cuando es necesario, en los poderes legislativo y judicial.


En cada proceso electoral está en juego la serie de intereses de cada élite porque se ha entendido erróneamente que el poder cambia de manos para beneficiar a unos y luego a otros. Es un círculo vicioso indeseable que no permite el avance real de la sociedad ni el progreso de la ciudadanía ni mucho menos, abre oportunidades para mejorar el bienestar de quienes menos tienen.

La política ha sido utilizada de manera malsana, por esas élites que parecen tener el deseo de perpetuarse y con ello, la política ha ido perdiendo su esencia hasta convertirse ahora, en alguna de las cosas que más repulsa causan de los ciudadanos.

Que la política pueda ser el arte del diálogo y la tolerancia, no es algo que le importe a la clase política gobernante ni tampoco a la enquistada en los partidos políticos o grupos fácticos de poder.

Ni hay dialogo ni hay tolerancia, sino sus contrapartes, la cerrazón, la arrogancia, la soberbia y la confrontación. Eso viene ocurriendo en San Luis Potosí desde hace muchos años y no hemos sido capaces de salir de ese laberinto.

Las propias campañas electorales pasadas fueron reflejo de ello: más allá de las ideas y las propuestas lo que hubo fue señalamiento para denostar, filtraciones para aplastar, declaraciones para difamar. Nunca hubo dialogo político entre candidatos y con la sociedad, lo que hubo fue lucha encarnada por el poder en la que se valía de todo.

De quienes ganaron las elecciones municipales o legislativas o el gobierno estatal, no podemos esperar mucho porque en los hechos pasaron por encima de la tolerancia y el diálogo. Baste recordar en el pasado reciente: los últimos gobernantes se han dedicado a perseguir con fines políticos a sus antecesores, eso y no otra cosa les ha importado y ocupado en sus años de gobierno.

En San Luis Potosí ni cuando ganó el PAN ni ahora que vuelve a ganar el PRI se ha intentado dar pasos hacia delante enguanto a la necesidad de civilizar el actuar de los políticos.

Fernando Toranzo se ha caracterizado por su intolerancia y falta de voluntad para dialogar en busca de soluciones a muchos problemas que se le han presentado al estado en su administración. Su actitud favorita ha sido golpear y perseguir a críticos y opositores.


Pero del otro lado, en la oposición, poco se ha hecho también por abonar a un ejercicio político más civilizado, razonado y respetuoso. Suelen acusar y denunciar, pero pocas aportan pruebas y más pareciera que presionan en busca de prebendas.


La culpa no es de la política, sino de políticos que la utilizan indebidamente para otros fines muy ajenos al de servir a la sociedad, de servir al bien común.


A finales de septiembre próximo, Juan Manuel Carreras López asumirá como gobernador del estado y días antes, se instalará una nueva legislatura y posteriormente tomarán el poder 58 presidentes municipales.


Se trata de momentos cruciales para San Luis Potosí en donde los ciudadanos esperamos que mejoren las cosas, pero para eso, lo primero que debe mejorar es esa clase política acostumbrada y formada en valores y principios más bien antisociales.


Se ha prometido mucho acerca de atender problemas de todos los potosinos, pero es discurso insustancial si antes el que prometió no se compromete consigo mismo a cumplir. Es decir, para mejorar y tener gobiernos y servidores públicos de calidad, lo primero que deben cambiar son ellos.


Por eso, esperemos se entienda ya: la política es el arte del dialogo y la tolerancia, pero también de servir a la sociedad.




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