La pobreza
se extiende, se adueña del país. Es nuestra compañera en la cama y también en
la mesa. De la mano, la pobreza nos acompaña a todas partes. Ocho de cada diez
mexicanos somos hermanos de la pobreza.
Solo dos de
cada diez mexicanos desconocen por completo el rostro de la pobreza. Nunca han
experimentado esa infausta sensación de no tener nada, nunca la han sentido.
Únicamente para dos de cada diez mexicanos, hablar de la pobreza es algo tan
sin sentido y tan extraño, que ni siquiera podrían deletrear la palabra
P-O-B-R-E-Z-A y tendrían que recurrir a la Real Academia de la Lengua para
saber que demonios significa.
Apenas dos
de cada diez mexicanos no tienen ninguna clase de carencia social y del mismo
modo, tienen ingresos tan ofensivos que están muy por encima de la línea de
bienestar. Es decir, tienen ingresos más allá, pero mucho más allá de los que
se necesitan para vivir.
Luego
entonces, ocho de cada diez mexicanos tenemos como compañera inseparable a la
pobreza y con ella, a su primea hermana que es la vulnerabilidad: Cincuenta y
cinco millones 300 mil seres humanos, hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos,
ancianas, personas con capacidades diferentes, todos sufren pobreza y
vulnerabilidad.
Entre los
sujetos que conforman ese reducido círculo de dos de cada diez que no son
pobres ni vulnerables, están por supuesto, los gobernadores, los presidentes
municipales, los regidores, los diputados, los senadores, los magistrados, los
ministros, el presidente y la inmensa élite burocrática nacional, junto con sus
hordas de empleados y sindicatos.
Son miles y
miles, pero ante los millones y millones de pobres, parecen ser pocos. Puede
que sean pocos, pero a la postre hacen tanto daño como una plaga.
Un millón
338 mil 100 potosinos son pobres y 258 mil 500 más, son extremadamente pobres,
reporta el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social en México
(CONEVAL).
Los
potosinos llevamos la pobreza como quien lleva a la muerte tatuada en la piel o
en el antebrazo. Es una compañera ancestral. Nacemos y morimos pobres. La
inequidad es permanente y la desesperanza también.
Un millón
338 mil 100 pobres y 258 mil 500 extremadamente pobres, es la estadística de la
vergüenza, la numeralia del hambre que se actualiza cada dos años para
recordarnos que México, que San Luis Potosí no han cambiado un ápice en lo
verdaderamente importante: la igualdad social.
Esas cifras
de la ignominia, alimentan sin embargo, a una élite policía insaciable que
devora todo, empezando por los pobres; carne de caños en las elecciones y masa
ignorante para construir popularidades falsas.
Por eso, hay
quienes presumen que sus políticas públicas, sus programas, acciones y apoyos
si funcionan, que los de antes no, que los de ahora sí. Entonces, la pobreza se
convierte en un espectáculo.
Los
gobiernos presumen que le colocaron piso de tierra a la familia Torres, que a
la familia Pérez le construyeron una habitación adicional a su jacal, que a la
familia Gutiérrez le pusieron una cocina ecológica, que a la familia García le
colocaron el drenaje y a la familia Sánchez le conectaron su casa agua potable.
Luego,
alardearan que después de medio siglo en penumbra, la comunidad de Los Magueyes
que igual puede ser la del Salitre, ya tiene energía. Y que la comunidad de San
Pedro que también puede ser la de San Ildelfonso, ambas hipotéticamente
perdidas en el semidesierto, por fin, luego de lustros y del paso de
gobernantes insensibles, ya tiene agua.
Ese es el
oprobioso espectáculo político a cuenta de los pobres, a cargo de su dignidad y
de sus anhelos.
He visto,
desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y hasta la actualidad con Enrique
Peña y Fernando Toranzo, escenas en las que los pobres reciben dádivas
miserables: solidaridad, oportunidades, progresa, cruzada nacional contra la
pobreza y mil estulticias más.
Miles y
miles de millones de pesos después, la pobreza sigue más presente e invencible
que nunca. La administración Toranzo canalizó un promedio de entre 14 y 19 mil
millones de pesos al año durante el sexenio en el eje de gobierno de combate a
la pobreza.
Pese a eso,
apenas se logró disminuir en 16 mil el número de pobres y en 84 mil los de
situación de extrema pobreza; la pobreza extrema disminuyó de 12.8 en 2012, a
9.5 en 2014, mientras que en ese mismo lapso la pobreza bajo de 50.5 a 49.1.
Lo cierto es
que la pobreza abre con mayor amplitud sus brazos para apresar y apretar,
asfixiar con mayor fuerza a cientos de miles de potosinos que el día de hoy,
por ejemplo, no saben si podrán comer con cierto decoro, si podrán enviar al
niño a la escuela, sino desayunado, aunque sea limpio.
La narrativa
del gobierno sobre la pobreza por lo general está muy distante de la realidad y
en nuestro estado no es para nada la excepción.
Nos dirán
que estamos avanzando, que si es posible vencer la desigualdad, que hay
resultados, que se está trabajando bien, que vamos por el camino correcto, que
nunca como antes se beneficia a los potosinos. Eso nos dirán, que nunca antes
se había hecho tanto por los pobres como en este gobierno.
También nos
dirán que se hizo todo el esfuerzo humanamente posible, que hay rezagos, que
eso que ni qué, pero menos que antes. Que se han alcanzado logros históricos,
que los pobres estuvieron siempre en primer lugar.
Me voy
tranquilo, serví a mis queridos potosinos con amor y compromiso, nos dirá el
gobernador cuando se vaya y deje Un millón 338 mil 100 pobres y 258 mil 500
extremadamente pobres.
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