lunes, 27 de julio de 2015

Fracasa el gobierno en el combate a la Pobreza

La pobreza se extiende, se adueña del país. Es nuestra compañera en la cama y también en la mesa. De la mano, la pobreza nos acompaña a todas partes. Ocho de cada diez mexicanos somos hermanos de la pobreza.


Solo dos de cada diez mexicanos desconocen por completo el rostro de la pobreza. Nunca han experimentado esa infausta sensación de no tener nada, nunca la han sentido. Únicamente para dos de cada diez mexicanos, hablar de la pobreza es algo tan sin sentido y tan extraño, que ni siquiera podrían deletrear la palabra P-O-B-R-E-Z-A y tendrían que recurrir a la Real Academia de la Lengua para saber que demonios significa.


Apenas dos de cada diez mexicanos no tienen ninguna clase de carencia social y del mismo modo, tienen ingresos tan ofensivos que están muy por encima de la línea de bienestar. Es decir, tienen ingresos más allá, pero mucho más allá de los que se necesitan para vivir.


Luego entonces, ocho de cada diez mexicanos tenemos como compañera inseparable a la pobreza y con ella, a su primea hermana que es la vulnerabilidad: Cincuenta y cinco millones 300 mil seres humanos, hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos, ancianas, personas con capacidades diferentes, todos sufren pobreza y vulnerabilidad.


Entre los sujetos que conforman ese reducido círculo de dos de cada diez que no son pobres ni vulnerables, están por supuesto, los gobernadores, los presidentes municipales, los regidores, los diputados, los senadores, los magistrados, los ministros, el presidente y la inmensa élite burocrática nacional, junto con sus hordas de empleados y sindicatos.


Son miles y miles, pero ante los millones y millones de pobres, parecen ser pocos. Puede que sean pocos, pero a la postre hacen tanto daño como una plaga.


Un millón 338 mil 100 potosinos son pobres y 258 mil 500 más, son extremadamente pobres, reporta el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social en México (CONEVAL).


Los potosinos llevamos la pobreza como quien lleva a la muerte tatuada en la piel o en el antebrazo. Es una compañera ancestral. Nacemos y morimos pobres. La inequidad es permanente y la desesperanza también.


Un millón 338 mil 100 pobres y 258 mil 500 extremadamente pobres, es la estadística de la vergüenza, la numeralia del hambre que se actualiza cada dos años para recordarnos que México, que San Luis Potosí no han cambiado un ápice en lo verdaderamente importante: la igualdad social.


Esas cifras de la ignominia, alimentan sin embargo, a una élite policía insaciable que devora todo, empezando por los pobres; carne de caños en las elecciones y masa ignorante para construir popularidades falsas.


Por eso, hay quienes presumen que sus políticas públicas, sus programas, acciones y apoyos si funcionan, que los de antes no, que los de ahora sí. Entonces, la pobreza se convierte en un espectáculo.


Los gobiernos presumen que le colocaron piso de tierra a la familia Torres, que a la familia Pérez le construyeron una habitación adicional a su jacal, que a la familia Gutiérrez le pusieron una cocina ecológica, que a la familia García le colocaron el drenaje y a la familia Sánchez le conectaron su casa agua potable.


Luego, alardearan que después de medio siglo en penumbra, la comunidad de Los Magueyes que igual puede ser la del Salitre, ya tiene energía. Y que la comunidad de San Pedro que también puede ser la de San Ildelfonso, ambas hipotéticamente perdidas en el semidesierto, por fin, luego de lustros y del paso de gobernantes insensibles, ya tiene agua.


Ese es el oprobioso espectáculo político a cuenta de los pobres, a cargo de su dignidad y de sus anhelos.


He visto, desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y hasta la actualidad con Enrique Peña y Fernando Toranzo, escenas en las que los pobres reciben dádivas miserables: solidaridad, oportunidades, progresa, cruzada nacional contra la pobreza y mil estulticias más.


Miles y miles de millones de pesos después, la pobreza sigue más presente e invencible que nunca. La administración Toranzo canalizó un promedio de entre 14 y 19 mil millones de pesos al año durante el sexenio en el eje de gobierno de combate a la pobreza.


Pese a eso, apenas se logró disminuir en 16 mil el número de pobres y en 84 mil los de situación de extrema pobreza; la pobreza extrema disminuyó de 12.8 en 2012, a 9.5 en 2014, mientras que en ese mismo lapso la pobreza bajo de 50.5 a 49.1.


Lo cierto es que la pobreza abre con mayor amplitud sus brazos para apresar y apretar, asfixiar con mayor fuerza a cientos de miles de potosinos que el día de hoy, por ejemplo, no saben si podrán comer con cierto decoro, si podrán enviar al niño a la escuela, sino desayunado, aunque sea limpio.


La narrativa del gobierno sobre la pobreza por lo general está muy distante de la realidad y en nuestro estado no es para nada la excepción.


Nos dirán que estamos avanzando, que si es posible vencer la desigualdad, que hay resultados, que se está trabajando bien, que vamos por el camino correcto, que nunca como antes se beneficia a los potosinos. Eso nos dirán, que nunca antes se había hecho tanto por los pobres como en este gobierno.


También nos dirán que se hizo todo el esfuerzo humanamente posible, que hay rezagos, que eso que ni qué, pero menos que antes. Que se han alcanzado logros históricos, que los pobres estuvieron siempre en primer lugar.



Me voy tranquilo, serví a mis queridos potosinos con amor y compromiso, nos dirá el gobernador cuando se vaya y deje Un millón 338 mil 100 pobres y 258 mil 500 extremadamente pobres.

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