lunes, 18 de mayo de 2015

San Luis Potosí: veintitrés años sin Salvador Nava

Este martes diecinueve de mayo se cumplen veintitrés años de que Salvador Nava Martínez murió. En San Luis Potosí, nadie como él ha contribuido a construir la democracia que hoy tenemos.


Sin duda, tenemos una democracia imperfecta, insuficiente y débil pero que marca una distancia considerable de la autoritaria y represiva de hace apenas un par de décadas. El voto valía tanto como un cacahuate.


La corrupción estaba en la piel de los funcionarios públicos en todos los niveles empezando por el gobernador. Se gobernaba para clientelas políticas y se utilizaba el poder para enriquecer a algunos y para satisfacer el gusto de otros. Los abusos, la ilegalidad, la injusticia, la impunidad prevalecían como algo normal a la vista de todos.


A principios de los noventa, Leopoldino Ortíz gobernaba la entidad con tanto desdén que su mediocridad era conocida por todos. Había suplido a Florencio Salazar, víctima de los lobos caciquiles dentro del PRI.


San Luis Potosí estaba estancado. No crecía ni iba para ningún lado, se contagió de la abulia del gobernador que solo tenía atenciones para las fiestas. La pobreza crecía, el abandono se extendía a todos los sectores de la sociedad, mientras que desde el gobierno se abusaba y se aplastaba cualquier intento de denuncia.


Entonces, regresó Salvador Nava. Apoyado por importantes grupos de la sociedad y partidos de oposición, se impulsó su candidatura a gobernador por la Coalición Democrática Potosina.


Perdió una elección inequitativa organizada desde el gobierno, pero la gente no lo aceptó y por decenas de miles salieron a las calles. Hubo movilizaciones, plantones, enfrentamientos y al final la Marcha de la Dignidad. Fausto Zapara, gobernador por el PRI solo duró catorce días en el cargo.


Nava logró, como lo había hecho antes para ganar la presidencia municipal de San Luis Potosí, el despertar de la conciencia de la gente: el obrero, el ama de casa, los estudiantes, los empresarios y buena parte de la sociedad en su conjunto se politizaron para impedir más abusos del poder y una imposición electoral fraudulenta.


Nava ofrecía lo que quería la sociedad: un gobierno en el que se reflejara su dignidad.


A veintitrés años de la muerte del Doctor Salvador Nava los potosinos seguimos esperando que llegue alguien a ofrecernos dignidad y no vales, despensas, cobijas, tarjetas o regalos a cambio del voto.


Han corrido los años que ya pronto alcanzarán el cuarto de siglo y la figura de Nava se fortalece en la memoria ante la especie de políticos desnaturalizados e inconcientes que tenemos enfrente.


Si medimos a Salvador Nava con cada uno de los candidatos a gobernador que andan en plena guerra sucia, habría que colocarlos de rodillas para abajo.


¿Cuál de los siete tiene la probidad de Nava, la honestidad, la dignidad de Nava?


Ninguno, eso está claro.


En estos momentos, a tres semanas de las elecciones del siete de junio, el poder público, los candidatos y sus partidos nos muestran de lo que están hechos: lanzan encuestas manipuladas para asegurar que van a ganar, andan echando la casa por la ventana entregando dinero para que la gente se anime a ir a un mitin, los programas oficiales de asistencia social hacen su labor de convencimiento.


La guerra sucia en todo su apogeo: en la red de You Tube aparece un anuncio para descalificar a Sonia Mendoza, candidata del PAN a gobernador, en municipios de la Huasteca la violencia amenaza con estallar, en Soledad y la capital, la delincuencia se ha metido al proceso electoral.


Y mientras, en el gobierno estatal la consigna es que seamos felices que estamos en el año de Hidalgo.


Por eso, a veintitrés años de la muerte de Nava se le extraña más que nunca. Los políticos que nos ha tocado soportar, van al colmo del descaro y se ven como trogloditas que, guiados por un instinto animal, buscan sobrevivir por la ley del más fuerte, del más tramposo, del más salvaje.


En estos veintitrés años de celebración de la muerte de Nava, nos preguntamos ¿Dónde está la dignidad?


Dónde la dignidad del ciudadano para rechazar formar coros de aplaudidores y aduladores a cambio de una promesa de un cargo público.


Dónde la dignidad del ciudadano para rechazar una tarjeta del Verde para ir de compras a cambio del voto.


Dónde la dignidad del ciudadano para mostrar rechazo a los mismos que le han golpeado.


Dónde la dignidad del ciudadano para dejar de votar por los mismos que ahora lo tienen hambriento.


La dignidad ciudadana no se ha recobrado desde los tiempos de Nava. Desde entonces, los políticos se han encargado de envilecerla. Han despojado a la gente de su dignidad para, amaestrada, domesticada,  tenerla simplemente como un número para el día de las elecciones.


Hay que extrañar a Nava porque su ejemplo político no ha sido seguido por nadie, hay que extrañarlo porque sus sueños de democracia en un gobierno participativo, compartido con la gente, nadie los ha recogido.


Hay que extrañarlo y eso es sencillo, solo hay que voltear y ver el tiradero de lodo y corrupción en palacio de gobierno y en el municipal también. Vea al gobernador y al alcalde, a los diputados y a los regidores, tan solo verlos y se entiende que no tienen remedio.


Lo suyo no es la dignidad propia ni la dignidad de la gente.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario