Juan Vargas, mejor conocido
como Varguitas, esta con todo y su botón distintivo del PRI en un camino
polvoriento y olvidado de San Pedro de los Saguaros. Va a inaugurar las obras
para la electrificación del municipio, colocan un poste que no conecta a
ninguna parte y dice en tono profético: ahora sí, de aquí a la modernidad, la
justicia social será una realidad.
Luego de tomar valor
suficiente, sintonice la señal para ver el debate entre los candidatos a la
presidencia municipal capitalina y minutos después, por alguna razón pensé en
Varguitas, el alcalde de cualquier ayuntamiento mexicano según la visión de
Luis Estrada en la Ley de Herodes.
Hay algo incontrovertible:
La triste realidad de nuestro México en manos de una clase política envilecida,
corrupta y sustancialmente mentirosa.
El guión de las elecciones
es que los candidatos hablan, la gente escucha y luego vota. Esa es la gran
estafa, puesto que ni los candidatos dicen nada parecido a la verdad, nadie
salvo sus clientelas borreguiles les escucha y al final, esos son los mismos
que van a votar.
Eso pensé luego de que los
candidatos a la presidencia municipal de San Luis Potosí emprendieron su
perorata. De eso se trató el encuentro de candidatos para un persistente y
nutrido Bla-Bla-Bla-Bla. Mucho decir y nada del cómo hacer.
Uno dice y los demás repiten
como un eco. Matices más matices menos, en lo sustancial se repiten, son
redundantes, fastidiosamente repetitivos.
Milagrosamente, todos tienen
fórmulas milagrosas, todos tienen la soluciones inéditas, todos tienen
respuestas y propuestas, todos tienen el más caro y elevado compromiso social,
todos son independientes puesto que nadie está detrás de ellos, todos alardean
y todos juran que nada les conmueve más que el destino de los capitalinos.
Pero una cosa es hablar y
otra hacer. La ventaja de ser candidato es que se puede decir lo que venga en
gana.
Ofrecieron una ciudad del
primer mundo cuando son políticos provincianos de una ciudad rezagada,
estancada, saqueada y víctima de la corrupción más vil en muchos años.
Digamos, por ejemplo, el
candidato Gallardo no podía siquiera leer bien, se veía a leguas que nunca ha
leído algún libro. No podía siquiera decir correctamente excepción y se oía
esepción (sic).
¿Qué sería de los candidatos
sin tarjetitas?
Sencilla la repuesta, harían
el mismo ridículo que acostumbra el presidente Peña cuando se le pierde el
telepromter.
El candidato Lozano se vio
como un parlanchin sobreactuado, su acento de pretendida firmeza en la voz solo
acrecentaba la idea de más simulación es imposible ,y claro, se colocó a sí
mismo como ejemplo vivo de la perfección.. Quiso parecer docto y resultó demagogo.
¿ Y la corrupción¡’ nada que
el tema no le gustó al PRI, al PAN ni al PRD, mejor hablamos de transparencia
para hablar de manera lucidora.
Sé cómo hacerlo, afirma
Gallardo, mientras que horas antes, Soledad, el municipio que gobernó se
anegaba de aguas negras tras los aguaceros del jueves.
Nada en materia de
seguridad, nada en transparencia, nada de nada. Lo que propusieron en esos
temas es una obligación legal.
Deuda mil 200 millones de
pesos, reclamó Azuara, cirugías estéticas de senos, narices, pómulos y
quijadas, liposucciones y tal y ¿qué hizo él como diputado local y federal para
combatir eso, lo denunció como representante popular ante el Ministerio
Público?
La realidad es inobjetable y
no se puede ocultar: 80 mil capitalinos sin servicios público elementales,
primer lugar en corrupción, es vergonzoso.
¿Usted, amable lector,
espera honestamente algo distinto de quien gane el siete de junio?
Parásitos sin dignidad,
discursos banales, vacíos les dijo el candidato Mendoza y los demás solo
sonrieron con la definición, pero nadie lo negó.
El candidato Vera, el más
puntual, sereno, inteligente. El mejor dotado de trayectoria, el de hechos
reales. Habló con datos y coherencia. Lástima que su partido sea el de su papa
y que se preste a que cada tres años, es
diputados local o candidato a presidente municipal: ¿No se fastidiará de eso?
Estamos pidiendo el voto
insurgente, dijo el candidato Mendoza como si Andrés Manuel López Obrador fuera
el insurgente nacional que espera la patria.
Que gane la gente buena dijo
el candidato Azuara en alusión al candidato Gallardo, cita a manera de mensaje
cifrado o admonición tibia: ¿O sea, si
gana Gallardo, ganan los malos?
Si el candidato Azuara sabe
o teme algo, que lo diga con todas sus letras, si anda buscando el voto, que
entonces no se calle las cosas.
La candidata Lastras, ex
priísta actuando como priísta: buena para criticar pero excelente para el
engaño. Simulación a tope: Gallardo va muy bien, pero yo lo que quiero es ser
regidora. Cuando se es priísta, aunque se abandone al partido, el priísmo no se
pierde, eso corre por las sangre y la candidata Lastras es el mejor ejemplo de
oportunismo tricolor.
En fin, Bla-Bla-Bla. Para
desgañitarse cualquiera, para frasear lo que sea, cualquiera, para berrear,
cualquiera. Para debatir eso no sirve, aunque tras el pretendido debate
seguramente los candidatos llegaron a
sentir que la gente los quiere y que desea abrazarlos tierna y cariñosamente.
En dos domingos más es el
día de las elecciones. Los candidatos a gobernador nunca levantaron y el debate
municipal, mostró que los candidatos a la alcaldía tampoco crecieron sino
únicamente en los ríos de saliva que son capaces de lanzar.
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