El presidente Enrique Peña
Nieto designó a los Güeros como candidatos punta de lanza para mantener el
poder en San Luis Potosí. No eligió a los mejores sino a los menos peores de la
baraja potosina tricolor.
Once por la gubernatura era
todo un exceso. La mayor parte de los apuntados eran mero adorno en la fachada
democrática del PRI. Estaban ahí para simular, para aparentar un paisaje de
presunta competencia y diversidad.
Once era algo así como
llevar la farsa al escenario de la comedia. El Dedo Elector tenía apenar un par
de nombres entre ceja y ceja.
El Güero Carreras, un
tecnócrata de trayectoria amplia, de suela recorrida en oficinas públicas
locales y federales de este y otros tiempos. Tecnócrata preparado para lo que
sea, para lo que le manden. Culto, leído, educado, doctorado en todos los
menesteres de la administración pública es uno de esos extraños especímenes que
en el PRI se les utiliza para lo que ordene el jefe.
El Güero Carreras es el tipo
de tecnócrata que tan solo verlo da a entender que no es ni ha sido un
improvisado, sino más bien meticuloso, metódico y bien organizado. Es el
empleado que todos quieren tener por lo bien portado que es.
El precandidato a gobernador
por el PRI no es un tipo estridentísta y tampoco es un dechado de popularidad,
es la fiel imagen del bajo perfil de alguien que solo sabe de lo que se trata
el trabajo a su encargo. Tampoco es brillante, pero lo aparenta.
Tiene un poco del Fernando
Toranzo candidato de hace seis años: una actitud dócil y humilde, una mirada
tranquila y adusta como de quien ve el dolor ajeno y se conduele. En realidad
es un poco la misma fórmula del PRI de hace seis años: un candidato sin
raigambre partidista, sin dotes de mesías, de carácter sencillo y hasta ajeno a
la soberbia.
Es el candidato del
Revolucionario Institucional porque no había más y el PRI quiere ganar las
elecciones, por eso el presidente Peña optó por él, con cualquier otro habría
perdido.
El otro buen ejemplar de
candidato entre tan flaca caballada, era Enrique Galindo Ceballos, único de
entre los once prospectos que en realidad es cercano político a Peña Nieto.
Bien a bien, no se sabe las razones de la estima, pues si nos atenemos a los resultados
en materia de seguridad, Galindo no las lleva de ganar como para ganarse el
respeto presidencial.
Sin embargo, el jefe de la policía federal se ha
ganado cierta reputación como resultado de su convincente narrativa para vender
los malos resultados como buenos e innovadores. Ha logrado como parte del
gabinete de seguridad, que se exalte la disminución de delitos como el
homicidio y el secuestro, aunque estos se sigan contando por miles y miles.
Es un policía que es un buen
comunicador, un mendo policíaco que ha entendido a loa perfección que con Peña
Nieto lo importante no es ser eficiente
en el cargo que se tiene, sino convencer a los demás de que se hacen bien las
cosas. En eso, el presupuesto federal no ha reparado en gastos.
Pues bien, ahí estaba entre
los once, Galindo Ceballos a quien su cauda de aplaudidores le cantaban a
diario en el oído, de manera tal que no solo se la creyó sino que estaba seguro
de que su jefe Peña le haría el encargo más importante de su vida.
En el fondo, Galindo sabía
que no podría ser candidato, qué se diría de eso en México y en el mundo: un
jefe policíaco de uno de los países más violentos del orbe ungido como
candidato a gobernador. Vaya golpe para la democracia en México, un policía
gobernador para gobernar con mano dura.
Habría sido harto complicado
vender la idea de un candidato policíaco. Al rato Salvador Cienfuegos diría con
toda razón: Y mi candidatura apá.
Como sea, el presidente Peña
optó por Carreras López porque las opciones que el partido tenía para San Luis
Potosí eran extremadamente limitadas, puros perfiles mediocres, quemados y la
mar de incompetentes.
Lo mismo sucede para la
capital potosina, donde como premio de consolación al grupo de la familia
Valladares, se le extiende la candidatura a presidente municipal a Manuel Lozano Nieto. Perdedor hace tres años
como candidato a diputado federal, va por la alcaldía en una elección que para
él puede convertirse en temprana sepultura política.
Ambos, Carreras y Lozano,
tendrán que cargar con el ´pesado fardo que implica los pésimos gobiernos de
Fernando Toranzo y Mario García. Gobernador y alcalde han abonado el profundo
rechazo de la ciudadanía a gobiernos falsos, improductivos, amigos de la
impunidad y con creciente tentación a la corrupción.
Sin duda, Juan Manuel
Carreras es el mejor candidato que pudo lanzar el PRI, lo malo es que no se
sabe si podrá ser el gran gobernador que los potosinos anhelan. Ojala y pinte
raya de inmediato con el ejecutivo estatal saliente con quien lo ligan, una segunda
parte del sexenio torancista sería de plano una catástrofe.
Por cierto, convendría saber
si el doctor Carreras ya recibió la felicitación por su nominación de su gran
amigo Felipe Calderón. Sería una buena idea de que inviste al ex presidente a
un mitin de campaña para que ahora, sea Calderón el que le levante la mano al
candidato.
En fin, todo apunta que en
San Luis habrá elección de gobernador
entre calderonistas, Alejandro Zapata y Juan Manuel Carreras.
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