Hasta hace unos años se
llegó a afirmar con cierta contundencia que la alternancia en el poder público
significaría el verdadero paso a la democracia. Terminar con la dictadura del
PRI en favor de la alternancia partidista en el gobierno, sería lo mejor para
los ciudadanos pues la competencia política haría una realidad el sueño de
tener gobernantes capaces, probos, honestos, comprometidos, responsables y
sobre todo, preparados.
Cuando Vicente Fox echó a
patadas al PRI de los Pinos, esa especie de que la alternancia sería la madre
de todos los cambios se derrumbó con la misma estridencia del desplome de la
figura presidencial. En México, cualquier espécimen raro de entre los partidos
puede ser presidente o gobernador.
La alternancia en diversas
entidades federativas y en la presidencia de la república fue una fórmula
insuficiente para enfrentar los severos males que han agobiado al país y a los
ciudadanos. Fue como una pócima inútil como quien da una aspirina al
desahuciado de cáncer.
El doctor Salvador Nava que
lo que México necesitaba era una transición a la democracia, una transición que
diera por resultado que los ciudadanos gobernaran a través de sus gobernantes.
Se podría pensar que en sentido estricto así ocurre, pero desafortunadamente no
es así.
La transición vista por Nava
consistía en tener a ciudadanos comprometidos con sus pares en el gobierno y no
con los partidos políticos que los postulan. La transición quería decir que era
necesario que el gobernante tomara la voz de la gente y la llevara al gobierno
en los momentos de toma de decisiones.
Eso hacía necesario contar
con gobernantes libres de ataduras ideológicas, partidistas y/o de ligas con intereses
económicos ajenos a la sociedad, es decir, gente cuyo compromiso único sea la
propia gente.
México y San Luis Potosí han
transitado por la alternancia y poco parece haber cambiado de los tiempos de la
dictadura perfecta del tricolor. Hay tanta corrupción como antes, la
inseguridad ha crecido enormidades, el subdesarrollo y la pobreza están tan
presentes que no se les puede esconder en la patraña del discurso oficial.
Marcelo de los Santos
derrotó al PRI por primera vez en San Luis Potosí en 2003 y el PAN llegó al
poder de la mano de un gobernante que, al final, recurrió a las mismas formas
de gobierno de los ex dictadores. Se le acusó de derrochador de recursos, de
mal uso de recursos públicos, de endeudar al estado más allá de su sexenio, de
ególatra, de represor, de sectario, frívolo, embaucador, represor, falaz,
censor bravucón de la prensa y tal.
Acusaciones que bien visto,
no eran nuevas para un gobernador sino más bien aspectos del retrato del
gobernador común y corriente del PRI en cualquiera época.
Es decir, la alternancia
partidista en el gobierno potosino no ha sido más que un mal chiste, un cuento
chino de mal gusto.
La bendita alternancia hizo
posible que en el 2009 el dictador regresara al gobierno estatal y el PRI
echado por la vía de la vergüenza de palacio de gobierno, se reinstaló con todo
el peso de su historia y putrefacción.
Decir que el PRI recuperó el
gobierno es una verdad absoluta: el partido lo recuperó para su clase política
no para la sociedad.
Eso mismo había sucedido con
el PAN: le quitó el gobierno durante seis años al PRI, pero no se puso en manos
ni al servicio de la sociedad.
La alternancia trajo consigo
a quien se podría convertir en uno de los peores mandatarios potosinos en
décadas. Repartió el poder como quien se reparte el botín de guerra, dejo y ha
dejado hacer a los suyos lo que les plazca, sus personeros han hecho cuanto han
querido porque para eso están en el poder. Para eso somos gobierno es la lógica
del buen dictador.
La alternancia trajo a los
potosinos a un político de tan poco brillo y
escasas luces que luces que podría haber ´pasado como un presiden te
municipal más, de esos que se quejan de todo, que no saben hacer nada sino
estirar la mano.
Cómo no podría ser de otro
modo, endeudó también a la administración pública para que la deuda se pague
hasta el 2030. Cómo no podía ser de otra manera, no resolvió ninguno de los
problemas centrales de la entidad y tampoco hizo posible que los potosinos
vivan mejor antes de que él se hiciera del gobierno.
En el más nítido reflejo de
lo que es ser gobernador por el PRI, el doctor (o ¿aún debemos decirle
gobernador?) resucitó a los demonios de familia y su propio hermano lo acusó de
no gobernar: hay un vacío der gobierno, le dijo. Y también le dijo: No creo en
la justicia porque en San Luis no la hay.
A eso se le llama
desbarrancarse en el abismo y creer que se sigue vivo.
La alternancia no resuelve
nada, no mejora la calidad del gobierno, no genera mejores gobernantes ni
servidores públicos más comprometidos; no perfecciona la democracia ni da
esperanza de un mejor presente para los ciudadanos.
La alternancia es
simplemente un asunto de partidos y sus políticos que en cada elección se
juegan la vida y se llevan entre los pies los anhelos de la gente.
Veamos: Marcelo de los
Santos está inhabilitado por veinte años para ser funcionario público y le
aplicaron una multa de siete mil millones de pesos. Con independencia del sesgo
político que exista detrás de eso, el hecho concreto es que la sanción ahí
está.
Ahora la lógica nos dice que
de haber alternancia, esa sanción de olvidará y llegarán una nueva, una igual
de estridente para el doctor y compañía.
Quizá lo que está ocurriendo
es que a los políticos, a los partidos y a sus dirigentes, se les ha olvidado
que el fundamento de la política es ejercerla para servir; tal vez se les sigue
olvidando que el poder del voto que tienen los ciudadanos es para beneficio
colectivo y no para eternizar en el poder a virtuales juntas de delincuentes.
Puede ser que la clase
política sea tan estúpida que se imagina que siempre será igual: hoy nosotros y
mañana ellos, hoy ellos y mañana nosotros. La consigna callejera es verdadera:
la gente se cansa de tanta pinche transa.
No debe ser utopía o sueño
guajiro: que se entienda entre los futuros candidatos a gobernador de San Luis
Potosí, ser gobernador no es para nada ser el jefe de la pandilla, el
administrador de la riqueza… el guía de los negocios.
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