lunes, 12 de enero de 2015

Del Soledad de los Ranchos al Soledad de los Gallardo

Soledad de los Ranchos, así se llamaba. El traspatio de la capital a donde arrojaban las aguas negras y la basura; lugar de lo fétido e insalubre.


Luego le pusieron Soledad de Graciano Sánchez, el dormitorio de la zona industrial potosina, la cuna de la mano de obra barata, el municipio perdido entre lo urbano y lo rural, el municipio de los caciques.


Más tarde alcanzó la denominación de Soledad de Graciano Sánchez y el municipio creció enormidades en sus colonias de trabajadores, las parcelas fueron ocupadas por construcciones y los políticos entendieron que el único y verdadero negocio en Soledad es ser presidente municipal.


Bodega de acarreados en apoyo a los candidatos del PRI, Soledad era el sitio de dónde salían hordas de simpatizantes pagados para que aplaudieran a candidatos. Los llevaban los de la CTM y la CNC.


Soledad nunca desarrollo una conciencia política sino más bien la del oportunismo, la simulación, el compadrazgo, el caciquismo. La vía política era la de la conveniencia coyuntural. En Soledad poco hay apreciar de la construcción y desarrollo de una clase política consciente, responsable y comprometida.


Por la presidencia municipal que por décadas y décadas tuvo como único propietario al PRI por medio de un selecto mosaico de familias caciquiles, paso luego a la infeliz alternancia partidista que en pocas palabras significó la reproducción de ineficiencia y corrupción.


Tras el derrumbe del imperio municipal del PRI habida cuenta del desgaste de su origen basado en el control de la masa rural vía las dádivas, llegaron el PAN, el PARM y luego el PRD. Siempre con huestes enviadas por los caciques que aprendieron pronto a cambiar de partido como quien de calza nuevos calcetines.


Así, de pronto, de los antiguos y defenestrados Galarza, Velázquez, Gaytán y todos los demás, aparecieron los Gallardo. Así nomás, surgieron de súbito al amparo de las alas de unos pollos.


Soledad, huérfano de ideología, ausente de piel y colores de partido y formado solo por el simple interés de tres años de vacas gordas, de pronto veía nacer un proyecto de “izquierda” de avanzada.


En México pertenecer al PT, al PRD, a MORENA o al MC implica por simple mecanismo de nomenclatura, ser de izquierda.


Así pues, el PRD de Soledad y sus presidentes municipales recientes, es decir Ricardo Gallardo padre y Ricardo Gallardo hijo han sido de izquierdas, si de izquierda, o sean gobiernos orientados por ideas innovadoras, inteligentes, surgidas del pensamiento liberador, emanadas de la reflexión crítica de la realidad; es decir, gobiernos dialécticos, gobiernos del pueblo, gobiernos de una sociedad igual y de un municipio culturizado y politizado en la izquierda.


Un absurdo absoluto. En Soledad no hay ni ha habido izquierda, lo que ha habido es una eterna ambición de grupos de poder por hacerse del municipio utilizando para ello la franquicia de partido que esté dispuesta.
De alcaldes cuasi analfabetas y funcionarios de segundo pelo, Soledad vio llegar a maestros y licenciados de trayectorias profesionales frustradas por su falta de talento; la política los hizo importantes aunque en el fondo nada o casi nada, tenían que aportar al beneficio social.


Luego llegaron los Gallardo y el lema de los pollos que de manera tan monótona como fastidiosa se escuchaba a todo volumen en los camiones recolectores de basura, padre e hijo llegaron a fundar un remedo de imperio, provinciano pero al fin imperio.


En esas estaban mientras trazaban planes de futuro con miras a eternizarse en el ayuntamiento y en el poder público, cuando les cayó la desgracia.


Se apoderaron del PRD por encima de sus múltiples y ambiciosas tribus, se apoderaron del ayuntamiento y despidieron a cientos de trabajadores para dar cobijo a los suyos y crear la maquinaria clientelar que se requiere para todo proceso electoral que se precie de antidemocrático.


Colocaron a su gente en cargos de dirección partidista y en direcciones neurálgicas del ayuntamiento para luego echar a andar una estrategia de medios a fin de vender la idea de lo grande, grandioso que es Soledad, y de lo querido que es su presidente municipal.


La prensa, sus articulistas y no pocos columnistas hacían alegoría por no decir que hasta elegías, del presidente Gallardo: joven promesa de la política potosina, figura imprescindible de la izquierda, candidato natural a gobernador y tal.


El ayuntamiento pagó y pagó a periódicos y medios electrónicos, se por bien con los reporteros y a todos los tenía contentos con un plan que caminaba encima de rieles: soledad es tan grande como su gente, dice el slogan municipal de Gallardo.


El municipio que a decir de los actores Luis Felipe Tovar e Isela Vega, nunca se inunda, no tiene baches y es ejemplo de democracia, el municipio donde se abolió la corrupción y se erradicó la irresponsabilidad y la ineficiencia.


Ese gobierno construido por muchos medios de comunicación como política pública municipal ha quedado ahora enterrado en el lodo que caracteriza a buena parte de los ayuntamientos del país: la corrupción.
Bien visto Soledad no ha dejado de ser la Soledad de los Ranchos, cuna de políticos cegados por la ambición, la riqueza y el poder.


Que Gallardo hijo no es el único culpable del manejo indebido de las arcas públicas que lo tiene en prisión, que seguramente hay cómplices y que deberían estar con él en prisión; si, pero en México todo está bajo sospecha, incluso la impartición de justicia.



Por lo pronto, lo único seguro es que en Soledad la única referencia de izquierda es que Ricardo Gallardo y el PRD resultaron ser un cero a la izquierda.

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