Soledad de los Ranchos, así
se llamaba. El traspatio de la capital a donde arrojaban las aguas negras y la
basura; lugar de lo fétido e insalubre.
Luego le pusieron Soledad de
Graciano Sánchez, el dormitorio de la zona industrial potosina, la cuna de la
mano de obra barata, el municipio perdido entre lo urbano y lo rural, el
municipio de los caciques.
Más tarde alcanzó la
denominación de Soledad de Graciano Sánchez y el municipio creció enormidades
en sus colonias de trabajadores, las parcelas fueron ocupadas por
construcciones y los políticos entendieron que el único y verdadero negocio en
Soledad es ser presidente municipal.
Bodega de acarreados en
apoyo a los candidatos del PRI, Soledad era el sitio de dónde salían hordas de
simpatizantes pagados para que aplaudieran a candidatos. Los llevaban los de la
CTM y la CNC.
Soledad nunca desarrollo una
conciencia política sino más bien la del oportunismo, la simulación, el
compadrazgo, el caciquismo. La vía política era la de la conveniencia
coyuntural. En Soledad poco hay apreciar de la construcción y desarrollo de una
clase política consciente, responsable y comprometida.
Por la presidencia municipal
que por décadas y décadas tuvo como único propietario al PRI por medio de un
selecto mosaico de familias caciquiles, paso luego a la infeliz alternancia
partidista que en pocas palabras significó la reproducción de ineficiencia y
corrupción.
Tras el derrumbe del imperio
municipal del PRI habida cuenta del desgaste de su origen basado en el control
de la masa rural vía las dádivas, llegaron el PAN, el PARM y luego el PRD.
Siempre con huestes enviadas por los caciques que aprendieron pronto a cambiar
de partido como quien de calza nuevos calcetines.
Así, de pronto, de los
antiguos y defenestrados Galarza, Velázquez, Gaytán y todos los demás,
aparecieron los Gallardo. Así nomás, surgieron de súbito al amparo de las alas
de unos pollos.
Soledad, huérfano de
ideología, ausente de piel y colores de partido y formado solo por el simple
interés de tres años de vacas gordas, de pronto veía nacer un proyecto de
“izquierda” de avanzada.
En México pertenecer al PT,
al PRD, a MORENA o al MC implica por simple mecanismo de nomenclatura, ser de
izquierda.
Así pues, el PRD de Soledad
y sus presidentes municipales recientes, es decir Ricardo Gallardo padre y
Ricardo Gallardo hijo han sido de izquierdas, si de izquierda, o sean gobiernos
orientados por ideas innovadoras, inteligentes, surgidas del pensamiento
liberador, emanadas de la reflexión crítica de la realidad; es decir, gobiernos
dialécticos, gobiernos del pueblo, gobiernos de una sociedad igual y de un
municipio culturizado y politizado en la izquierda.
Un absurdo absoluto. En
Soledad no hay ni ha habido izquierda, lo que ha habido es una eterna ambición
de grupos de poder por hacerse del municipio utilizando para ello la franquicia
de partido que esté dispuesta.
De alcaldes cuasi
analfabetas y funcionarios de segundo pelo, Soledad vio llegar a maestros y
licenciados de trayectorias profesionales frustradas por su falta de talento;
la política los hizo importantes aunque en el fondo nada o casi nada, tenían
que aportar al beneficio social.
Luego llegaron los Gallardo
y el lema de los pollos que de manera tan monótona como fastidiosa se escuchaba
a todo volumen en los camiones recolectores de basura, padre e hijo llegaron a
fundar un remedo de imperio, provinciano pero al fin imperio.
En esas estaban mientras
trazaban planes de futuro con miras a eternizarse en el ayuntamiento y en el
poder público, cuando les cayó la desgracia.
Se apoderaron del PRD por
encima de sus múltiples y ambiciosas tribus, se apoderaron del ayuntamiento y
despidieron a cientos de trabajadores para dar cobijo a los suyos y crear la
maquinaria clientelar que se requiere para todo proceso electoral que se precie
de antidemocrático.
Colocaron a su gente en
cargos de dirección partidista y en direcciones neurálgicas del ayuntamiento
para luego echar a andar una estrategia de medios a fin de vender la idea de lo
grande, grandioso que es Soledad, y de lo querido que es su presidente
municipal.
La prensa, sus articulistas
y no pocos columnistas hacían alegoría por no decir que hasta elegías, del
presidente Gallardo: joven promesa de la política potosina, figura
imprescindible de la izquierda, candidato natural a gobernador y tal.
El ayuntamiento pagó y pagó
a periódicos y medios electrónicos, se por bien con los reporteros y a todos
los tenía contentos con un plan que caminaba encima de rieles: soledad es tan
grande como su gente, dice el slogan municipal de Gallardo.
El municipio que a decir de
los actores Luis Felipe Tovar e Isela Vega, nunca se inunda, no tiene baches y
es ejemplo de democracia, el municipio donde se abolió la corrupción y se
erradicó la irresponsabilidad y la ineficiencia.
Ese gobierno construido por
muchos medios de comunicación como política pública municipal ha quedado ahora
enterrado en el lodo que caracteriza a buena parte de los ayuntamientos del
país: la corrupción.
Bien visto Soledad no ha
dejado de ser la Soledad de los Ranchos, cuna de políticos cegados por la
ambición, la riqueza y el poder.
Que Gallardo hijo no es el
único culpable del manejo indebido de las arcas públicas que lo tiene en
prisión, que seguramente hay cómplices y que deberían estar con él en prisión;
si, pero en México todo está bajo sospecha, incluso la impartición de justicia.
Por lo pronto, lo único
seguro es que en Soledad la única referencia de izquierda es que Ricardo
Gallardo y el PRD resultaron ser un cero a la izquierda.
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