lunes, 10 de noviembre de 2014

Peña Nieto del Saving México al Burning México


La barbarie se ha apoderado del país y el momento del Saving México se ha convertido Burning México. En estos días terribles de historias sobre bestialidad, nada sigue siendo tan importante como los cuarenta y tres desaparecidos.

Ni la Casa Blanca de la pareja presidencial, ni los trenes bala, ni las gigantescas reformas, ni las elecciones, ni la economía, ni el presupuesto, ni el carro completo del PRI, ni los moches de los diputados, ni el viaje a China y Australia, nada, nada es tan importante como los cuarenta y tres desaparecidos.

Ni el ya me canse, ni los Abarca, Ni los Chuchos o Bejaranos, ni las decenas de detenidos, ni Aguirre, Navarrete, Aureoles o Barbosa. Nadie es tan urgente como los cuarenta y tres desaparecidos.

Ya no están y sin embargo están presentes. En las calles, en las plazas públicas, en las bombas molotov lanzadas contra palacio nacional. Voces llenas de rabia, voces que crecen en su ira, voces y puños que se levantan en un país de muertos.

México está en las primeras planas y en los editoriales de la prensa mundial, el Times, el Post, el País, ABC, Independent, Le Monde, CNN. El salvajismo mexicano expuesto en grandes titulares y, en reflexiones pasmosas de lo que ocurre en un país que parecía estar en el umbral del primer mundo.

En la prensa global se publicaron las consignas a viva voz y las pintas en muros de EPN fuera, Renuncia Peña. El presidente que presume haber cumplido anda de viaje, lejos de las fosas, lejos del hedor de los cuerpos y muy lejos del reclamo social.

Escuchar la narrativa ministerial de los asesinos despiadados, ha sido como bajar al quinto círculo de los Infiernos de Dante. Escuchar en el silencio, en la oscuridad de la casa la narración de los asesinos deja una sensación de tristeza y desaliento inenarrables.

Matar en México, ejecutar en México es un acto cotidiano pero en Iguala ese acto se transformó en una de las mayores monstruosidades de nuestro tiempo. ¿En qué clase de país pueden formarse asesinos de tal naturaleza?

Ya no están presentes, los mataron, los quemaron, los hicieron añicos hasta quedar polvo, cenizas. Dice que el gobierno que a los cuarenta y tres los mataron, pero la nación ya no se los cree.

El relato criminal es devastador y muestra ejemplar de lo podrido que está el país empezando por sus gobiernos y su clase política. El relato de muerte está en la memoria de la prensa, en las redes sociales, en todos lados. Se puede volver a ver y escuchar cuando convenga recordar que somos un país cuasi cavernario.

Han sido días terribles, van ya para medio centenar en los que lo único que se asoma en el país es el rostro cadavérico de la muerte.

Vivos se los llevaron y muertos los trajeron. Vivos se los llevaron y en cenizas los devolvieron. Vivos se los llevaron y el Estado no pudo, el Estado se cansó.

Todos los días hay marchas, manifestaciones, discursos, consignas, oraciones. Todos los días se renueva el reclamo porque ya sin los cuarenta y tres, los mexicanos exigimos justicia y exigimos un nuevo país, ya no éste que ´parece ser una porquería.

Todos los días hay gritos en las plazas y ante los palacios de gobierno y en las oficinas y cuarteles de la policía porque ya no se puede tolerar más la impunidad.

Los cuarenta y tres están muertos, los mandó matar el Estado. El crimen institucional de un Estado que tiene bandas de sicarios a su servicio. Malditos unos y malditos los otros, los que ordenan y los que ejecutan.

Es momento de qué México de un viraje a su historia, es un tiempo crucial y la sociedad tiene mucho que decir e impulsar. ¿Quién se habría imaginado ver arder la puerta de palacio nacional en el corazón del país?

Sí es posible lograr cambios, lo es si la gente se lo propone, si la sociedad exige y reclama con el puño cerrado. Ya no podemos seguir con instituciones prostituidas en maridaje de corrupción con el crimen.

Ya no hay lugar para el silencio, aunque estos días terribles sean días de luto.

Cormac McCarthy, es un escritor norteamericano, un gigante de las letras y conoce a México. Escribió en su novela Meridiano de Sangre: “En México no hay gobierno. Qué diablos, en México no hay Dios, ni lo habrá nunca. Nos enfrentamos a un pueblo manifiestamente incapacitado para gobernarse ¿Y sabes lo que ocurre con el pueblo que no saber gobernarse? Exacto: que vienen otros y gobiernan por ellos”.

Se trata de una novela que retrata de manera oscura y sangrienta, los conflictos entre forajidos y soldados americanos con caciques y militares mexicanos en tiempos de la posrevolución mexicana en la franja fronteriza. Desde entonces, los militares, gobernadores y rufianes mexicanos, eran de lo más sangriento.

Parece que nada ha cambiado.


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