lunes, 9 de febrero de 2015

Un voto por el amor de Dios

Las campañas electorales resultan odiosas, aborrecibles y en sus peores momentos, se transfiguran en apología de la farsa. Un festín de propaganda, un rosario de promesas, un torrente de retórica.
 
Es cuestión de días sino es que de horas para ver a los candidatos de arriba para abajo, omnipresentes en colonias, sindicatos, ejidos o mercados; siempre obsequiosos, con esa excesiva obsequiosidad de quien quiere quedar bien a toda costa.
Los candidatos a punto del servilismo, movidos por fuerzas inconmensurables soltarán discurso tras discurso y no habrá poder humano que los pare.
Los candidatos aparecerán en el momento menos pensado, así como llegan las desgracias y empezarán a hablar casi soñadoramente y, le pondrán miel a sus palabras para endulzar el oído de sus potenciales votantes.
Luego, sacarán su provisión anual de sonrisas, sacarán del repertorio una variada gama de buenos modales y en tono festivo le preguntarán a la gente ¡Qué puedo hacer por usted? Y luego, los mismos candidatos responderán de inmediato en todo afectado y sensible: a sus órdenes, lo que usted diga.
Miré, dirá un candidato, sé que muchos creen que los políticos no somos gente de fiar, que muchos otros les han empeñado su palabra y no les han cumplido, que vienen por su voto y ya no regresan, pero permítame decirle que conmigo eso no va a ocurrir.
Lo que  me interesa es servir a la sociedad, de estar con ustedes, palpar sus problemas, saber cómo viven, escuchar su voz y darles respuestas. Quiero ser su representante para servirles no para servirme.
Provengo de una familia honorable, comprometida con la gente, honesta, trabajadora. En mis raíces está el amor por mi tierra, mi compromiso es trabajar por ustedes, servirles a toda hora, esforzarme sin detenerme ante la fatiga.
Conozco sus problemas, sé cómo resolverlos, conozco sus sueños y anhelos, sé cómo cristalizarlos, hacerlos realidad.
Así dirán los cientos de candidatos y creerán que todos quedarán conmovidos ante su desinteresado afán por servir a los demás.
Los candidatos saldrán a diario en la prensa, aparecerán sus fotografías con niños en brazos, en amoroso abrazo con la ancianita, de la mano del campesino, comiendo en la fonda con albañiles y peones, rodeado de universitarios o atento a los consejos de los viejos.
Desde muy de mañana, al verse al espejo y relamerse la cabellera se dirán que es cierto, que llegare a ser un funcionario de extraordinaria eficacia, que acabaré con los arribistas, que revolucionaran la administración pública.
Los candidatos verán sus nombres y consignas en los muros de cualquier colonia, se admirarán de su porte en los grandes espectaculares, se escucharán y verán en la radio y la televisión y creerán lo que diga su séquito de aduladores.
Slogans, pronunciamientos, proyectos, propuestas, discursos, debates, mesas de discusión, foros, talleres, convenciones y tal, los candidatos estarán en donde uno menos se imagina con tal de que alguien los vea y escuche. Si les pidieran ir al infierno, irían.
El calendario electoral 2015 en México marca comicios el siete de junio para renovar 300 distritos de mayoría a la cámara de diputados, en tanto que en nueve estados se elegirá a gobernadores, alcaldes y diputados locales.
En San Luis Potosí buscan hueso para gobernador, para 15 diputados de mayoría y doce de representación proporcional, siete diputaciones federales y 58 presidentes municipales. 128 millones de pesos y unos miles más para que los candidatos de todos los partidos financien su menú de fórmulas salvadoras.
En serio, ya vienen las campañas y los candidatos poblarán todo, ocuparán cualquier resquicio imaginable y como es de esperarse ocultarán su verdadero rostro, se pondrán un disfraz de acuerdo con la circunstancia, lo importante será que les vean investidos de nobleza y buenos sentimientos, ya luego podrán enseñar garras y dientes.
Los candidatos soñarán con fervor, ojalá nos lleguen los tiempos de vacas gordas.

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