El
Partido Acción Nacional está roto. Su proceso interno para elegir candidato
a gobernador ha sido una bomba molotov que le ha estallado en la
cara al partido. Acción Nacional mostró su peor rostro, el que lo
emparenta con el viejo PRI del fraude, de la trampa, de la simulación,
de la ambición, de la ilegalidad.
El
triunfo de Sonia Mendoza tiene aroma de derrota. Gana ella, pero el partido
ya perdió. Ha perdido la confianza de sus propios militantes. La
confianza de la sociedad la perdió desde hace seis años con el gobierno
de Marcelo de los Santos y es probable que tarden muchos años en
recuperarla.
La
victoria de Sonia Mendoza es para el Revolucionario Institucional la
mejor de las noticias. La saben candidata débil, limitada. En el
PRI debe haber desde ya sueños, de triunfo con ribete avasallador
para junio próximo: van contra un partido dividido, roto por
dentro y tan enlodado que del blanco de su escudo poco debe
quedar.
quedar.
Una elección bajo sospecha. Una elección llena de dudas. Una elección sucia. Desde la precampaña, Mario Leal Campos denunció la entrega de despensas y la compra de votos y luego, el mismo domingo de la elección adelantó que la impugnaría porque había irregularidades mayores. Luego se reunió con Sonia Mendoza y sus denuncias se le olvidaron.
Antes
del inicio del proceso interno, cuando Octavio Pedroza se retiró de la
lucha por la candidatura, ya apuntaba con actitud crítica que el partido
estaba en manos de un grupo acostumbrado a comprar apoyos. Denunció
con meses de antelación a la jornada del domingo, que un grupo
(el Círculo Azul) controla todo. Ellos definen quien y como se gana.
Desde
hacía meses había dicho lo que Alejandro Zapata dijo tras el conteo
de votos de la segunda vuelta que le dio el triunfo a Sonia Mendoza:
que en el PAN se practica ahora lo que antes se criticaba del PRI,
es decir, el fraude.
El PAN
está en loa peor circunstancia posible. Tiene la mirada de la opinión
pública puesta en su desaseada elección y ésta se encuentra en vías
de entrar en su fase de judicialización. El PAN no solo está dividido
en el sentido retórico y simplista del término. Está roto y no hay
nada que lo pueda unir.
El
mensaje de Alejandro Zapata a través de un video es demoledor. Va contra
el presidente del partido, Héctor Mendizábal Pérez y va contra la
intervención del gobierno del estado. Si Fernando Toranzo habrá pensado
que el PRI podría perder la gubernatura, pero de ocurrir eso no
será con Alejandro Zapata que muy probablemente lo llevaría a él, al
doctor y a varios de sus colaboradores a la cárcel.
Por
eso en el palacio de gobierno están felices. Cuando el doctor deje de ser
gobernador se podrá ir tranquilo. Por eso ganó Sonia Mendoza, destacada
miembro de un grupo habituado a negociar lo que sea, sin límites.
Igual
que a nivel nacional, el partido está roto en dos, dos retazos que
así por separado de poco valen y cuyo potencial electoral es mínimo.
Nunca antes el PAN había trabajado y hecho las cosas con tanta eficiencia
en beneficio del PRI.
Casi
se puede ver ya. La alcaldía de la capital para el PAN y la gubernatura
para el PRI. La mayoría en el legislativo para el PRI y las
migajas para el PAN. Las presidencias municipales importantes y aquellas
como pueblo fantasma para el PAN. Aunque suene absurdo, pero hay
panistas que ahora tienen el control del partido, que eso les parece
genial.
La
impugnación al proceso interno por parte de Zapata representa apenas
el inicio de un calvario para el partido, lo que en su caso, contribuirá
a dañar aún más la deteriorada imagen de un partido que antes,
hace décadas, presumía de la limpieza y legalidad democrática de sus
procesos electivos de candidatos. De unos años para acá, más bien
deberían de avergonzarse.
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